¿Lees poco? Aquí te decimos cómo leer más
12 Sep 2019

¿Lees poco? Aquí te decimos cómo leer más

Tener hábito de lectura no solo es necesario para cualquier persona que quiera tener una vida feliz, sino que es esencial para un estudiante universitario.

hábito de lectura

Hábito de lectura

¿Aún no has desarrollado un hábito de lectura y ya estás en la universidad? Pues tenemos una buena y una mala noticia para ti:

La buena noticia es que desarrollar un hábito de lectura es facilísimo y tremendamente gratificante.

La mala noticia es que cuando le cojas el gusto a leer, te vas a arrepentir mucho de haber perdido tantos años sin hacerlo.

Como ya hemos hablado varias veces de la importancia de leer,  hemos recomendado lecturas y hemos hablado de por qué leer es apasionante, no vamos a repetirnos. Lo que vamos a ver ahora es, concretamente, cómo desarrollar un hábito de lectura.

El primer paso es la elección

No te conformes con cualquier cosa. Es importante que elijas algo apropiado para ti en muchos sentidos:

  1. Si no lees prácticamente nunca o te limitas a leer lo que se comparte en las RRSS, empieza por algo sencillo y breve. Busca una novela juvenil de fantasía, romántica o de aventuras. Si te va el terror, el suspense o el género policíaco también tendrás muchas novelas divertidísimas para elegir. Busca algo que trate sobre un tema que sepas que te va a gustar pensando en las películas que más te divierten.
  2. No empieces nunca por clásicos o ensayos porque esos requieren algo más de aguante. Los bestsellers son para todos los públicos y casi todos los niveles; así que empieza por ahí.
  3. No te compres una novela gigantesca. Cuando un lector habitual se enfrenta a una novela de 2500 páginas de un autor que le gusta, se emociona. Pero si no tienes hábito de lectura, un libro del tamaño (y peso) de un ladrillo, puede desanimarte. Busca cosas algo más ligeras.
  4. Las sagas pueden ser grandes aliadas para desarrollar un hábito de lectura. Si ves una novela de tu gusto que además tiene cuatro o cinco secuelas, no lo pienses: de aquí a que te termines la historia ya serás un lector empedernido.

Si aún no te has decidido, puedes hacer este test a ver si te ayuda.

El segundo paso es encontrar el momento

«No leo porque no tengo tiempo» es una excusa que nos contamos todos para sentirnos mejor. Si realmente no tienes tiempo, ¿cómo es que te has visto las 8 temporadas de Juego de Tronos? (y hablando de sagas de literatura…, esta no es la mejor para comenzar a adquirir un hábito. Para que nos entendamos, esta es más para nivel intermedio que para principiantes). No decimos que tengas que dejar de hacer una cosa que te gusta, sino que cuando a uno le gusta hacer algo, encuentra tiempo para hacerlo.

Acostúmbrate a leer antes de dormir, en el transporte público, en esa hora que queda libre entre dos clases, en la biblioteca, en un parque… Todo suena muy bucólico, pero la realidad es que, salvo que estés en soledad y tranquilo, leer en un sitio público tiene su dificultad: vas en el bus y un niño chilla mientras corre por el pasillo, su padre le chilla a él desde el asiento delantero, el que se sienta a tu lado apesta a chorizo y, al fondo, un chaval que desconoce el invento de los auriculares decide amenizar el viaje de todos con una música horrible que sale de su teléfono. Te sientas en la biblioteca y hay 50 estudiantes más de aquí para allá preparando exámenes, aporreando las teclas de los ordenadores como si trataran de sonsacarles algo y se levantan cada cinco minutos arrastrando las sillas. Decides ir a un parque y…, ¡llegó el otoño! O llueve, o hace frío o el viento lee más rápido que tú y trata de pasar las páginas a su aire.

No te preocupes: si no tienes la capacidad de concentración de un faquir, unos tapones para los oídos serán tu mejor aliado. Lo importante es que encuentres un lugar en el que estés cómodo y que lo hagas cada día o, al menos 5 días a la semana.

En realidad, una vez que empieces y si la novela te gusta, lo difícil será parar.

