La importancia (relativa) de las notas y cómo nos afectan

9 Dic 2020
Nuestro blog
0 Comment
La importancia (relativa) de las notas y cómo nos afectan

¿Qué importancia tiene realmente sacar buenas notas? ¿Son positivos los aprobados generales? Si eres de los que sufren con un 7, mejor lee esto. 

notas

¿Ser bueno es sacar buenas notas?

Desde pequeños nos orientan a ser buenos estudiantes. Nuestros padres se hinchan como pavos cada vez que llegamos a casa con un diez, los profesores nos felicitan y hasta nuestros abuelos les cuentan a sus vecinos las buenas notas que sacamos. Sacar buenas notas es importante, pero ¿lo es tanto?

Mucho se ha discutido si los exámenes son un sistema justo de evaluación y sobre qué dicen las notas de nuestra capacidad para después desarrollar un trabajo, pero fuera de debates políticos y filosóficos, a veces está bien pararse y ver qué significan realmente para nosotros.

La sociedad ensalza a los buenos estudiantes, pero sacar matrículas de honor no nos hace mejores personas. Las notas tienen valor real porque prueban nuestro aprendizaje, pero cuidado con atribuirles poderes mágicos a unas cifras que no dicen tanto como podría parecer.

¿Hasta qué punto sacar buenas notas es importante?

Eso es lo que tenemos que plantearnos desde que empezamos a estudiar una carrera y la respuesta la debemos encontrar en lo queremos hacer en el futuro y en las ayudas que necesitemos para estudiar (porque también van a influir en las becas).

Si nuestro plan es doctorarnos y buscar trabajo en el mundo académico, entonces sí, las notas son muy importantes. Un expediente brillante nos abrirá el camino. Vamos a sacrificar muchas horas de diversión y ocio, pero con un objetivo muy claro que hará que el esfuerzo no nos suponga tanto y merecerá la pena cuando tengamos el trabajo que queríamos.

También son importantes si lo que buscamos es que nos contraten en una empresa u organización de élite, pero si nuestro objetivo es terminar nuestros estudios, conseguir nuestro eTítulo y trabajar en cualquier entidad pública o privada como la inmensa mayoría de la gente, entonces el expediente académico no es decisivo. Mientras hayamos aprobado todo, nadie se fijará en si fue con un 5 o con un 9.

Las notas no miden nuestra vida

A todos nos gusta sacar una buena nota. Y, además, las notas altas nos motivan a seguir esforzándonos, pero no deberían convertirse en una obsesión ni tampoco deben servir para evaluar nuestras capacidades o nuestra inteligencia. A veces, una nota mediocre indica que no hemos estudiado lo suficiente, que no estudiamos con la técnica apropiada o que no se nos da bien una asignatura; pero otras, lo que indican es que nos cuesta concentrarnos por problemas personales, que no contamos con un espacio adecuado para estudiar, que no tenemos las mismas facilidades económicas que otros, que nos falta apoyo, etc.

Es lógico y bueno que nos importen las notas, pero no deben convertirse en una forma de juzgar nuestra propia valía como seres humanos ni la de los demás.

Docentes objetivos y docentes que no lo son

La mayoría de nuestros profesores siguen una serie de criterios objetivos para evaluar nuestro rendimiento académico. Trabajos, exámenes, participación, asistencia…; todo eso se evalúa y se hace la nota.

Otros profesores (los menos, afortunadamente) se guían por lo bien o lo mal que les caiga un alumno, por diferencias ideológicas, por prejuicios, por abuso de poder…; esas son las notas que debemos reclamar sin duda y a las que sí debemos dar importancia.

Aprobados generales

Las únicas personas que se alegran de un aprobado general en la universidad son aquellas que no se han esforzado nada y los profesores que las ponen.

Podemos cuestionar el sistema de evaluación mil veces y hablar de las dificultades que sufren los estudiantes menos favorecidos o de cómo un sistema así contribuye a la efímera memorización de datos en lugar de a la comprensión profunda de la materia o cómo los jóvenes sufren elevadas dosis de estrés y ansiedad durante toda su carrera, pero la forma de cambiar esto no es aprobando a todo el mundo en una o dos asignaturas.

Hacer esto sin cambiar el resto del sistema supone un agravio comparativo para las personas que sí se han esforzado y puede crear una visión mermada de la valía o utilidad de la materia que se ha estudiado.

No hay que perder de vista el objetivo

En resumen, sacar buenas notas importa, sí. Importa porque las entendemos como un reconocimiento a nuestro esfuerzo, porque pueden abrirnos las mejores puertas para conseguir el futuro con el que soñamos. Importan porque pueden darnos acceso a las becas, porque nos permitirán elegir antes que otros dónde hacemos las prácticas o seleccionar los mejores departamentos y tutores para nuestro trabajo de fin de grado. Importan porque nos facilitarán el acceso a los estudios de posgrado.

Pero si tenemos unas notas algo menos brillantes, también podremos conseguir un buen empleo, una beca, podremos hacer igualmente las prácticas de la carrera, nuestro TFG con un buen tutor y acceder a la enseñanza de posgrado.

Y cuidado con dar a las malas notas el poder de destrozar nuestra autoestima, de desmotivarnos a la hora de seguir con nuestros estudios, de etiquetarnos como malos estudiantes o personas con poca capacidad.

La vida de estudiante es una burbuja en la que todo el proceso parece cobrar una importancia tremenda para nuestro futuro y, cuando la burbuja se pincha, la realidad laboral y personal nos demuestra que realmente no era así: que las personas, sus capacidades y su valía no pueden medirse en frías cifras, que somos mucho más que una evaluación de terceros.

Estudiar es duro y es maravilloso. Y abre caminos en nuestra mente y nos conecta con el mundo y sus culturas. Pero si estudiamos para las notas y no para aprender, nos estamos equivocando del todo.

Escrito por  root

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *