10 tips para mantener una buena salud mental al estudiar
10 Oct 2021

10 tips para mantener una buena salud mental al estudiar

Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, os contamos cómo cuidarnos para que el estrés de estudiar y los problemas personales nos afecten lo menos posible.

salud mental

Algunos datos molestos

La salud mental de los jóvenes se ha ignorado por completo como si fuesen inmunes a todo. La covid y sus consecuencias han mostrado claramente que no es así.

Durante la pandemia, las tasas de ansiedad y depresión han aumentado considerablemente (ambas condiciones, estrechamente relacionadas con el suicidio). De hecho, según los datos que maneja el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, las autolesiones y tentativas de suicidio en población infantil y juvenil han aumentado un 250 % en este periodo y, en consecuencia, el suicidio es hoy la primera causa de muerte no natural entre jóvenes de 15 a 29 años.

A nivel mundial, cada 2 segundos alguien intenta suicidarse y cada 40 una persona lo consigue, lo que representa unos 2000 suicidios al día, pero, según la OMS, estos datos no se acercan a la realidad, porque entre el 10 y el 30 % de ellos no se contabilizan y solo 60 países aportan datos fiables.

También según la OMS, hay al año unos 600.000 suicidios de jóvenes entre los 14 y los 28 años y el 50 % de ellos están directamente relacionados con el bullying.

Como decíamos, el problema de la pandemia ha agravado aun más la situación, a la vez que ha impedido el acceso a los normalmente escasos servicios de salud mental. Por todo esto, debemos exigir a nuestros gobernantes una mejor atención en este ámbito, con más profesionales contratados en los servicios públicos de salud, que garanticen el acceso a personas de cualquier nivel económico.

Y mientras esto se consigue, también nosotros podemos poner de nuestra parte para cuidarnos y gozar de una buena salud mental. Os contamos cómo:

1. Tiempo para nosotros

No todo es estudiar para sacar el eTítulo universitario, ir a clase y salir de juerga. También es bueno dedicar algo de tiempo para nosotros, para cultivar un hobby, aprender algo que nos apetezca, dibujar, leer…

Cuando nos dedicamos tiempo, nos cuidamos y facilitamos ese diálogo interior que nos dice realmente quiénes somos y qué queremos.

2. Ejercicio regular

Mover el cuerpo es importante para la mente. No solo porque mejoraremos nuestra forma física y nuestra autoestima, sino porque estaremos más sanos en general y nos sentiremos más felices gracias a las hormonas que segrega el cerebro cuando nos ejercitamos, como la serotonina, la dopamina y las endorfinas.

3. Dormir importa

El sueño es muy importante para nuestra salud mental y nuestro estado de ánimo y, por eso, necesitamos descansar un mínimo de 8 horas al día. De hecho, dormir poco o mal puede causar depresión a largo plazo. Y no vale solo con dormir 8 horas en cualquier momento, sino que debemos establecer unos horarios regulares de sueño para que realmente sintamos sus beneficios.

4. Comer bien

Alimentarse correctamente es, aunque no lo parezca, importante para nuestra salud mental. De hecho, la falta de determinados nutrientes puede contribuir a la aparición de determinados trastornos mentales. Una dieta equilibrada mejorará nuestra concentración, reducirá el estrés y nos dará energía.

5. Animales sociales

La Constitución de la Organización Mundial de la Salud dice que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Los humanos somos animales sociales y, por eso, relacionarnos con los demás es importantísimo (algo que la pandemia ha dificultado mucho). Pero no vale con relacionarse sin más: si queremos cuidar nuestra salud mental, lo que debemos cultivar son las relaciones sanas que nos aporten bienestar y nos hagan crecer como personas.

6. Orden y rutinas

Mantener un orden a nuestro alrededor y unas rutinas fijas también ordena nuestra mente; además, nos enseña a priorizar, tener claros los objetivos que seguimos y no acumular trabajo o abarcar más de lo que podemos, ya que esto aumenta nuestros niveles de estrés y ansiedad.

