No presentarse a un examen no es importante, pero elige bien
16 Ene 2020

No presentarse a un examen no es importante, pero elige bien

Cada temporada de exámenes, la misma pregunta: ¿me dará tiempo a preparar todo? No presentarse a un examen no es para tanto, pero hay que hacerlo con cabeza.

no presentarse a un examen

La universidad es un mundo aparte y cada alumno se organiza como puede. En una misma aula podemos encontrar a más de cien personas de edades diversas, que vienen de distintos lugares, tienen distintas vidas y también diferentes métodos. Decidir qué hacer cuando te asalta esta duda solo depende de ti, porque dejar una o varias asignaturas para septiembre es cuestión de cómo quieras organizar tus materias. Eso sí, hay unas cuantas cosas que debes plantearte:

Sí, corre convocatoria

Te presentes o no la convocatoria corre, por lo que, si la dejas y luego suspendes en septiembre, será una convocatoria menos. Además, si te has dejado unas cuantas y no apruebas las suficientes, perderás la opción a beca y tu matrícula se encarecerá. Es una oportunidad que pierdes; así que, si decides no presentarte a un examen, que sea de esas asignaturas que tengas seguro que podrás sacar sin dificultad.

El gusto de liberarte en verano

El verano siempre nos parece muy largo cuando no es verano y muy corto cuando sí lo es. Como ya sabemos, el tiempo es relativo y todo depende de cómo te organices, pero si eres sincero contigo mismo…, ¿cuántas veces se te ha hecho largo un verano y te ha dado tiempo a hacer todo lo que querías? Entre festivales, vacaciones, días de playa, cursosescapadas con los amigos y siestas, la estación estival se termina mucho antes de lo que pensábamos y, si no, acuérdate de cuando el verano pasado te diste cuenta de golpe de que estabas a 20 de agosto. Dejándote asignaturas para septiembre, te vas a quedar sin disfrutar esa sensación maravillosa de no tener que pensar en tu carrera hasta que vuelva a empezar el curso, pero es tu decisión: ¿estás seguro de que quieres hacerlo?

Organízate con cabeza

Si el agobio de los exámenes se te junta con trabajo u otras responsabilidades y prefieres repartírtelos de forma que estés menos estresado, adelante; pero no lo hagas por uno de esos típicos prontos de «esto me supera, paso de todo». Es decir, planifica lo que vas a hacer y el tiempo que tienes, qué asignaturas vas a estudiar y cuáles vas a posponer, porque si lo que pasa es que tienes uno de esos momentos horribles de «no puedo más, lo dejo», entonces estarás cometiendo un error. Dejarte exámenes para septiembre no puede ser producto de una pérdida de confianza en ti mismo, sino de una decisión meditada. De lo contrario, te puede salir el tiro por la culata.

Si trabajas y estudias o si tienes poco tiempo porque estás compaginando dos o más actividades formativas, entonces puedes perfectamente organizarte como si en vez de dos evaluaciones fueran tres: febrero, junio y septiembre. Ahora, hazte a la idea de que tu verano será muy corto y de que debes elegir con fundamento qué asignaturas dejarás para cada evaluación. Lo mejor es quitarse lo más difícil cuanto antes y dejarte las fáciles para septiembre, porque así, si suspendes alguna, podrás recuperarla y no la tendrás para el año que viene.

No, no es tan grave

Sí, presentarte en septiembre si tienes tiempo para estudiar durante el verano no es una tragedia, es más, puede ser hasta positivo para tu salud mental si estás compaginando varias cosas o tienes cargas familiares, pero tampoco lo conviertas en una norma, porque te puedes ver igualmente superado unos meses más tarde y sin posibilidad de seguir aplazando. Procura que sea algo meditado y excepcional: dejarte una o dos para septiembre está bien, pero dejarte seis es una locura.