El tercer paso es ritualizar la lectura

Tienes tu libro, tu lugar predilecto y un periodo de tiempo por delante. Ahora es el momento de convertir esta actividad en un ritual. ¿Por qué? Porque leer nos hace sentir bien, nos ayuda a evadirnos de los problemas y a controlar el estrés, es bueno para nuestro cerebro, para sacar con éxito nuestro eTítulo, aumenta nuestra concentración, hace que hagamos sinapsis neuronales, potencia nuestra imaginación y nuestra creatividad, aumenta nuestro vocabulario y nuestra cultura, nos enseña a redactar mejor, previene el deterioro cognitivo… y un sinfín más de ventajas sin ningún inconveniente, así que, cuanto antes tengamos un hábito de lectura, mejor para nosotros.

El ser humano es un animal de costumbres y rituales. Si nos acostumbramos a hacer algo de una manera, es posible que sigamos haciéndolo así el resto de nuestra vida; por lo tanto, solo tienes que esforzarte un poco al principio y verás como luego no puedes vivir sin ello.

Asocia tu momento de leer a cosas placenteras. Prepárate un té o un café, ponte algo cómodo, apaga el teléfono o quítale el sonido y disponte a disfrutar. Cuando te habitúes, en vez de preparar todo como si fueses a tener una cita romántica con tu libro, lo tratarás como a un amante apasionado con el que estarás dispuesto a un «aquí te pillo aquí te mato» en cuanto tengas dos minutos libres, pero, como en toda relación, cuidar los comienzos es importante.

Habilidades sociales para estudiantes universitarios
7 Sep 2019

Habilidades sociales para estudiantes universitarios

¿Empiezas una carrera?, ¿quieres hacer amigos rápidamente o llevarte bien con tus profesores? Pues pon en práctica tus habilidades sociales.

habilidades sociales

Inicios y nervios

Al empezar una carrera es lógico que sintamos cierta ansiedad. Aunque estemos contentos con el grado que vamos a cursar o nos hayan aceptado en la facultad que queríamos, será una época de grandes cambios en nuestra vida.

Dejamos atrás la sencilla rutina del instituto y entramos en las ligas mayores y, a veces, la universidad impone. Bien sea por la solemne antigüedad de los edificios, bien por los enormes campus ultramodernos, por sus estatuas o su tecnología, en el momento que entramos por primera vez en nuestra facultad percibimos claramente que las cosas han cambiado.

Vamos a tratar con gente nueva e incluso algunos viviremos en ciudades nuevas en las que no conoceremos a nadie y los profesores de universidad no se parecen en nada a los profesores de instituto. Si no nos creéis, esperad a recibir la primera clase de una catedrática de cualquier materia, que es una eminencia a nivel internacional y que os trata de usted. Hay gente que sin decirnos nada, consigue por fin que nos sentemos en clase con la espalda recta. Si todo esto no nos pone algo nerviosos, entonces es que somos de goma.

Lo cierto es que, pasado el susto inicial, las universidades son como cualquier otro centro de estudios y, poco a poco, aprendemos a relajarnos y a entender su idiosincrasia.

Cuidar la primera impresión

Todos lo sabemos: la primera impresión que damos es importante y, si queremos entrar con buen pie y facilitarnos el camino, hay ciertas habilidades sociales que debemos trabajar. No se trata de convertirnos en personas que no somos, se trata de entrenar algunas herramientas que van a sernos de gran utilidad a lo largo de toda nuestra vida, ¿qué mejor momento para practicar y aprender cosas nuevas que al comienzo de nuestra carrera?

Habilidades sociales

Las habilidades sociales no son algo desconocido o difícil de aprender. Lo cierto es que llevamos usándolas con mayor o menor tino durante toda nuestra vida. El psicopedagogo, escritor y profesor universitario de la UNED Juan Vaello Orts define las habilidades sociales como «el conjunto de capacidades para emitir conductas eficaces en situaciones interpersonales con la finalidad de obtener respuestas gratificantes de los demás. El carácter plural del término indica que se trata de un concepto que engloba destrezas específicas aplicables a diferentes situaciones de intercambio social».