7. Mente positiva

Es muy importante para nuestra salud mental que aprendamos a condicionarnos para tener pensamientos positivos. No se trata de ser un eslogan de la felicidad andante, sino de ver el lado bueno de las cosas y analizar los baches como una oportunidad de aprendizaje y autoconocimiento.

8. Gestión de emociones

Aprender a gestionar nuestras emociones va a facilitarnos mucho la vida y, además, va a incidir muy positivamente en nuestra salud mental. Saber aceptar, entender y comunicar nuestras emociones nos ayudará a no guardarnos las preocupaciones para nosotros, que luego se «hagan bola» y nos encontremos con un problema mayor. Tanto lo malo como lo bueno hay que saber compartirlo y relativizarlo.

9. Dar las gracias

La vida es complicada a cualquier edad y nadie se va a librar de sufrir situaciones dramáticas o difíciles. El truco para sobrellevar la adversidad es entender estas dificultades como las «pantallas que hay que pasar para seguir jugando» y ser  consientes a diario de la otra cara de la moneda, es decir, de todas las cosas maravillosas que tiene la vida. Si nos sentimos agradecidos por todas ellas y las rememoramos cada poco, será muy difícil que nos invadan sentimientos negativos recurrentes.

10. Reconocer los problemas y buscar ayuda

Ya basta de tratar la enfermedad mental como un tabú. La mente es parte del cuerpo y, como este, puede enfermar. No es algo raro, no es algo bochornoso; de hecho, lo normal es que, a lo largo de nuestra vida, todas las personas experimentemos algún episodio relacionado con la salud mental y no hay que esconderlo ni avergonzarse. Lo que hay que hacer es buscar ayuda. Igual que vamos al médico cuando tenemos anginas, lo mismo debemos hacer cuando nos sentimos mal anímicamente. Esa es la manera de recuperarse y de poder seguir con nuestras vidas.

Como mejorar la relación con nuestros padres
3 Oct 2021

Como mejorar la relación con nuestros padres

En el mejor de los casos habrá etapas en nuestra vida en la que nuestros padres nos traerán de cabeza y, cuanto menos duren esas etapas, mejor para todos.

padres

Conflictos del día a día

Para empezar, hay que decir que los conflictos no son malos. Lo que es malo es no solucionarlos y que se enquisten. Y también no saber comunicar lo que queremos y pasarnos el tiempo acumulando broncas.

Dicho esto, estudiar es, casi siempre, un foco de conflicto con nuestros padres. Bien porque quieren que estudiemos el grado que ellos consideran mejor para nuestro futuro, bien porque nuestras notas no los satisfacen, bien porque no entienden nuestras necesidades en época de exámenes, porque quieren que pasemos más tiempo en casa, porque tienen las expectativas muy altas y tememos decepcionarlos o por lo que sea, la relación paternofilial durante el proceso de sacar nuestro eTítulo universitario puede ser (si no ponemos remedio) un tanto tensa.

Los padres: esos seres creados para amargarnos

Dicen los refraneros que quien bien te quiere te hará sufrir y tienen razón. Los padres pueden darnos más quebraderos de cabeza que la asignatura más difícil del grado, pero nos quieren y los queremos, lo que volviendo al refrán significa que nosotros también los estamos fastidiando bastante.

Los conflictos familiares pueden ser muy complejos, multicausales, repetitivos y hasta destructivos y, por eso, hay que solucionarlos lo más pronto posible.

Hay algo sobre lo que deberíamos reflexionar detenidamente si queremos mejorar la relación familiar: los padres son personas.

¿Parece obvio? Pues no lo es si nos paramos a pensar en lo que les exigimos tanto nosotros como la sociedad en general. Los padres deben ser perfectos y dar todo por sus hijos (sobre todo las madres, a las que además se les atribuyen propiedades de sacrificio sobrehumanas). Los padres deben mantenernos, renunciar a sus caprichos, a su diversión, deben comprendernos, apoyarnos, consolarnos y no molestarnos demasiado. Los padres deben implicarse en todo, pero sin incordiar y deben aprobar cualquiera de nuestras decisiones. Sus vidas deben girar en torno a la nuestra porque para eso nos han tenido, ¿no? Pues no.

