¿Y si la EBAU no nos sale tan bien como esperábamos?
8 Jul 2020

¿Y si la EBAU no nos sale tan bien como esperábamos?

Suspender la EBAU o que no nos llegue la nota para estudiar lo que queríamos no es tan grave como parece. Para todo hay solución.

EBAU

El acceso a la universidad parece un hito vital y, en cierta manera lo es, aunque el cambio real de vida llegará cuando nos graduemos y obtengamos nuestro eTítulo. Afortunadamente, son hitos vitales una vez que se consiguen, pero hay varios intentos para lograrlos. Lo importante es no dejarnos llevar por el miedo y conocer nuestras opciones.

¿Qué pasa si suspendemos la EBAU?

Hay, dependiendo de la comunidad autónoma, convocatorias en septiembre o en julio para recuperar. Y, una vez hecha la prueba, ya sabemos qué esperar, por lo que será más fácil preparar los exámenes y controlar los nervios. El problema de suspender un examen como la EBAU no suele ser que no se haya estudiado, sino que no se ha hecho bien. Por eso es necesario cambiar las técnicas de estudio cara a la recuperación.

Es muy importante que organicemos bien el temario y las horas diarias que vamos a dedicar al estudio para que no nos vuelva a pasar. Un truco que funciona muy bien es hacer cada día uno de los exámenes antiguos que están subidos a internet para que nada nos pille por sorpresa. No es que nos vaya a caer el mismo examen, pero sí hay similitud en el formato y puede que alguno de los temas coincidan. Es una práctica que se acerca lo máximo posible a la realidad, por lo tanto, nos ayudará a preparar muy bien la recuperación. Eso no significa que solo hagamos exámenes. Hay que leer y estudiar el temario también. Hacer resúmenes, fichas y mapas mentales.

¿Y si no me da la nota aun habiendo aprobado?

El primer paso es revisar concienzudamente las notas de corte de los grados que nos interesen y ver si podemos entrar en alguna, aunque no sea la más cercana o la que esperábamos. Nunca se sabe, pero puede que luego nos alegremos mucho de haber salido de nuestra zona de confort, porque así es como más se aprende. Además, se puede hacer el primer año en otra comunidad o en una universidad privada y después pedir un traslado de expediente. Eso no es el fin del mundo.

Otra cosa es que, obligatoriamente, necesitemos más puntos. Si ese es el caso, tampoco pasa nada. Podemos presentarnos a la recuperación de la fase general, la específica o ambas. También podemos cambiar asignaturas. Y la buena noticia es que siempre se nos respetará la nota más alta entre las dos convocatorias, así que no hay nada que perder. Lo que no se puede es elegir asignaturas sueltas de la fase general; ese bloque se hace entero.

Tampoco hay un límite de veces para presentarse a la EBAU. Antes eran 4, pero ahora podemos hacerla las veces que queramos (respetando las fechas de convocatoria, eso sí) hasta que nos salga perfecta.

¿Es buena la opción de hacer un ciclo de formación profesional antes de entrar a la carrera?

Si la nota no nos llega y tampoco conseguimos subirla lo suficiente en el segundo intento, rotundamente, sí.  Al acabarlo, habremos ganado muchísima experiencia práctica de la que muchos grados adolecen y estaremos mejor preparados que nuestros compañeros. No hay que verlo como si perdiéramos un año o dos, sino como todo lo contrario. Además, una vez terminado el ciclo la nota de acceso a la universidad será la nota media del ciclo que hayamos cursado y podremos, incluso, convalidar alguna asignatura. Si con la media del ciclo superior no nos alcanza, podemos presentarnos a la parte específica de la EBAU y subir la nota de nuevo. Todo son facilidades.

La importancia de elegir bien

Decidir con 17 o 18 años lo que queremos hacer el resto de nuestra vida no es tan sencillo. A veces, soñamos con una profesión y luego descubrimos que no era lo que nos habíamos imaginado. En ocasiones, elegimos un grado por presión social (familia o amigos) y descubrimos tarde que ese no era nuestro camino. Hay caso en que, simplemente, nos conformamos con segundas o terceras opciones.