Por lo tanto, lo que debemos entender es que no nacemos con estas  destrezas, sino que las vamos adquiriendo y perfeccionando con el tiempo y que cualquiera, por muy tímido que sea o por muy mal que se le dé solucionar conflictos, puede entrenar sus habilidades sociales y obtener grandes beneficios personales.

Habilidades sociales básicas

Algunas de estas herramientas nos las han enseñado desde pequeños de forma reiterada: pedir las cosas por favor y dar las gracias, saludar con cortesía, presentarnos adecuadamente y presentar a otros, comer siguiendo ciertos protocolos, escuchar lo que se nos dice, hacer preguntas…

Son modos de comportamiento básico que facilitan la convivencia en sociedad. Pero hay algunas habilidades sociales que no son tan sencillas.

Iniciar una conversación, por ejemplo, puede ser fácil para algunas personas y un auténtico infierno para otras. Si somos del segundo grupo, trabajar en esa característica nos irá genial para hacer amigos con mayor facilidad o sentirnos más cómodos en actividades grupales.

Con ensayar algunas fórmulas básicas y practicarlas en nuestro día a día, enseguida veremos que nos irá saliendo de forma natural.

Habilidades sociales complejas

Otras habilidades sociales requieren de un trabajo algo más profundo e introspectivo. Hablamos de la asertividad, la capacidad para negociar, la capacidad para escuchar con atención y entender qué siente y qué quiere trasmitir nuestro interlocutor, la capacidad de empatía, la inteligencia emocional, el comunicar nuestros sentimientos de forma adecuada, el control gestual, la capacidad para reconocer y respetar nuestros derechos y los de los demás…

Estas habilidades sociales pueden resultarnos, a priori, algo difíciles, pero la realidad es que la mayoría de ellas están de alguna manera interconectadas y podemos entrenarlas a la vez sin demasiado esfuerzo.

Llegamos paso a paso a la edad adulta y debemos empezar a prestar más atención a nuestra forma de actuar. Debemos analizar nuestro comportamiento y esforzarnos por cambiar aquellas cosas que no nos gusten de nosotros mismos, pero también (y más importante), una vez dejada atrás la convulsa adolescencia, debemos empezar a mirar a los demás; a entender cómo se sienten, a evaluar sus dificultades, a respetar sus puntos de vista. Debemos aprender a disculparnos cuando herimos a los demás, a prestar atención a las palabras y gestos de otros para saber cómo podemos ayudarlos. Debemos encaminarnos a ser las personas que vamos a querer ser, y las habilidades sociales nos van a ayudar a conseguirlo.

Lo genial de todo esto es que son recíprocas y cuanto mejor desarrollemos nuestras habilidades sociales, mejor nos tratarán los demás, más amigos haremos, menos problemas tendremos (o mejor los solucionaremos) y más éxito alcanzaremos. ¿No es estupendo?

Empieza ahora un recorrido maravilloso desde nuestro primer año de estudios hasta que nos graduemos y tengamos en nuestras manos el soñado  eTítulo universitario. Es el mejor momento para crecer.

Estudiar para aprobar o estudiar para aprender, esa es la cuestión
29 Ago 2019

Estudiar para aprobar o estudiar para aprender, esa es la cuestión

Estudiar para aprobar y estudiar para aprender son cosas muy distintas. La clave del éxito está en compaginar ambas técnicas de estudio.

ESTUDIAR PARA APROBAR

A todos nos pasa

Todo universitario que se precie conoce esa extraña sensación de haber aprobado un examen con buena nota para darse cuenta al poco tiempo de que no se acuerda prácticamente de nada de lo que estudió. ¿Cómo se llamaba el autor de la teoría esa?, nos preguntamos extrañados cuando intentamos sacarlo a colación unos meses después de haberlo estudiado a conciencia. ¿Qué decía aquella definición tan sencilla?

Incluso es normal,  cuando ya llevamos estudiando varios años, que al repasar temarios antiguos nos demos cuenta de que hay asignaturas completas que, misteriosamente, se han borrado de nuestra memoria.