La madurez consiste en aceptar a nuestros padres como son sin intentar cambiarlos, con sus virtudes, sus defectos, sus limitaciones y esforzarnos por establecer con ellos una relación sana y horizontal. ¿Y cómo se hace eso? Os lo contamos:

Empatía en las discusiones

Ante cualquier tipo de conflicto con nuestros padres, lo primero que debemos hacer es pasar un rato a solas y dejar que baje nuestro nivel de enfado. Ningún conflicto se resuelve pegando gritos.

Durante ese rato, además de respirar y de calmarnos, tratemos de ponernos en su lugar entendiendo quiénes son. Esto significa que debemos intentar ver las cosas desde su perspectiva y analizar sus razones (aunque no las compartamos) con objetividad. Para eso podemos preguntarnos: ¿Quiénes son?, ¿de dónde vienen?, ¿qué educación han tenido?, ¿por qué piensan de esta manera?, ¿qué intención tienen? (por cierto, la respuesta válida a esta pregunta nunca es «lo hacen para **** la vida»).

Si entendemos sus motivaciones y por qué piensan como piensan, nos será más sencillo argumentar y también seremos más tolerantes. Un conflicto nunca va a solucionarse adecuadamente sin entender al oponente.

Elegir el momento adecuado para abordar temas delicados

No es cuando acaban de salir de trabajar y están exhaustos, tampoco cuando están enfadados o estresados. Hay que ser un buen estratega y elegir un momento en el que los veamos receptivos.

Si esa ocasión no llega en pocos días, podemos concertar una cita avisándoles de que necesitamos hablar con ellos y preguntando cuándo les vendría bien. Si son personas muy ocupadas, podemos mandarles un correo electrónico, pero sea como sea es importante que nosotros tengamos el control de la situación tomando la iniciativa.

Aprender a expresarnos 

Sobre todo cuando tenemos padres autoritarios resulta muy difícil expresarse, pero madurar pasa por aprender a defender nuestras ideas, a poder ser de forma asertiva.

Hay que pedir educadamente que nos escuchen e incluso manifestar nuestro estado de ánimo, por ejemplo: «Quiero hablar con vosotros porque para mí es muy importante solucionar este problema que tenemos y querría pediros que me escuchéis hasta el final, porque estoy un poco nervios@ y no quiero perder el hilo».

A partir de ahí, debemos exponer nuestras ideas y lo que queremos de forma ordenada, en un tono amistoso, sin faltar al respeto y siendo lo más concretos y claros posible (para lo que previamente habremos estado pensando en ello y organizándonos la cabeza). Es importante conocer nuestras emociones y hablar de ellas sin problema

Negociar: todos ganamos y todos perdemos

Una negociación se considera exitosa cuando ambas partes ganan algo y ceden en algo también. El problema con los padres es que, al tener la sartén por el mango, pueden echar mano de un superpoder mágico que consiguen en el momento en el que nacemos y que se invoca con diferentes conjuros: «Porque lo digo yo y punto», «Son mis normas y es mi casa», «Yo soy el/la que te mantiene», etc.

Lo que más rabia da de ese superpoder es que tienen toda la razón, pero podemos intentar que no lleguen a lanzar el hechizo si exponemos primero aquellas cosas que estamos dispuestos a sacrificar. Algo que sepamos que quieren. Algo que no puedan conseguir sin nuestra plena colaboración.

Una vez dicho eso, nos toca pedir a nosotros.

Por cierto, esa magia también se agota en el momento en el que somos independientes, así que paciencia.

Perdonar cuanto antes

¿Cuántas fechorías nos han perdonado nuestros padres? ¿Cuántas veces hemos metido la pata hasta la ingle? Como ya hemos dicho antes, los padres también son personas y se equivocan. Merecen la misma consideración que nos dan, como mínimo, por lo tanto (salvo cuestiones que puedan estar descritas en el Código Penal), lo suyo es perdonar las faltas y hacerlo cuanto antes.