No dejes de ir al examen

Si ya has decidido que es mejor no presentarse a un examen y que esa materia se queda para después, acude al examen igualmente. ¿Para qué? Pues para facilitarte las cosas después. Si no has tenido más exámenes con ese profesor, te ayudará mucho ver qué tipo de preguntas hace y a qué cosas ha dado más importancia. Esto te ahorrará mucho tiempo e incertidumbre cuando te dispongas a preparar la materia. Solo tienes que sentarte, leer y marcharte, e incluso si le pides al profesor que te ponga «no presentado», generalmente no tendrá ninguna pega. Si crees que tus compañeros pueden contártelo después y que con eso te vale, vuélvelo a pensar. En época de exámenes tenemos tanto lío en la cabeza que es raro que recordemos las preguntas exactamente incluso nada más salir del examen, imagina un tiempo después. Por otra parte, la información que te dé un compañero nunca es tan efectiva como la que consigues tú mismo. Además, ya que estás ahí, ¿y si resulta que es facilísimo y te lo sabes? No pierdes nada por intentarlo, porque aún te queda septiembre.

¡Y ya estás más cerca de conseguir tu eTítulo!

 

 

 

Cómo hacer (bien) la memoria de prácticas
12 Ene 2020

Cómo hacer (bien) la memoria de prácticas

La memoria de prácticas es el primer gran trabajo de la carrera y es de carácter obligatorio. Te contamos cómo hacerla para que salga perfecta.

memoria de prácticas

Las prácticas universitarias son una estupenda oportunidad para entrar en contacto con el mundo laboral y así poder ver de cerca cuál puede ser nuestro futuro trabajo. ¿La parte mala? Que hay que entregar una memoria de prácticas.

Hay profesores que nos piden un cuaderno semanal de prácticas, otros que solo quieren la memoria al final y otros que exigen ambas cosas. Hay profesores que dan un esquema y otros que pretenden que nos apañemos solos. De cualquier manera, hacer la memoria de las prácticas es un marrón, pero puede ser un marrón muy interesante.

Sigue un esquema

Si el profesor nos exige un esquema, perfecto: ciñámonos a él. Si no nos lo da y nos deja a nuestro aire, usar un esquema nos va a facilitar la redacción y la organización, así que utilicémoslo también.

Si queremos sacar una buena nota en la memoria de prácticas, tenemos que facilitar la lectura al docente. Por eso, seguir un esquema hará que cada apartado esté bien diferenciado y que no nos saltemos nada importante.

Organízate desde el primer día

Tomar apuntes a diario, hacer fotos, grabar notas de voz… No hace falta que todos los días estemos redactando la memoria de prácticas si no nos piden un diario semanal, pero sí hace falta que tengamos un buen sistema para recordar todo aquello que vamos haciendo, porque un mes después ya solo nos acordaremos de algunas cosas. Si cada día de vuelta a casa nos hacemos un audio de WhatsApp en el que resumimos las actividades, los contratiempos o cualquier cosa importante que haya pasado, redactar la memoria después será pan comido.

Redacción

Todo trabajo debe estar bien redactado y sin faltas de ortografía, pero aún más los trabajos importantes como son la memoria de prácticas o el TFG. Estos son los trabajos que definirán nuestra profesionalidad y demostrarán que somos aptos para graduarnos y conseguir nuestro eTítulo. Ya os hemos contado cómo hacer una buena redacción: aplicad esas reglas porque son simples y ayudan un montón a nuestros textos (y notas).

Es importante enunciar cada idea de forma clara y usar frases cortas. Hay que puntuar correctamente para que el lector no se ahogue y entienda nuestro texto. Tampoco debemos llenar el trabajo de expresiones académicas que no usamos habitualmente y que pueden parecer metidas con calzador. A veces, la belleza está en las cosas simples: no compliquemos innecesariamente la labor del profesorado.