Eso es porque no las estudiamos para aprender, sino para aprobar.

Inseguridad

Puede que estas lagunas nos causen cierta desazón, sobre todo a la hora de enfrentarnos al mundo laboral. Tenemos por fin nuestro eTítulo, pero sentimos que no tenemos ni idea acerca de cuestiones en las que se supone que deberíamos ser expertos. Bueno, no hay que preocuparse demasiado: esto nos pasa a todos. Nuestra memoria es selectiva porque el cerebro no es un disco duro infinito y nuestros recuerdos se organizan jerárquicamente en función de intereses muy prácticos para el funcionamiento cerebral pero, en ocasiones, poco relacionados con nuestros intereses personales.

De todas formas, llegada esta situación, no debemos preocuparnos: podemos repasar las materias que sean útiles para desarrollar nuestro trabajo y así no se nos olvidarán. ¿Por qué?, porque las pondremos en práctica.

Olvidamos lo que no practicamos

Si nos acordáramos de todo, la vida sería un tormento y apenas podríamos construir un relato coherente sin hacer cientos de referencias secundarias. Cada pesadilla, cada visita al baño, cada dolor de cabeza, cada beso, cada palabra de cada libro…, todo, absolutamente todo, quedaría registrado como si fuésemos grabadoras. Obviamente, tampoco tendríamos amigos.

Lo importante es que sepamos buscar las fuentes de información, que tengamos la curiosidad para ampliarlas y que sepamos que cuanto más pongamos en práctica un conocimiento que hemos adquirido, más sencillo será recordarlo. Esto es estudiar para aprender. Si todos los días usamos un programa informático para trabajar, difícilmente llegaremos un lunes sin saber usarlo; así de simple.

Tipos de memoria

Hay personas que recuerdan caras, mapas, gráficos, el orden de las palabras en un texto o cualquier imagen de forma automática. Son personas con facilidad para la memoria visual.

También hay personas capaces de identificar voces fácilmente o de encontrar un riff de guitarra similar en dos canciones distintas. Tienen facilidad para la memoria auditiva.

Según nos hayamos educado, según el uso que le hayamos dado a nuestros conocimientos, habremos desarrollado más facilidad para recordar imágenes, sonidos, emociones, olores…, pero, aun así, los tipos de memoria que tenemos son dos: memoria a corto plazo y a largo plazo.

Lo que es importante saber es que la memoria es entrenable, así que se puede mejorar.

Técnicas de estudio

Como decíamos, no es lo mismo estudiar para aprobar que estudiar para aprender y es importante tenerlo en cuenta mientras estudiamos nuestra carrera. Hay técnicas de estudio muy buenas para memorizar rápidamente (como la mnemotecnia o los mapas mentales) pero, a pesar de que incluso años después podamos recordar las chorradas que inventamos para aprendernos, por ejemplo, la tabla periódica, el aprendizaje es algo distinto.

Estudiar para aprobar es relativamente fácil: solo debemos aplicar las mejores técnicas de estudio y ser capaces de repetir el temario unas pocas horas después de haberlo leído.

Estudiar para aprender requiere más esfuerzo. Requiere que hagamos inferencias, que seamos capaces de aplicar (y no solo repetir como un loro) ciertos conceptos a temáticas diferentes. Requiere razonamiento. Requiere pensar. Requiere poner interés y pasión en lo que hacemos.

La diferencia entre un estudiante brillante, que será un profesional brillante después, y otro del montón es precisamente eso: que el primero ha sido capaz de, al menos en ciertas materias, estudiar para aprender.

Las prisas de estudiar para aprobar

El tiempo que tardamos en preparar un examen depende básicamente de las capacidades de memorización y atención de cada uno (y otros factores como que hayamos atendido en clase, la calidad de nuestros apuntes, la capacidad lectora, la comprensión de textos, la suerte en las preguntas, etc.) y la temporada de exámenes, con su tiempo limitado, el estrés que supone y la falta de sueño no es el mejor momento para tratar de estudiar para aprender. Aquí hay que memorizar.