El truco definitivo para una buena relación

Si queremos llevarnos bien con nuestros padres y que nos traten como los adultos que ya somos, hay un truco que no falla. Quizá lleve un poco de tiempo, pero tiene el éxito asegurado y solo debemos hacer estas 6 cosas:

  1. Ser responsables con los compromisos que adquirimos.
  2. Ayudar en casa. Responsabilizarnos de crear un buen hogar.
  3. Hablar mucho con nuestros padres. Contarles nuestras preocupaciones y escuchar las suyas. Preguntarles por su trabajo y por sus inquietudes regularmente.
  4. Hacer algo con ellos todas las semanas como ir al cine, a tomar algo o de excursión. Compartir una afición.
  5. Besarlos, abrazarlos y decirles que los queremos.
  6. Ser agradecidos por lo mucho que nos ayudan.

Ante una actitud así, ningún progenitor (por muy difícil y cabezota que sea) podrá resistirse.

 

 

 

5 ejercicios fáciles para ganar velocidad al leer
26 Sep 2021

5 ejercicios fáciles para ganar velocidad al leer

Bastan unas pocas semanas poniendo en práctica estos sencillos ejercicios para que ganemos velocidad al leer y tardemos la mitad de tiempo en estudiar.

velocidad al leer

¿Para qué necesitamos velocidad al leer?

Tanto si somos estudiantes como si no, tener una buena velocidad al leer tiene muchísimas ventajas, pero para los universitarios que quieran obtener su eTítulo sin complicaciones es prácticamente imprescindible porque, durante la carrera, hay miles de textos y libros que vamos a tener que engullir. De hecho, cuanto más leamos, mejor será para nuestro aprendizaje y mejores serán nuestras notas.

Tener una buena velocidad al leer nos va a ahorrar un montón de tiempo al estudiar y, además, facilitará nuestra concentración porque, al usar menos tiempo en la lectura de las materias, tendremos menos tiempo también para aburrirnos y distraernos.

Haciendo unos sencillos ejercicios a diario, en pocas semanas notaremos mucho la diferencia. Si dedicamos solo 20 minutos al día, en un par de meses habremos triplicado nuestra velocidad al leer. ¿No es estupendo?

El punto de partida

Para empezar, hay que saber cuál es nuestra velocidad actual de lectura para así saber exactamente cuánto progresamos con el entrenamiento.

Para ello, lo más sencillo es abrir un texto en el ordenador con un procesador, como el Word, que nos diga cuántas palabras hay y poner el temporizador del teléfono móvil para que nos avise en 1 minuto.

Debemos empezar a leer a nuestra velocidad normal, sin intentar batir un récord, porque se trata de medir la velocidad a la que solemos leer cuando nos enteramos de lo que pone, no de saber a qué velocidad podemos pasar la mirada por un texto.

Cuando pite el cronómetro, solo tenemos que parar y ver cuántas palabras hemos leído. Los adultos leemos a una velocidad media de 250 palabras por minuto, pero si a la primera no llegamos, no hay que desesperar, enseguida le cogeremos el tranquillo.

1. Leer cada día

Esperamos que sea evidente, pero, por si las moscas, vamos a decirlo: para ganar velocidad al leer hay que leer (¡sorpresa!). Y lo suyo es que leamos un rato cada día. Al menos una hora. Y si la lectura es buena y nos encanta, mucho mejor porque lo haremos con gusto y leer tiene muchos beneficios, además de poder aprender a hacerlo rápido.

2. Aprender a agrupar

Nos enseñaron a leer letra a letra y después palabra a palabra. Pero olvidaron la última fase. Leer cada palabra es agotador y acabamos por distraernos porque nuestros pensamientos van muchísimo más rápido que nuestra lectura y acabamos pensando en otras cosas. A todos nos ha pasado eso de ponernos a leer y, tras varias líneas, darnos cuenta de que no nos hemos enterado de nada. Por esto, lo primero que tenemos que hacer es dar el siguiente paso y leer por grupos de palabras. De un solo golpe de vista hay que abarcar cuatro o cinco palabras y no ir descifrando una a una. Si al principio nos cuesta un poco más enterarnos, pronto veremos que comprendemos el texto perfectamente.