Lidiar con la frustración de estudiar algo que no nos gusta es muy duro. Y más aún trabajar en ello. Por eso, este es un momento importantísimo para parar, bajar el volumen del ruido de fondo y concentrarnos en qué queremos nosotros de verdad. Ninguna carrera ni ningún trabajo van a ser siempre maravillosos. Habrá que cursar asignaturas que se nos atraganten una y otra vez. Habrá que hacer cientos de exámenes y presentar trabajos muy extensos. Por eso, elegir bien es la clave y no idealizar ninguna carrera. Debemos leer bien de qué trata el grado realmente, qué asignaturas tiene y cuál es el temario de cada una de ellas. Cuanta más información tengamos, menor será el riesgo de decepción y abandono. La EBAU nos abre las puertas de nuestro futuro, pero una vez dentro, empieza el verdadero trabajo.

Si aún no lo tienes verdaderamente claro, te recomendamos que hagas este test y te tomes un par de días para pensar en ello tranquilamente.

¡Mucha suerte!

 

Los jóvenes también sufren ansiedad. ¿Cómo combatirla?
1 Jul 2020

Los jóvenes también sufren ansiedad. ¿Cómo combatirla?

Los universitarios suelen tener niveles altos de ansiedad, pero no se le da importancia. Te contamos lo que debes saber para evitar problemas.

Ansiedad

La gente mayor que solo recuerda el lado bueno de su juventud suele pensar que los jóvenes no tienen problemas realmente importantes en su día a día. Que la vida es juerga y pasar de todo, pero se equivocan por completo. Lo que pasa es que, según pasan los años, el pasado se recuerda con cierta añoranza y se minimizan los problemas y preocupaciones que se experimentaron durante la juventud. La realidad es que la ansiedad, ya sea como rasgo o como trastorno, puede manifestarse en cualquier momento de la vida y tiene una alta prevalencia en jóvenes.

¿Es lo mismo estrés que ansiedad?

No, pero a menudo se confunden porque coloquialmente usamos ambos términos indistintamente. De hecho, la ansiedad puede ser un síntoma del estrés y los dos conceptos están muy relacionados, pero no son iguales:

El estrés se origina cuando tenemos la sensación de que las demandas que provienen de nuestro entorno (educativo, laboral, familiar, social, etc.) nos superan. Por lo tanto, el estrés es nuestra respuesta emocional y fisiológica a esos estresores.

La ansiedad no es, en principio, algo negativo. Consiste en una respuesta emocional defensiva de nuestro organismo ante una situación que nos pone en alerta. Nuestro cerebro capta una situación que va a necesitar de todo nuestro potencial y se activa para combatirla. Por ejemplo, ante un examen, sentir cierta ansiedad activará nuestra capacidad de concentración, intensificará nuestra memoria, etc.

Todo el mundo siente ambas cosas a lo largo de su vida; el problema viene cuando esa sensación de alerta se convierte en una constante o aparece sin un desencadenante racional.

Cuando la ansiedad se pone pesada

Tener un trastorno de ansiedad no es raro. De hecho, se encuentra dentro de las patologías mentales más comunes. Hay que empezar ya (que estamos en el siglo XXI) a despatologizar cualquier alteración mental, porque el cerebro es parte del cuerpo y puede enfermar y curarse como cualquier otra. Un trastorno de ansiedad que se detecta y se trata no es «estar loco» ni mucho menos y, bien tratado, puede solucionarse sin dificultad.

Dicho esto, es importante diferenciar la ansiedad normal que nos produce una situación concreta de la ansiedad que se instala en nuestro piso, se mete en nuestra cama y decide tenernos todo el día de los nervios.