Tablas e imágenes

No solo son útiles para explicar adecuadamente el texto, sino que tienen una gran función estética que hará que nuestra memoria de prácticas sea más atractiva a la vista y resulte más sencilla de leer. ¿Qué significa eso? Que nos pondrán mejores notas. Eso sí, no hay que añadir imágenes o tablas al tuntún, solo las necesarias para que resulten útiles y explicativas. Si hemos hecho mil fotos que queremos poner, hay que hacerlo en el anexo.

Opinión

Lo normal es dejar la opinión para la parte final en la que se hace una valoración de las prácticas. Es bueno que se haga así en general para que los otros apartados (más técnicos) sean concisos, pero no debemos tener miedo a mostrar nuestra opinión a lo largo de toda la memoria de prácticas. Si nos apetece incluir un comentario crítico en alguno de los apartados, podemos hacerlo. Lo ideal es que, salvo en la «valoración personal», cada opinión que pongamos a lo largo del resto de apartados esté fundamentada sólidamente, es decir, que, si opinamos que la colaboración entre departamentos no es adecuada, podemos reflejarlo en un apartado en el que se hable de organización haciendo referencia a los textos legales en los que se cite que debe haber dicha colaboración departamental. Ya luego, en la valoración, nos explayamos con las quejas y anécdotas ilustrativas.

Aporta soluciones

Muchos trabajos académicos analizan o visibilizan un problema y punto. Se quedan ahí. Por ejemplo: «El colegio no cumple con lo establecido en la ley (por supuesto citamos la ley y el artículo en el que se menciona) para que los escolares lleven una dieta saludable». Esto está solo medio bien. Es correcto, pero no excelente. Si queremos hacer una memoria de prácticas realmente buena, deberíamos proponer un menú alternativo que tenga el mismo coste y sea de fácil aplicación, sugerir que se pida asesoramiento a profesionales de la nutrición, etc.

La bibliografía importa (y mucho) y citar también

Cada cosa que digamos que no sea opinión propia debe estar bien referenciada y debe hacerse tal y como mandan las normas APA para citar correctamente. Si no citamos, estaremos plagiando y, además, una bibliografía y una webgrafía adecuadas harán que nuestro trabajo parezca realmente profesional y válidos nuestros argumentos.

¡Mucho ánimo!

 

 

Propósitos de año nuevo: cómo conseguir que se cumplan
30 Dic 2019

Propósitos de año nuevo: cómo conseguir que se cumplan

¿Harto de que tus propósitos de año nuevo no lleguen más allá del día 2 de enero? No desesperes, es más fácil de lo que crees.

El cambio de año nos brinda una oportunidad estupenda para hacer balance y tratar de mejorar aquellas cosas que no nos tienen del todo contentos o para introducir nuevas experiencias que nos hagan más felices, pero los propósitos de año nuevo tienen, en general, una vida muy corta. Tan corta, que realmente tendrían que llamarse “lista de cosas que no haré durante el próximo año”.

Si lo pensamos bien, es una pena que los propósitos de año nuevo nos duren tan poco porque deberíamos tomárnoslos más en serio; representan aquellas cosas que queremos cambiar o mejorar en nuestras vidas y, cuando hacemos balance de lo que necesitamos mejorar, escuchar esa voz interior (y hacerle caso) es importante.

Hay tres trucos para que los propósitos de año nuevo no caigan en saco roto:

Propósitos realistas

Los deseos como: «Este año voy a ser futbolista de élite, aunque no he jugado al fútbol en mi vida» no sirven.  Tampoco cosas como «Voy a viajar a China, aunque no tengo ni para pagar el alquiler» y desde luego no funciona lo de desear que ocurra algo que no depende de nosotros: «Este año seguro que me tocará la lotería».

Hay que plantearse seriamente qué queremos y qué necesitamos mejorar, y hay que hacerlo con los pies en el suelo: en un año no vas a ser Messi, pero quizá puedes apuntarte a una liguilla e ir entrenando. Si te gusta viajar, pero no tienes un euro, intenta guardar lo que puedas y fija destinos más económicos. Igual China tiene que esperar y este año tienes que contentarte con Tudela (que tiene un casco antiguo precioso), pero al menos has salido de viaje.