Estudiar para aprender requiere tiempo e interés. Y si no lo hemos puesto en práctica hasta ahora, siempre hay tiempo: solo debemos aplicar unas sencillas técnicas.

Técnicas de estudio para aprender

1. Interésate por tu carrera

Es importante que conviertas tus estudios en un hobby. Esto es sencillo cuando hemos elegido una carrera de forma vocacional y bastante más difícil cuando no nos gusta la carrera que estamos cursando, pero todo está en la actitud. Solo hay que buscar aquello que nos emociona y entender el resto de cosas molestas (asignaturas infumables, profesores horribles, horarios molestos…) como herramientas útiles para conseguir un fin. Si hay algo que nos apasiona, todo será más sencillo. Esfuérzate por encontrarlo y convertirlo en el centro de tu aprendizaje.

2. Actualiza tus conocimientos

Ponte al día. Busca los nuevos estudios que se están haciendo en tu campo, mira qué corrientes se han ido descartando y cuáles son las más novedosas. Mira las noticias, lee periódicos, infórmate de todo lo que pueda interesar a tu campo de estudio y acude a conferencias y charlas. Aprenderás cosas nuevas y harás networking.

3. Discute y argumenta

Charla con otros estudiantes y profesionales de tu sector y comparte tus pensamientos. Acostúmbrate a debatir y a argumentar tus ideas y verás cómo te resulta muy enriquecedor poder discutirlas y aprender de las de los demás.

4. Aplica tus conocimientos en otros campos

Usa tu creatividad para pensar en cómo podría aplicarse lo que estás estudiando a cuestiones que, en principio, no tienen ninguna relación. Entrena tu mente para resolver problemas aplicando conocimientos antiguos o buscando crear nuevas teorías. Con un poco de práctica te saldrá de manera automática.

5. Lee mucho

No solo los libros recomendados y artículos académicos, sino también usando la técnica de la bola de nieve: una lectura te llevará a otra y esta a otra y así sucesivamente. Revisa bibliografías, notas al pie y cualquier otra referencia interesante para encontrar nuevas lecturas apasionantes.

Si consigues hacer todo esto (que no es tanto como parece una vez que lo incluyas en tus rutinas) con, al menos, un grupo de materias relacionadas, no solo encontrarás un placer enorme en estudiar, sino que además vas a destacar muchísimo, te será muy fácil encontrar trabajo y, aún más importe, disfrutarás haciendo lo que haces y serás más feliz.

¡Buen aprendizaje a tod@s!

El nuevo curso académico se acerca: prepárate
23 Ago 2019

El nuevo curso académico se acerca: prepárate

No queremos ser aguafiestas, pero el nuevo curso académico está a punto de comenzar. ¿Quieres empezarlo (y terminarlo) con buen pie? Sigue estos consejos:

Tanto si es tu primer año de carrera como si es el último, nunca es tarde para adquirir una serie de rutinas que te convertirán en un estudiante brillante y harán tu vida más fácil. Solo hay que poner un poco de voluntad al principio y ya verás como luego te salen de forma natural.

nuevo curso

1. Lleva los apuntes al día y organízalos

Tomar unos buenos apuntes en clase es imprescindible para saber no solo el temario de la asignatura, sino a qué da más importancia el profesor y, por lo tanto, en qué debes hacer hincapié a la hora de estudiar los exámenes. Pero no basta con tomar los apuntes en folios sueltos y luego perderlos por ahí; debes tenerlos bien organizados o pasarlos a limpio con regularidad, lo que te servirá para repasar y reducirá mucho tu tiempo de estudio cuando lleguen los exámenes.

2. No hagas pellas

Asistir a clase es importantísimo para facilitarnos el estudio. Tanto si el profesor pasa lista como si no, hay que ir a clase y dejar las pellas para momentos muy concretos que realmente merezcan la pena. Además, faltar a clase crea adicción; si empiezas a no ir a esa asignatura que no te gusta, acabarás por no ir nunca. Cuando comience el nuevo curso, oblígate a asistir y verás que poco a poco te resulta más llevadero.