Síntomas

La ansiedad debe aparecer cuando tenemos delante una amenaza o un reto, no cuando estamos tranquilamente viendo la tele, porque, además de que nos hace percibir la realidad como algo hostil y, por lo tanto, hace que sobrerreaccionemos ante cualquier nimiedad, resulta que provoca respuestas fisiológicas nada recomendables. La clínica Mayo recoge los siguientes síntomas asociados a la ansiedad:

  • Sensación de nerviosismo, agitación o tensión.
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe.
  • Aumento del ritmo cardíaco.
  • Respiración acelerada (hiperventilación).
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Sensación de debilidad o cansancio.
  • Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual.
  • Tener problemas para conciliar el sueño.
  • Padecer problemas gastrointestinales.
  • Tener dificultades para controlar las preocupaciones.
  • Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad.

Si nos ponemos a sudar, tenemos palpitaciones y temblamos porque ha entrado en nuestro piso un oso gigante y muerto de hambre, no tenemos un problema de ansiedad; de hecho, estaremos reaccionando de la manera más lógica. Pero si sentimos todo eso solo por ir a clase o por exigirnos demasiado durante la carrera, entonces tenemos un problemilla que requiere atención. Graduarse, conseguir nuestro eTítulo y encontrar un buen trabajo es guay, pero no debe costarnos la vida.

Además, uno de los rasgos del trastorno de ansiedad es la evitación; así que puede que terminemos metidos en casa y dejando todos los proyectos que tenemos solo porque nos da un miedo tremendo fracasar o porque lo estamos pasando tan mal intentándolo que no sentimos que el esfuerzo compense.

Éramos pocos… y llegó la COVID-19

Y si el trastorno de ansiedad ya era común, ahora llega el maldito virus este y nos sentimos expuestos a un enemigo invisible que puede estar en cualquier parte, atacarnos a través del abrazo de un ser querido o esconderse en el envase del tomate frito que compramos en el súper. Es más, como hay personas asintomáticas, puede que creamos que alguien está bien y bajemos la guardia cuando resulta que no lo está o puede que los asintomáticos seamos nosotros y nos angustiemos pensando que podemos matar a nuestros padres si les damos un abrazo.

Y mientras había cuarentena, podíamos sentirnos relativamente seguros en casa; en cambio ahora podemos salir, ir a eventos, estamos de vacaciones y queremos ver a nuestros amigos, pero ¿en quién podemos confiar?

En esta situación, sentir ansiedad es más que lógico, pero cuidado con la paranoia y el miedo, porque, aunque aunque haya un virus suelto, también hay que vivir. Debemos usar el sentido común y evaluar los riesgos de hacer una actividad y tomar todas las precauciones posibles, aunque si vemos que nuestra respuesta a esta situación es quedarnos todo el día metidos en casa y no ver a nadie, quizá estamos sufriendo un trastorno de ansiedad y debemos buscar ayuda psicológica.

¿Qué podemos hacer?

Como decíamos, presentar síntomas de ansiedad es normal, pero hay que estar atentos a la intensidad y duración de esos síntomas. Muchísimas personas han necesitado y necesitan tratamiento psicológico por la pandemia y muchísimos más la necesitarían, pero no la han solicitado. El trastorno de ansiedad puede ocasionar ataques de pánico, agorafobia, fobias específicas e incluso puede derivar en otros trastornos como el obsesivo compulsivo, la depresión o el abuso de sustancias estupefacientes.

Ir a un psicólogo debería ser tan habitual como ir al médico de cabecera, pero no lo es porque pensamos que eso nos estigmatizaría o que podemos resolverlo solos. Hay que empezar a pensar de otra manera y hay que buscar ayuda cuando sea necesario.

Si creemos que es algo pasajero, que no nos afecta demasiado porque aún está en un estadio temprano o que estamos dispuestos a cambiar ciertos hábitos para controlarlo, podemos intentar hacer algo por nuestra cuenta:

1. Lo primero es estar bien informados. Cuanto más sepamos sobre este trastorno mejor podremos reconocer sus síntomas y racionalizar lo que nos pasa.