Vamos a ver el ejercicio que debemos realizar usando una parte de El libro de la arena de Jorge Luis Borges como ejemplo.

Cómo leemos normalmente:

Yo/ vivo/ solo/, en/ un/ cuarto/ piso/ de/ la/ calle/ Belgrano/. Hará/ unos/ meses/, al/ atardecer/, oí/ un/ golpe/ en/ la/ puerta.

Cómo deberíamos leer (al pricipio):

Abrí y entró un desconocido/. Era un hombre alto/, de rasgos desdibujados/. Acaso mi miopía los vio así/. Todo su aspecto era de pobreza decente/. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano/.

Estos grupos de palabras pueden ampliarse con la práctica y abarcar cada vez más texto (como veremos ahora), pero cuidado con hacer las pausas (comas, puntos, punto y coma, etc.) donde corresponde, o el texto perderá su significado.

3. Señalar con el dedo

Cuando leemos no debemos nunca mover los labios ni murmurar. Lo que sí tenemos que hacer como ejercicio es, durante unos 5 minutos, ir apuntando con el dedo los grupos de palabras que vayamos leyendo. El dedo debe apuntar, no subrayar, por lo que solo señala a saltos de vista.

4. Frases más largas

Según vayamos practicando lo de leer por conjuntos, hay que ir ampliándolos mientras mejoramos nuestra visión periférica. Para eso, podemos practicar fijando la vista en la punta de un bolígrafo que apoyemos sobre el texto tratando de leer las palabras que lo rodean. Cuantas más abarquemos sin mover los ojos, mejor. Entrenar la visión periférica hará mucho más fácil el adquirir velocidad, pero además evitará que se nos canse la vista y los molestos dolores de cabeza asociados al cansancio visual.

El texto de Borges que teníamos de ejemplo podríamos leerlo usando un solo golpe de vista para cada una de estas frases:

Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano.

Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta.

Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados.

 Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente.

Estaba de gris y traía una valija gris en la mano.

5. Haciendo eses

Consiste en hacer barridos sobre el texto sin fijarnos en nada concreto, pero tratando de identificar datos importantes como fechas, nombres y las palabras clave que nos indiquen de qué nos habla el texto. Aprender a dominar este tipo de lectura es fantástico para todos esos temas que tenemos que estudiar, pero en los que perdemos horas separando el grano de la paja.

Tableta, portátil o cuaderno: ¿qué es más útil para tomar apuntes?
16 Sep 2021

Tableta, portátil o cuaderno: ¿qué es más útil para tomar apuntes?

Vamos a ver los pros y los contras de llevar a clase una tableta, un PC o un cuaderno para poder elegir lo que más se adapte a nosotros.

Tableta

Cuando empezamos en la universidad sabemos que nos quedan cuatro años para obtener nuestro eTítulo y poder optar al trabajo que queremos. En ese tiempo, los materiales que elijamos nos van a facilitar o dificultar mucho las cosas. Os contamos qué elegir entre un portátil, un cuaderno y una tableta para tomar apuntes en clase.

El clásico portátil

Escribir en un portátil tiene grandes ventajas:

      • Los apuntes están en limpio desde el principio (o casi; quizá falte algo por rellenar, pero seguro que estará con letra legible y márgenes adecuados).
      • Además, será fácil compartir nuestras anotaciones con otros compañeros y podremos mandarlas por correo electrónico inmediatamente.
      • Permite completar la información con enlaces de interés insertados en los mismos apuntes.
      • Al tener todo en el ordenador, podremos recuperar fácilmente cualquier información haciendo búsquedas de palabras, en vez de quedarnos ciegos yendo hoja por hoja a ver si lo que buscamos estaba ahí o en cualquier otro tema.
      • No se gasta tanto papel, lo que sería más ecológico si no fuese por los componentes altamente contaminantes de los aparatos tecnológicos, pero como necesitamos tener ordenador de todas formas, cuenta como ventaja.