3. Acude a conferencias, charlas y congresos

No solo amplían tus conocimientos y te facilitan temas para lucirte en los exámenes o hacer trabajos, sino que además los profesores valorarán mucho tu interés y lo tendrán en cuenta a la hora de poner las notas. Aunque te dé pereza, asistir a congresos y conferencias te dará una motivación extra para continuar tu carrera y te conseguirá buenos contactos para el futuro.

4. Lleva una agenda bien organizada

Todos empezamos el año con agendas relucientes llenas de buenas intenciones que, tras un mes, se quedan olvidadas en el fondo del cajón o en la nube. Si quieres organizarte bien, calcular tu tiempo de estudio con realismo y no perderte ninguna actividad importante, este año mantén tu agenda cerca (o en la primera pantalla del teléfono) y escribe en ella a diario. Nuevo curso, vida nueva; no pierdas la fe en ti mismo solo porque otros años no te hayas organizado bien. Si te acostumbras a apuntar todo, luego no podrás pasar sin hacerlo.

5. Participa en clase

Vence por fin la timidez y participa en clase. No se trata de que te pongas a contar anécdotas personales que solo te interesan a ti, sino de que expongas tus dudas, hagas preguntas relacionadas con el tema o participes en los debates. Si quieres demostrar interés, que los profesores se queden con tu cara y sean magnánimos con las notas, esta es sin duda la mejor manera de conseguirlo, y el inicio del nuevo curso es el momento ideal para ponerlo en práctica.

6. Presenta trabajos obligatorios y extraordinarios

Sí, hay veces que los trabajos pueden saturarnos incluso más que los exámenes, pero si quieres mejorar tus notas este nuevo curso no queda otra opción. Si has pensado en pedir evaluación única para librarte de tener que hacer tantos trabajos, reconsidéralo. Aunque sean pesados de hacer, pueden subirte mucho la nota, sobre todo los voluntarios.

7. No dejes todo para el último día

Esta es la canción que resuena constantemente en la cabeza de todo estudiante medio y a la que no se le suele hacer ni caso. Pues bien, con el comienzo del nuevo curso ha llegado el momento de cambiar y dejar de vaguear. Con unas buenas pautas de organización y un poco de voluntad, dejar de procrastinar es posible (y más fácil de lo que parece).

8. Trabaja tu marca personal

Si quieres destacar de verdad y no solo en clase, el nuevo curso es el momento ideal para trabajar tu marca personal, que será esencial para diferenciarte del resto y labrarte un futuro a tu medida. Empieza ya.

9. Lecturas recomendadas

Cuando un profesor recomienda un libro o un artículo académico no lo hace por rellenar sus horas de clase con algún tema del que hablar, lo hace porque de verdad considera que esa lectura es importante para la formación de sus alumnos. Hazle caso. Ampliar tus conocimientos te servirá para implicarte e interesarte más en lo que será tu profesión, para bordar los exámenes, para hacer trabajos realmente buenos y, por supuesto, para destacar entre tus compañeros. Si te ganas a los profesores en este nuevo curso (no por peloteo, sino por tu esfuerzo), verás como tus notas se disparan.

10. Implícate

Sí, puede que, una vez empezada, tu carrera no sea todo lo que soñaste, pero ¿hay algo que sea perfecto? Como en todo, habrá cosas que te gusten más y otras que te gusten menos, gente que te caiga mejor y otra peor, profesores buenos y profesores malísimos. Al final, el grado en el que disfrutas o no de tus estudios depende esencialmente de ti y cuanto más te impliques y te intereses, más te gustará y más lo disfrutarás. El esfuerzo invertido es directamente proporcional al grado en que disfrutas y te sientes gratificado, no lo olvides. Empieza el nuevo curso poniendo interés y antes de que te des cuenta tendrás tu eTítulo en tus manos.