2. Hay que mantenerse activos y practicar mucho deporte. Las endorfinas que producimos al hacer ejercicio nos ayudarán a bajar los niveles de ansiedad.

3. Cuando nos sentimos angustiados, es importantísimo que evitemos el consumo de alcohol o estupefacientes por dos motivos que no tienen nada que ver con la charla habitual de que son malas para la salud:

  • Por un lado, las drogas (legales o ilegales) afectan a nuestro comportamiento porque nos dan una sensación de falsa seguridad y adormecen la función del lóbulo frontal que se ocupa de regular nuestra actitud (es el que nos dice que, aunque tengamos ganas orinar, no lo vamos a hacer en el medio de esta plaza llena de gente). Si el miedo al contagio nos provoca ansiedad y consumimos drogas para eliminar esa ansiedad y poder relacionarnos con nuestros amigos, al día siguiente, cuando recordemos que anoche nos dedicamos a dar abrazos a todo el bar y que no usamos la mascarilla más que para protegernos los codos, la ansiedad por habernos contagiado se multiplicará por mil en los días siguientes.
  • Y además, las drogas son depresoras y unidas a la ansiedad, aún más. Si nuestra mente no está tan tranquila como lo estaría habitualmente, es importante que no la alteremos con más sustancias químicas que puedan agravar la situación. Cuando la ansiedad pase, ya habrá tiempo para festejar si es lo que nos apetece, pero ahora hay que cuidarse. Si tuviésemos gastroenteritis, no nos pondríamos a comer helado como locos, ¿verdad? Pues viene siendo lo mismo.

4. Además de informarse, hacer deporte y no consumir sustancias estupefacientes, debemos intentar comer y dormir bien y hacer meditación, relajación o aprender alguna técnica para calmar la mente y dominar nuestras emociones.

Si tras unos días no sentimos mejoría y no conseguimos controlar el miedo o las palpitaciones, es hora de acudir a un especialista y dejarnos ayudar.

 

 

Cómo disfrutar de las vacaciones más merecidas sin riesgos
26 Jun 2020

Cómo disfrutar de las vacaciones más merecidas sin riesgos

Llegan las vacaciones y las ganas de salir de fiesta, viajar, ir a ferias y conciertos… ¿Cómo podemos combinar ambas cosas mientras la COVID-19 sigue causando estragos?

Vacaciones

Es innegable que este 2020 está siendo un año muy difícil para todo el mundo. La pandemia de la COVID-19 ha cambiado nuestras vidas y costumbres de la noche a la mañana y, ahora que empieza el verano y con él unas vacaciones que sin duda merecemos, tampoco vamos a poder disfrutarlas como querríamos.

Un cuatrimestre apoteósico

Las clases universitarias presenciales pasaron al formato online de un día para otro y no ha sido sencillo para nadie. No es que el modelo de enseñanza no presencial no funcione (varias universidades a distancia trabajan con este método desde hace años con excelentes resultados), el problema ha sido cambiar todo un sistema de forma abrupta sin que diese tiempo a prepararse adecuadamente. Los docentes se han visto sobrepasados y algunos no tenían formación especializada en el uso de las TIC; la ratio de alumnos que hay en las clases presenciales no es asumible para las clases a distancia; adaptar los contenidos tampoco ha sido sencillo, y todo eso sin mencionar la angustia y problemas personales a los que todos (profesores y alumnos) nos hemos tenido que enfrentar durante la cuarentena. Y si hemos aguantado este calvario es porque sabemos que merece la pena el sacrificio de estudiar y obtener nuestro eTítulo.

Además de lo aprendido, la única otra cosa buena con la que consolarnos ahora mismo es que por fin se ha acabado o está a punto de acabar el curso más extraño y difícil; ha llegado su fin y ahora toca celebrarlo con unas buenas vacaciones.