Planificación

Veamos un ejemplo clásico: “este año me apunto a un gimnasio”.

En realidad, este propósito lo cumple casi todo el mundo, el problema es que no vale con apuntarse: al gimnasio también hay que ir, y aquí es donde los buenos deseos de año nuevo se van a pique. Lo que ocurre generalmente es que empezamos con mucha energía yendo a diario un montón de horas y nos cansamos pronto. Si lo que queremos es ponernos en forma, el propósito de año nuevo debería consistir en incluir el deporte en nuestras rutinas. No se trata de machacarse la primera semana y dejarlo a la siguiente, sino de ir un par de horas, caminar más, comer mejor… Se trata de crear rutinas y no novedades, porque si no, nos cansaremos pronto. Por eso es necesario planificar bien y saber en qué horarios o de qué manera podemos introducir el deporte en nuestro día a día.

Perseverancia

Es muy común empezar con energía e irse apagando. Muchas de las metas que nos ponemos desaparecen porque no ponemos demasiado esfuerzo. Habrá momentos en los que no nos apetezca, pero con un poco de disciplina podemos conseguirlo.

En el ejemplo tópico de «el año que viene voy a estudiar más y a ir más a clase» lo vemos muy bien ilustrado. Uno empieza a muerte, pasando todos los apuntes, estudiando cada tarde, yendo a todas las clases… y a las dos semanas para y ya no vuelve a tocar un libro hasta junio. Si queremos estudiar más (o su traducción: sacar mejores notas sin dejarnos tampoco la vida en el intento), habrá que empezar por organizarse mejor: un eTítulo universitario no se consigue viendo la tele 6 horas al día y saliendo de fiesta de miércoles a domingo.

Hay que tener una agenda, un calendario bien grande para ver los días con que contamos y que no se nos vayan sin enterarnos, y hacernos un horario. Aparte de esto, no sirve de nada echar más horas si no rendimos, porque lo único que conseguiremos es frustrarnos y acabar estudiando aún menos. Necesitamos que las horas de estudio sean provechosas, que el tiempo que invertimos se rentabilice para que no sintamos que perdemos el tiempo. Por eso, debemos conocer las técnicas de estudio que mejor se adaptan a nuestras necesidades o qué formas de memorizar son las más eficaces. Y, sobre todo, hay que perseverar, hacer un poquito cada día y no dejarlo hasta lograr que se convierta en una rutina más, como comer a unas horas o dormir.

Lo cierto es que parece una tontería, pero conseguir cambiar aquello que no nos tiene satisfechos mejora la confianza en nosotros mismos y refuerza la autoestima. Si nos proponemos propósitos realistas, bien planificados y somos constantes, los cumpliremos y poco a poco veremos que podemos conseguir nuestras metas.

¡Feliz año a tod@s y que vuestros propósitos se hagan realidad!

 

8 trucos para ponerte al día estudiando (poco) en Navidad
26 Dic 2019

8 trucos para ponerte al día estudiando (poco) en Navidad

Si estás llevando el curso regular, te proponemos 8 trucos para ponerte al día durante las vacaciones de Navidad para empieces el año con buen pie.

¿Has empezado mal el curso?

Aún es pronto para dar el curso por perdido, pero tampoco hay que pecar de optimista; si seguimos pensando «ya lo haré mañana», antes de que nos demos cuenta estaremos en junio preguntándonos qué hemos hecho mal. Hay que cambiar el chip y hay que hacerlo ya. Bien, tenemos una propuesta innovadora: ¿qué te parece si adelantamos unos días los propósitos de año nuevo?