Desventajas del ordenador portátil:

      • La primera y más importante es cómo afecta a nuestra memoria. Simplemente por eso, no aconsejamos su uso. La escritura manual nos ayuda a retener la información mucho mejor y a organizarla en nuestro cerebro creando conexiones importantes con otros conocimientos que nos permitirán hacer inferencias y ampliar nuestro campo de conocimientos. Cuando escribimos a mano memorizamos mejor, comprendemos mejor y estructuramos mejor los conceptos, por lo que nos resultará más sencillo diferenciar entre las ideas principales y las secundarias.
      • Tener una conexión a internet y acceso a todo el material que tengamos descargado puede ser una fuente tremenda de distracción, incluso mayor que el móvil, porque los docentes vigilarán que no miremos nuestros teléfonos, pero no prestarán atención a lo que pasa tras las pantallas de los ordenadores. Es cierto que lo de distraerse o no depende de la voluntad de cada uno, pero incluso las personas más responsables e industriosas pueden caer con semejante tentación sobre la mesa.
      • Los desplazamientos continuos ponen en riesgo el equipo (aunque sea portátil) porque podemos golpearlo o puede sufrir una caída y es mucho más caro que un cuaderno.
      • Habrá que ir cargando con él en todo momento, ya que las aulas permanecen abiertas y hay riesgo de que nos lo roben (cosa que nadie haría con un cuaderno o un taco de folios garabateados).
      • Los pupitres de la universidad no suelen ser demasiado espaciosos, por lo que un portátil de tamaño normal va a ocupar casi todo el sitio del que disponemos y nos costará mantener una correcta postura.
      • Mirar una pantalla retroiluminada tantas horas seguidas (las de las clases más las horas que luego pasemos en casa estudiando o usando el portátil para otras cosas) no es bueno para la vista.

A la antigua

Escribir a mano, ya sea en un cuaderno o en folios, también tiene sus ventajas:

      • La más importante es que, como ya comentábamos antes, escribir a mano es la mejor manera de comprender y retener lo que nos explican en clase.
      • Por otra parte es, obviamente, mucho más económico y, si queremos prestar apuntes, siempre podremos hacer fotos o pasar lo escrito al ordenador y luego compartirlo (lo que nos ayudará a repasar y a tener todo bien organizado).
      • El cuaderno no es tan pesado, no lo roban y no se rompe al caer o al golpearse.

Y sus desventajas:

Las desventajas de usar un cuaderno son, lógicamente, que no tiene conexión a internet, no nos pasa los apuntes a limpio y demás facilidades que nos aporta la tecnología.

Tabletas sí, pero no cualquiera

Una tableta puede aunar las ventajas de un cuaderno (salvo el precio y la resistencia) y las de un portátil, pero siempre que permita la escritura manual. Si no incorpora un lápiz óptico, tendremos un aparato prácticamente inútil, porque ni tendrá un teclado cómodo, ni una pantalla apropiada en tamaño, ni las ventajas que para el aprendizaje supone escribir a mano.

Pero si nos hacemos con una tableta con lápiz óptico, seremos los reyes del mambo. La escritura resulta muy fluida y hay programas que directamente «traducen» nuestra escritura y la pasan al tipo de letra que más nos guste (aunque hay que revisar bien que en la traducción no haya fallos, sobre todo si tenemos letra de médico).

Para nosotros la elección es sencilla: o cuaderno o tableta. ¿Qué opinas tú?

 

 

Cómo crear un buen perfil profesional en redes sociales
9 Sep 2021

Cómo crear un buen perfil profesional en redes sociales

Las empresas buscan a sus candidatos en redes sociales y tener un buen perfil profesional nos va a ayudar mucho para conseguir el puesto que deseamos.

perfil profesional

Las redes dicen mucho de ti

Los responsables de recursos humanos de la mayoría de empresas buscan a sus futuros trabajadores a través de las redes, pero esa búsqueda no se limita a los candidatos que cumplan el perfil en sitios como LinkedIn. El resto de redes también les aportan información valiosa sobre futuros trabajadores y, lógicamente, si lo que hay en nuestras redes no concuerda con la imagen que buscan, por muy bueno que sea nuestro currículo, es probable que no nos seleccionen.