El gran pero

Toca celebrarlo, pero… hay un virus peligroso andando por ahí. Por mucha cuarentena que hayamos hecho y por mucho que hayamos aprendido a abrir las puertas con los codos, la COVID-19 sigue campando a sus anchas y seguirá así mientras no haya una vacuna y tratamientos efectivos.

Y lo que apetece, después de tanto trabajo y preocupaciones, es salir y viajar y volver a abrazar a nuestros amigos y a nuestra familia. Tenemos ganas de ir a conciertos y a ferias y a la playa y hacer excursiones por el campo, pero no podemos hacerlo como lo hacíamos siempre porque no nos podemos relajar. Estas vacaciones no queda otra que adaptarse.

El sentido común que no lo es tanto

Si usamos un poco la cabeza, debemos entender que una cosa son nuestras apetencias y otra muy distinta nuestras necesidades. Y necesitamos desconectar de todo esto porque la salud mental es tan importante como la salud física, pero no podemos hacerlo como lo hacíamos antes: eso es solo lo que nos apetece.

Por eso, este verano debemos ser más racionales que nunca y adaptar los planes a la realidad, no a nuestros impulsos. Tenemos por delante varios meses de calor y tiempo libre para disfrutar de las vacaciones; lo importante es que lo hagamos sin perder el norte.

Ante cualquier plan que surja, hay que valorar previamente los riesgos y qué podemos hacer para minimizarlos. No es cuestión de no divertirse, sino de usar el sentido común.

Eventos masificados

La recomendación es no asistir a nada así, y realmente deberíamos seguir esta recomendación, pero si hemos decidido hacerlo de todas formas, al menos tratemos de pactar unas normas con el resto del grupo. Lo primero que deberíamos hacer es mantener una mínima distancia física. Si uno de nuestros amigos se toma tres copas y se olvida, debemos recordárselo.

Lo siguiente que debemos hacer es conservar las mascarillas siempre que no sea imprescindible quitárselas (para comer, para beber) y usar el gel desinfectante cada vez que toquemos algo.

Es importante que usemos los mismos vasos y mucho mejor si los hemos llevado de casa.

Conviene recordar que el alcohol «adormece» la función de nuestro lóbulo frontal (que es la parte del cerebro que hace de Pepito Grillo), por lo que estaremos menos pendientes de nuestra seguridad o incluso podremos, en un momento dado, decidir que a nosotros no nos va a pasar nada. Es importante recordarse en ese momento que esa falsa seguridad que sentimos es eso: falsa.

Y lo más importante de todo es que entendamos que, aunque muchos jóvenes pasan por la enfermedad sin graves consecuencias, no podemos poner en riesgo a los demás, por lo que, si decidimos asistir a un evento masivo, deberíamos evitar el contacto con población de riesgo en los 15 días posteriores.

Hoteles, alojamientos privados, casas rurales, etc.

Si vamos a alquilar algún alojamiento para pasar las vacaciones, deberíamos asegurarnos de que cumplirán con los requisitos de higiene necesarios e, igualmente, debemos llevar un desinfectante y un trapo para limpiar las superficies con las que vayamos a estar en contacto. También sería recomendable que llevásemos nuestras propias sábanas y toallas. No dejemos nuestra seguridad en manos ajenas.

Playas y piscinas

Será más segura una playa que una piscina y siempre debemos respetar las distancias de seguridad. Si alguien se acerca a hablar con nosotros, debemos recordarle que se mantenga a metro y medio (mejor dos). Si usamos un baño público (lo que no es nada recomendable), debemos asegurarnos de tocar lo menos posible y desinfectarnos bien después (mejor llevar pañuelos de papel de casa).

Amigos negacionistas

Ser responsable no es, a veces, demasiado popular y todos tenemos un amigo o dos que van a llamarnos exagerados, que se olvidarán de todas las medidas de seguridad y que dirán que no pasa nada mientras nos ponen a los demás en riesgo. La presión social es peligrosa; puede hacer que nos comportemos de forma irresponsable por no quedar mal; pero debemos resistir y, además, si podemos compincharnos previamente con otros amigos, podremos usarla a nuestro favor para que ese amigo o amigos irresponsables no nos arrastren y acabemos actuando sin tener cuidado. Todos nos creemos capaces de resistir a la presión del grupo, pero los experimentos psicológicos nos dicen que no es verdad, que no es tan sencillo. Os recomendamos que echéis un ojo a este curioso vídeo sobre el experimento de presión social de Asch y reflexionéis al respecto.