Seguramente, cuando hagas repaso del año, pienses en esas cosas que quieres cambiar para el próximo y, entre todos esos ir al gimnasio, comer mejor, beber menos, ser más tolerante con mi hermano pequeño o leer el Quijote, puede que haya unos cuantos del tipo tengo que llevar los apuntes al día, tengo que estudiar más, tengo que quitarme la costumbre de dejarlo todo para el último momento, tengo que hacer menos pellas, etc. Bueno, como todos sabemos, los propósitos de año nuevo tienden a olvidarse pronto, pero si tenemos todo al día y empezamos el curso sin los agobios de llevar materias atrasadas, es posible que consigamos mantenernos a flote hasta junio. Eso sí, lo de que vayas al gimnasio todas las semanas no lo garantizamos.

Si hemos empezado el curso con el pie izquierdo, esta paradita vacacional es un buen momento para ponernos al día con lo atrasado y además tener tiempo para disfrutar de las fiestas.

No te confíes

El caso es que las vacaciones de Navidad no son tan largas como parecen, y si aprovechamos un poco cada día, podremos retomar el curso con la tarea hecha y enfrentarnos a los próximos exámenes con mucho menos agobio del habitual (lo que se traduce en mejores notas y más satisfacción con nosotros mismos).

Nadie dice que no haya que descansar, de hecho, hay que hacerlo y coger fuerzas para lo que está por venir, pero lo ideal es que tras tres o cuatro días disfrutando del dolce far niente, nos pongamos las pilas y dediquemos una hora o dos al día para poner todo en orden. Si lo piensas fríamente, no es para tanto y podrás estudiar en Navidad sin esfuerzo.

Los 8 trucos para que todo vaya sobre ruedas

Primero: hazte con una agenda para apuntar las fechas de entrega de trabajos, exámenes y demás momentos reseñables y con un calendario que puedas colgar en la pared para que no se te vayan los días sin enterarte. Una buena organización es esencial.

Segundo: Si no tienes un buen espacio para estudiar, créate uno o infórmate de los horarios de la biblioteca más cercana. Necesitas buena iluminación, una silla cómoda y un sitio alejado de distracciones en el que puedas concentrarte, nada más.

Tercero: Ponte un horario y estudia siempre que sea posible a las mismas horas para que tu cerebro se acostumbre. Las dos horas siguientes a levantarnos son las más productivas para nuestro cerebro, así que sería buena idea aprovecharlas.

Cuarto: consigue todos los apuntes que te falten y empieza a organizarlos y a pasarlos para empezar el curso con todo al día y poder preparar exámenes sin estrés.

Quinto: empieza por las asignaturas más complejas y termina tu jornada de estudio con las que te parezcan más atractivas o fáciles. Rendirás más y te será más sencillo ponerte al día siguiente. No abuses. Con dos horas al día durante cinco o seis días a la semana, seguro que tienes tiempo de sobra de poner todo al día.

Sexto: Aprovecha para adelantar (o mejor terminar) trabajos o dossieres que tengas que entregar en enero.

Séptimo: Prémiate por un trabajo bien hecho. Cuando termines de estudiar, si le has dedicado el tiempo necesario y has sido productivo, date un homenaje y haz algo que te apetezca mucho. No te contentes con quedarte tres horas mirando el Facebook; sal, queda con amigos, cómprate algo chulo o cómete un roscón. Lo que quieras, se trata de que asocies recompensas y satisfacción al trabajo bien hecho porque así nos habituaremos más fácilmente a seguir con nuestros buenos hábitos y quizá estos propósitos nos duren hasta junio. Para que consigamos nuestro eTítulo sin sufrir (demasiado) hay que crear buenas rutinas y buenas recompensas asociadas; es un autoadiestramiento conductual bastante sencillo y muy útil.

Octavo: descansa y diviértete. Queda con amigos y disfruta de tu familia y de la gente que hace tiempo que no ves. Estudiar es importante para tu vida y tu futuro, pero será mucho más gratificante si a la par te dedicas tiempo también a ti y a tu bienestar. La Navidad también está para eso.