¿Quieres solicitar una beca? Te explicamos qué hacer
15 Ago 2019

¿Quieres solicitar una beca? Te explicamos qué hacer

La cantidad de burocracia que hay que hacer a veces para solicitar una beca puede ser desalentadora, pero no si sabes cómo hacerlo.

beca

Lo primero, infórmate bien

Debes conocer qué becas están a tu alcance, tanto las que provengan del Ministerio de Educación como aquellas propias de la universidad o incluso de otras entidades privadas. Hay becas para pagar la matrícula, otras de movilidad, de residencia o incluso de material escolar, así que mira cuáles te interesan y lee bien las bases para ver a cuáles podrías acceder. Aquí tienes los requisitos de la beca MEC. Es importante que tengas en cuenta que estas ayudas se dan a personas con una media de notas establecida (en España por encima del 6´5 para la beca completa del Ministerio), que se matriculen en un mínimo de créditos y con unos ingresos de moderados a bajos, así que, aunque tú estés un poco pelado de pasta, si tus padres tienen tres casas y cuatro cochazos no te la darán (si lo tienen declarado legalmente, claro). Otra posibilidad es declararte unidad familiar por ti mismo, pero tendrás que demostrar que tienes unos ingresos (bajos) que no provienen de tus padres, un contrato de alquiler a tu nombre, etc.

No estás solo

Solicitar la beca tiene sus trucos, así que no te olvides de acudir al servicio de becas de tu universidad para que te asesoren bien de todos los trámites que tendrás que realizar. En las oficinas hay gente especializada en estos trámites que te dirá, según tus ingresos y demás, qué puedes solicitar y cómo hacerlo, además de indicarte qué hacer para (si dieras el perfil) conseguir las cuantías más altas; ¡no desaproveches ese conocimiento tan valioso! En estas oficinas pueden hacerte directamente el trámite si acudes allí con toda la documentación necesaria. Así, te evitarás enloquecer pensando si has rellenado bien los formularios, porque son bastante confusos.

Ordena tus preferencias

Como es lógico, la beca de mayor cuantía será la más interesante, con lo que empieza a ordenarlas teniendo en cuenta que unas anulan a otras. Si pides la beca del Ministerio, no te concederán la de la universidad y viceversa, por eso asegúrate de ir haciendo las cosas por orden y rechazando las ayudas menos interesantes.

Los tiempos de solicitud a veces se solapan un poco, por lo que debes estar muy pendiente de hacerlo bien para que no te denieguen una porque te hayan concedido otra. Mira también qué becas pueden obtenerse de forma conjunta. Está claro que no te darán la MEC y al mismo tiempo la de la universidad, pero puede que sí te den alguna de las anteriores y la de residencia.

El tiempo es importante

Haz un calendario con los plazos de cada beca, tanto de presentación como de reclamaciones. De este modo, irás entregando todo en su momento y no perderás buenas oportunidades por un despiste. Piensa, además, que millones de alumnos están haciendo el mismo trámite a la vez, así que cuanto antes pidas tu beca, antes te dirán cuál es la resolución y podrás rechazar las demás o pasar a la siguiente.

Reúne toda la documentación y ponte a trabajar

Para casi todas las becas te van a pedir las mismas cosas y si, como la mayoría de estudiantes, dependes de tus padres, tendrás que solicitarles que te proporcionen un documento de Hacienda donde se vea su declaración del año anterior y algunos impresos más si tienen un negocio propio. Dependiendo del dinero que haya en la familia, se determinará no solo si tienes derecho a beca, sino también cuál será la cuantía (fija y variable) que te corresponde. Cuanto antes consigas toda esa documentación, antes podrás empezar a hacer los trámites necesarios para tu beca, así que ve diciéndoles a tus padres que se pongan las pilas.

La larga espera

Una vez realizada la tramitación, debes estar muy atento a la resolución y, en el caso de que fuese negativa, aprovechar el plazo que dan (normalmente un mes) para hacer las alegaciones necesarias y que se revise tu solicitud. A veces, la denegación ocurre porque algo no se ha cumplimentado debidamente o porque falta alguna cosa que aportar. Puede que al segundo intento te den la beca, por lo que no la des por perdida a la primera negativa.

Conseguir un eTítulo universitario no debería ser gravoso ni para ti ni para tu familia, así que aprovecha las ayudas aunque te dé pereza hacer los trámites. ¡Cuando lleguen los ingresos te alegrarás mucho de haber pedido la beca!