 

El verano ha llegado y toca divertirse, pero si no queremos lamentarlo (por nosotros o por alguien más), mejor que actuemos de manera responsable.

Cómo encontrar un buen trabajo con LinkedIn
21 Jun 2020

Cómo encontrar un buen trabajo con LinkedIn

Si buscas trabajo, deberías hacerte un buen perfil lleno de contenido interesante en LinkedIn, la mayor base de datos de profesionales del mundo.

Encontrar un buen trabajo es la mayor preocupación de cualquier egresado que necesite trabajar para vivir, pero las cosas no están fáciles ni lo estarán por un tiempo debido a la crisis sanitaria que vivimos a nivel mundial: la COVID-19.

Trabajar fuera de nuestro país ahora es más complicado que antes y, seguramente, seguirá siendo así por algún tiempo; por lo tanto, cualquier herramienta que sea útil para encontrar trabajo hay que aprovecharla y LinkedIn lo es.

Sé activo

Esta red social puede ayudarte mucho en tu carrera profesional si sabes cómo usarla. No se trata solo de colgar nuestro currículo, una foto en la que salgamos guapísimos y olvidarnos de todo. Para sacarle el máximo partido hay que ser activo, compartir contenidos interesantes, recomendar publicaciones de otros e interaccionar con todas las personas de tu sector. Nunca se sabe quién puede facilitarnos el acceso al trabajo de nuestros sueños. Es importante que nuestro perfil de LinkedIn refleje nuestra propia marca personal para que nos diferenciamos de los competidores.

Hazlo atractivo

Pon una foto personal en la que se te vea bien la cara, y nada de posar poniendo gestos raros. Debe ser una foto actual y no una de cuando íbamos al instituto por muy favorecidos que salgamos. Esto no es Facebook, es un perfil profesional, no lo olvides. Pon también una buena foto de portada que refleje algo de tu sector y aporte un poco de colorido a tu perfil para hacerlo más llamativo. Debe destacar, pero de forma elegante. Tampoco es bueno que no se actualice la imagen. Haz cambios cada cierto para recordar a tus seguidores que estás ahí.

Contenido

Es importante que alimentes tu perfil compartiendo contenidos interesantes. Pero ojo, tanto si son originales como si compartes artículos de otros, asegúrate de que el contenido sea adecuado para tus propósitos, que no vaya a dañar tu imagen profesional y que estén bien escritos. Piensa que si una empresa se interesa por tu perfil y en él encuentra comentarios de tipo político o religioso que no coinciden con sus ideas, probablemente no te llamen. Redactar textos originales es estupendo para dar a conocer tu valía y tu dedicación, pero si no cuidas la ortografía, pueden hacerte quedar fatal públicamente. Ningún responsable de recursos humanos te llamará si lee un texto en tu perfil en el que hayas puesto algo como “Soy un entusiasmao de la bida”. Lógico, ¿no?

Los contenidos más visitados son los que tienen una buena foto que ilustre el texto que la acompaña. Debe ser una fotografía formal y profesional, no una que hagamos con nuestro móvil. Si colgamos mucho contenido original (lo cual es muy positivo) quizá deberíamos hacernos una cuenta en un banco de imágenes. Hay algunos gratuitos y otros que, por muy poco dinero al año, nos permiten descargar fotos profesionales sin límite.

Enlázate

Si tienes un blog, una cuenta en Facebook, Twitter o una página web (que estén presentables y no perjudiquen tu imagen), pon enlaces en LinkedIn y crea una red de contenidos que te permita, además, ser encontrado más fácilmente en las búsquedas de Google.