 

Frustración, cómo lidiar con ella
19 Dic 2019

Frustración, cómo lidiar con ella

Uno de los peores sentimientos que experimentamos es la frustración. Puede hacernos fracasar y puede cambiarnos la vida a peor si no aprendemos a manejarla.

frustración

Ya lo decía el gran maestro Yoda: la frustración lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento, al lado oscuro. Bueno, vale, es verdad que la frase no era exactamente así, pero casi.

Uno de los sentimientos negativos más potentes que experimentamos a lo largo de la vida es la frustración y, por desgracia, no ocurre en pocas ocasiones. De nosotros depende desarrollar las herramientas que nos ayuden a lidiar con tan desagradable sensación, porque las consecuencias de no hacerlo bien son más graves de lo que pensamos.

Pero ¿qué es la frustración?

En realidad, todos lo sabemos porque nos hemos enfrentado a ella desde la infancia. Frustración es esa rabia que crecía en nosotros cuando nos salía fatal el regalo de arcilla que hacíamos en el colegio por el Día de la Madre y queríamos aplastarlo a golpes o cuando nos castigaban mirando a la pared por hablar en clase. Todos los niños tienen una bajísima tolerancia a la frustración; el problema llega cuando seguimos igual siendo adultos. Frustración es esforzarse en un examen o trabajo académico y que la nota nos parezca injusta, trabajar en una empresa en la que no se nos valora, sentirnos impotentes ante un hecho injusto e incluso una parte inicial del duelo cuando perdemos a un ser querido.

Del catálogo de emociones negativas, la frustración puede generar múltiples problemas en todos los ámbitos de nuestra vida si no aprendemos a gestionarla bien. Las personas que no saben cómo afrontar este sentimiento suelen abandonar cualquier proyecto y se desmotivan rápidamente. También pueden tener arrebatos de ira, echar la culpa a los demás de sus problemas o, en casos extremos, llegar a agredir a otros. Hay también personas que, por la imposibilidad de lidiar con la frustración, acaban teniendo una conducta de evitación y antes de enfrentarse a la idea de fracasar en algo, deciden no emprender nada o no tener absolutamente ninguna meta. Este tipo de perfil puede degenerar en un consumo patológico de tóxicos, depresión e incluso suicidio.

Por todo esto, es importante que conozcamos este sentimiento y adquiramos cuanto antes las habilidades que nos permitan afrontar cualquier situación frustrante de una manera constructiva.

Una teoría interesante

Para hacernos una idea más concreta del impacto que esta emoción tiene sobre nosotros, es interesante conocer una teoría explicativa de la delincuencia propuesta por el sociólogo y criminólogo americano Robert Agnew en 1992.  La «Teoría general de la tensión» (y debe entenderse tensión como frustración, porque el uso de un término u otro depende de la traducción) explica la comisión de delitos a través del sentimiento de frustración generado en el individuo por una serie de estados afectivos negativos.

No significa, ni mucho menos, que la frustración nos lleve a la delincuencia, pero sí que el ejemplo nos permite ver la intensidad de esta emoción y lo importante que es saber cómo gestionarla.

Agnew decía que había 3 fuentes de frustración básicas:

  1. La imposibilidad para alcanzar las expectativas sociales deseadas (por ejemplo, no encontrar trabajo al terminar los estudios y terminar haciendo algo que está muy por debajo de la preparación que tenemos, lo que trunca nuestras expectativas en cuanto a nuestro nivel de vida, comodidades, familia, etc.).
  2. La privación de los estímulos positivos que el individuo ya posee o que espera poseer (que nos despidan de un trabajo, que la nota no nos permita estudiar la carrera que deseábamos, que nos nieguen un ascenso prometido…).
  3. Que el individuo quede sometido a situaciones negativas ante las que no puede escapar (por ejemplo, sufrir abusos en la infancia, malos tratos, bullying…).