Precisamente por esto, nuestras redes sociales deben reflejar un perfil profesional, pero nadie las usaría a diario si solo nos limitásemos a poner publicaciones de interés y que hablen bien de nosotros.

Por eso, lo que podemos hacer es duplicar los perfiles y usar un pseudónimo para el perfil personal e íntimo y nuestro nombre real para el perfil profesional.

¿Qué incluimos en la descripción del perfil profesional?

En la descripción de nuestros perfiles (da igual la red) debe constar nuestra formación académica formal y también todos los cursos que hemos hecho y vamos haciendo, méritos académicos que tengamos, estudios publicados si los tenemos, idiomas que hablamos y la certificación del nivel, voluntariados que hemos hecho, intereses y, por supuesto, debemos incluir que buscamos trabajo con una carta de presentación breve.

Si nuestra universidad nos ofrece la opción de tener el eTítulo universitario, no nos olvidemos de comentar que lo tenemos y podemos enviarlo por email con todas las garantías de seguridad a cualquier parte del mundo.

La imagen es importante

La foto de perfil debe reflejar seriedad (lo que no significa que estemos serios). Debe mostrar que somos formales y que daremos una buena imagen a la empresa (lo que tampoco significa que debamos ser guapos).

Lo ideal es una foto de estudio o que nos hagan para este fin con una buena iluminación.

En cuanto al resto de imágenes que compartamos, no deben ser selfis ni mucho menos fotos inapropiadas o memes. Sí es recomendable poner fotos en las que estemos desarrollando nuestro trabajo, asistiendo a algún congreso, dando una conferencia o clase, en una feria relacionada con el sector o en las que estemos haciendo voluntariado y cosas semejantes.

Crea tu propio contenido

Una muy buena manera de tener un perfil profesional de interés es colgar post semanales de elaboración propia.

Según avanzamos en nuestra formación hay muchos temas de interés para nuestro sector sobre los que nos puede apetecer profundizar o compartir nuestra opinión.

Estas publicaciones nos van a ayudar a crear una marca personal, diferenciarnos de la competencia y a visibilizarnos como grandes candidatos, siempre que, por supuesto, los artículos estén bien escritos, sin faltas de ortografía y con una buena redacción.

¿Qué contenidos es bueno compartir en nuestro perfil profesional?

Cada día, o al menos 5 días a la semana, conviene compartir contenido que veamos en los medios de comunicación, blogs, páginas de empresas, artículos científicos, etc., que sean de relevancia para nuestra rama de conocimientos o profesión.

No se trata de polemizar (de hecho, no es recomendable hacerlo fuera de nuestro perfil personal y anónimo), sino de hacer ver que estamos informados y que tenemos interés.

Hay que pensar en este perfil profesional como una extensión del currículo que mandaríamos a una empresa, en el que nunca escribiríamos nuestra filiación a un partido o ideales, el credo que profesamos o el tipo de humor que más nos divierte.

Y partiendo de esa «autocensura», los contenidos que sean relevantes darán un valor añadido a nuestro perfil profesional y nos ayudarán a hacer networking y a afianzar a los contactos de interés.

Y hablando de contactos…

El perfil profesional en redes no es para amigos o familia por mucho que den a “me gusta” en todas nuestras publicaciones. Es un perfil laboral y, si no incluimos en él a las personas que no forman parte de ese ámbito de nuestra vida, nos ahorraremos un montón de problemas a la hora de lidiar con comentarios bienintencionados pero demasiado personales o con etiquetas indeseadas.

Los contactos que debemos añadir en nuestro perfil profesional son, obviamente, los creados a partir del desarrollo de nuestra profesión o los adquiridos en la etapa académica que puedan ser positivos para nuestra imagen.

Además, hay que seguir las páginas de las empresas y personalidades que puedan interesarnos y hacer menciones cuando sea apropiado.