Extracto

El extracto de LinkedIn es un texto en el que te presentas, explicas cuáles son tus expectativas, tu experiencia, tus motivaciones… Es importante que también esté correctamente redactado y sin faltas; así que revísalo bien antes de subirlo e incluye algunas palabras clave para facilitar que te encuentren en las búsquedas de la página, pero integra esas palabras en el texto para que tengan coherencia. Y no te olvides de poner que tienes tu eTítulo y que puedes enviarlo a todo el mundo de forma rápida, segura e infalsificable.

Usa contenido audiovisual

Puedes añadir a tu perfil vídeos, documentos en Pdf, fotos o presentaciones en PowerPoint. Hazlo. No desaproveches esta herramienta tan útil y tampoco la malgastes con vídeos de gatitos (salvo que hayas estudiado veterinaria), usa los trabajos y presentaciones que has realizado durante la carrera, algo que ilustre tu profesión, etc.

Idiomas

Como poco, tu perfil debe estar en español y en inglés, pero puedes ponerlo en muchos más idiomas. En la opción de “menú” encontrarás la herramienta para subirlo en cualquier idioma, así que no dudes en hacerlo si eso te puede aportar algo profesionalmente.

Aptitudes

La sección en la que pones tus aptitudes es importantísima porque sirve para posicionarte con palabras clave y que las empresas te encuentren fácilmente. Además, tus contactos pueden validar tu experiencia, lo que aportará credibilidad a tus conocimientos.

Controla las visitas

Consulta quién ve tu perfil y qué palabras clave han buscado para saber cómo ir mejorando progresivamente tu imagen.

Selecciona a tus contactos

No se trata de meter a todo el mundo, cuantos más mejor. Se trata de crear una red de contactos que puedan servirte en tu profesión. Si estás estudiando medicina, ¿de qué te sirve meter en tus contactos a empresas de telecomunicación? Seguramente, de nada. No se trata de tener millones de seguidores como en Instagram, sino de que puedas crear una red de contactos profesionales que te sirvan para encontrar trabajo en tu sector y para estar bien relacionado.

LinkedIn quizá no es visualmente tan atractiva como otras redes sociales, pero es muy práctica, fácil de usar y, sobre todo, muy útil. No la descartes solo porque no te resulte entretenida; de hecho, los contenidos que se publican en ella pueden aportarte muchas ideas y conocimientos útiles para tu profesión. Y, por cierto, nosotros también tenemos nuestro perfil de eTítulo en LinkedIn; no te olvides de seguirnos en este enlace: https://www.linkedin.com/company/etitulo/

 

Cómo encontrar empleo nada más graduarte
11 Jun 2020

Cómo encontrar empleo nada más graduarte

La universidad se acaba y se nos viene encima el temor a no encontrar un buen empleo. ¿Cómo puede un recién graduado encontrar trabajo?

Este es un momento muy difícil, con la COVID-19 aún acechando por ahí, muchas empresas se mantienen cerradas o han hecho una reducción de plantilla enorme. Como mucha gente se ha quedado en el paro, la competencia será feroz; pero esto no nos puede desanimar, solo hacernos entender que, probablemente, cueste un poco más de lo normal, pero que hay que intentarlo.

Lo que no puede frenarnos es la inseguridad en nosotros mismos, «no tengo experiencia laboral», «por qué iban a seleccionarme a mí en vez de a otro», «mi currículo está demasiado vacío», etc.

Primeros pasos

Lo primero que debemos hacer es solicitar el eTítulo en nuestra universidad para que podamos mandar el título universitario electrónico a cualquier parte del mundo y así ampliar las posibilidades de encontrar un buen trabajo.

Importante: Hay que cuidar nuestras redes sociales y borrar todo aquello que sea inadecuado. También podemos crear un perfil más profesional y otro para poner lo que queramos, pero con un nombre y una dirección de correo que no esté relacionada con nosotros. Nuestras redes sociales deben presentar una imagen profesional y seria de nosotros mismos y deben estar actualizadas con temas que sean interesantes en nuestro sector. También debemos tener un perfil en LinkedIn y mantenerlo activo.