Como vemos, a pesar de ser una teoría criminológica, estas fuentes de frustración son comunes a casi todos los individuos y es interesante entender que la manera en la que afrontamos esta emoción marca una clara diferencia entre unos individuos y otros. No queremos decir que aquel que no sepa gestionar la frustración vaya a convertirse inmediatamente en un delincuente, pero sí que nos movemos en una escala de grises que puede afectar en mayor o menor medida a nuestra vida, nuestra autoestima, nuestras relaciones… Por ejemplo, una persona que no sabe gestionar su frustración desarrollará mayor tendencia a ser colérico o a tener explosiones de ira cuando las cosas no salgan según sus planes.

Cómo manejar la frustración

Antes de empezar con la enumeración de cosas que podemos hacer para manejar la frustración, hay 2 cuestiones fundamentales que se deben tener en cuenta en todo momento:

  1. La primera es que debemos olvidar todo eso que nos han contado libros como «El secreto» o ciertos gurús de la autoayuda: no, no vamos a tener todo lo que queramos si lo deseamos con la suficiente fuerza. No, el universo no está ahí para concedernos deseos. No, no nos merecemos más que los demás por ser nosotros. No, seguramente no seamos millonarios, felices, guapos, inteligentes, graciosos y encantadores.
  2. La segunda es, como decía Nietzsche (aunque sacándolo del contexto antirreligioso), aceptar la dimensión trágica de la vida.  Sí, la vida es injusta. A las personas buenas les pasan cosas malas y a las personas malas también les pasan cosas buenas. No tenemos el control de todo lo que nos pasa o nos pasará y durante los años que dure nuestra vida nos van a suceder un montón de cosas desagradables para las que no encontraremos ninguna solución posible. La vida es esencialmente injusta, pero aun así, maravillosa, y seríamos incapaces de conocer la felicidad sin haber sentido la tristeza. Cada emoción y cada experiencia hay que vivirla y aceptarla entendiendo esa dualidad y sabiendo que podemos seguir adelante.

1. La mesura en las aspiraciones

Si no queremos estar sometidos a un nivel de frustración desorbitado, hay que ir paso a paso con las metas que nos ponemos. Aspirar a tener el trabajo perfecto, la vida perfecta y la familia perfecta es tan absurdo como aspirar a que nos crezcan alas en la espalda. La perfección, sencillamente, no existe. Puede que queramos ser el mejor neurocirujano de la tierra, pero sería mucho mejor si aspiramos a ser un gran neurocirujano. Con constancia, trabajo y humildad quizá un día se premie nuestra trayectoria, pero si estamos pendientes de destacar y no de hacer bien nuestra labor, no llegaremos muy lejos y la frustración nos comerá vivos. Hay que rebajar un pelín las expectativas y no ser demasiado perfeccionistas.

2. Potenciar las habilidades sociales

Tener buenas habilidades sociales es esencial para manejar la frustración. La empatía hará que entendamos el sentimiento como algo común que también reconocemos en los demás y el resto de las habilidades serán herramientas muy necesarias para que podamos verbalizar nuestros propios sentimientos, pedir ayuda o buscar alternativas para mejorar nuestra situación.

3. Locus de control

Si echamos la culpa de todo lo que nos pasa a los demás y evitamos cualquier responsabilidad (que es lo que en psicología se conoce como locus de control externo), jamás aprenderemos de las experiencias y el sentimiento de impotencia será horrible. En cambio, si asumimos nuestra parte (locus interno), pensaremos en cómo mejorar en próximas ocasiones y entenderemos que tenemos cierto control sobre nosotros mismos. Eso, a la larga, nos ayuda a mejorar la autoestima y rebajará la frustración.

4. Apoyo social

Somos animales sociales. Para un ser humano, carecer de apoyo social es desastroso. Es como una casa sin cimientos: al primer vendaval se irá por los aires. Nuestros vínculos sociales nos ayudan a afrontar los vendavales de la vida y los necesitamos. Esto no significa que esos apoyos tengan que venir obligatoriamente de la familia ni mucho menos. Si no tenemos vínculos familiares «de sangre», podemos tenerlos de amistad, de compañerismo, de pareja… Si nos sentimos frustrados, nuestra «familia» nos ayudará a sobrellevarlo.

5. Paciencia y calma

Ante una situación injusta, hay que calmarse respirar y dar tiempo. Debemos reconocer las emociones negativas y aceptar que existen sin tener la necesidad de actuar en consecuencia de forma inmediata. Hay que entender que podemos superar cualquier bache y seguir adelante. Al principio costará un poco más y poco a poco el peso será más liviano, pero si reaccionamos de forma demasiado emocional o nos dejamos llevar por la ira, luego tendremos que superar dos cosas: la injusticia que nos frustró y la culpa por nuestra reacción.

6. No existe el genio de la lámpara

Hay que tener claras las prioridades: lo primero son las necesidades a las que todos tenemos derecho. Luego, podemos situar los deseos, que pueden cumplirse o no, pero no tenemos derecho a ellos. Si no queremos vivir una vida llena de frustración, debemos poner nuestras necesidades (techo, comida, salud, seguridad, trabajo) por encima de nuestros deseos (ganar 20 000 € al día, casarnos con ese actor o actriz que nos encanta, tener un Ferrari…).

7. Creatividad y planes alternativos

Ante cualquier situación frustrante, una de las mejores herramientas es la creatividad. Creatividad tanto para afrontar la situación sacando un buen aprendizaje como para desarrollar planes alternativos. Quedarnos paralizados en nuestro dolor solo conseguirá que nos hundamos más, así que es mejor optar por pensar en qué hacer a partir de ahora. Por ejemplo, si el primer año de carrera hemos descubierto con horror que no nos gusta nada, no vemos salidas laborables que nos llamen la atención e ir cada día a clase es un infierno, tenemos 3 opciones:

  1. La primera es abandonar los estudios y quedarnos en casa de nuestros padres jugando a la consola y creyendo que no valemos para estudiar. Esta opción pone el nivel de frustración por las nubes.
  2. La segunda es seguir estudiando hasta que terminemos y lidiar con todos esos sentimientos negativos tratando de buscar la parte buena y siendo creativos para buscar trabajos futuros que nos puedan gustar o pactar con nuestros padres que, tras obtener nuestro eTítulo, nos ayudarán económicamente para estudiar un segundo grado que sí nos guste. En esta opción habrá ciertos niveles de frustración por tener que estar 3 años más haciendo algo que no nos gusta, pero con una meta delante en la que podremos apoyarnos se nos hará más llevadero.
  3. La tercera opción es dejar la carrera y dar el salto a otro grado que nos guste más. En principio, esta opción nos generaría menos frustración, pero, ojo, como ya hemos dicho antes, nada es perfecto y al llegar a la otra carrera es muy posible que descubramos que tampoco es lo que habíamos imaginado.

La única opción realmente mala es la primera, pero de la que más aprendizaje sobre gestión de frustración podríamos sacar es de la segunda. La decisión es de cada uno.

8. Relativizar es guay

Hay que aprender a relativizar los problemas. Solo el fin del mundo es el fin del mundo, todo lo demás es el dramatismo que queramos darle al problema. Eso no significa que no haya cosas que puedan destrozarnos (como la muerte de un ser querido, un problema de salud, la pérdida de una casa, ser víctima de un delito grave, etc.), pero hay que aceptar ese dolor y seguir. Los problemas menores no deben paralizarnos; tras unos días de aceptación, lo que toca es seguir adelante, aprender y usar nuevas estrategias.

Y tú, ¿qué tal toleras la frustración? Aquí hay un test para averiguarlo.