Networking

Practicar el networking es la vía más efectiva para encontrar un empleo. Ya podemos tener un expediente maravilloso que, como no conozcamos a nadie, lo llevamos crudo. Somos así, siempre nos vamos a fiar más de alguien conocido.

Fortalezas que explotar

Para encontrar empleo hay que venderse bien, tanto en nuestro currículo como en nuestra actitud en el cara a cara. Por eso, debemos repasar nuestros puntos fuertes y añadirlos a nuestro CV, junto a la carta de presentación o en ella, para compensar el hueco que deja nuestra falta de experiencia:

1. Ilusión por encontrar empleo

Nadie tiene más ilusión por incorporarse a un puesto de trabajo que un recién graduado. Llevamos años preparándonos para ello, soportando exámenes estresantes, horas de estudio, noches sin dormir… Muchos sufrimientos para llegar hasta la meta que ya hemos alcanzado.

2. Ganas de aprender

Todo recién graduado está dispuesto a aprender. De hecho, lo llevamos haciendo un montón de años. Hemos vivido exclusivamente para ir a clase, tomar apuntes, memorizar… Aprender es lo que mejor sabemos hacer y lo hemos demostrado tras superar cada examen y obtener nuestra titulación.

3. Humildad

Es inherente al nuevo licenciado.  Al no tener experiencia, nos tomamos cada actividad como un aprendizaje, haremos preguntas y pediremos ayuda, por lo que la empresa podrá formarnos y moldearnos para que nos convirtamos en el trabajador que necesita.

3. Ventajas tecnológicas

Una persona joven conoce de forma natural el uso de nuevas tecnologías porque se ha criado con ellas y eso es algo que toda empresa valora. Tanto si nos hemos especializado en ellas como si no, no hay que olvidar añadir todas esas habilidades a nuestro CV si queremos encontrar empleo.

4. Improvisación

Eso es algo que todo estudiante ha practicado en cada examen de esos que no tenía ni idea y ha sabido salir airoso, incluso por los cerros de Úbeda. ¡Anda que no hemos tenido situaciones de pánico en multitud de ocasiones! En la universidad esto ocurre un día sí y otro también. Así que, con la experiencia acumulada, seguro que seremos capaces de salir adelante en cualquier situación. Si somos buenos improvisando, eso significa que somos creativos y no nos quedamos paralizados ante un problema. Es una ventaja que, sin duda, deben conocer nuestros empleadores.

5. Adaptabilidad al nuevo empleo

Las empresas saben que nadie se adapta mejor a los cambios que los jóvenes. Un recién licenciado es moldeable como la plastilina. Por eso debemos hacer saber al director de recursos humanos que podremos asumir la filosofía de la empresa como si fuese nuestra en cuanto nos den una oportunidad.

6. Conocimientos

Cuando un recién licenciado busca empleo, debe dejar claro que carecer de experiencia laboral no significa no tener los conocimientos necesarios. Ser un recién llegado al mundo laboral es algo por lo que han pasado todos, pero no todos tienen os mismos estudios ni los conocimientos actualizados a la época que vivimos. Una mente joven ve y sabe cosas que no da la experiencia laboral, sino su propia vivencia generacional. El mundo se percibe de forma diferente en función de la época que nos ha tocado vivir y, para una empresa, siempre es de gran valor contar con personas que puedan aportar diferentes visiones de una misma realidad.

La falta de experiencia no debe ser un obstáculo para encontrar un buen empleo, aunque muchos lo vayan a ver así. Depende de nosotros cambiar ese relato y vendernos como una oportunidad de aportar cosas nuevas y valiosas. Lo importante es no desanimarse y poner todo nuestro empeño en conseguir meter la cabeza. Una vez dentro, todo será más fácil.

¡Mucha suerte a tod@s!