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Recupera el ritmo antes de volver a clase y evita el bajón

Recupera el ritmo antes de volver a clase y evita el bajón

Tres meses disfrutando de vacaciones y de pronto se acaban y entramos de golpe en horarios, clases, trabajos, rutinas de estudio… Normal que nos dé bajón, pero nos lo podemos ahorrar si hacemos una transición más suave.

Tu cabeza ya te está diciendo que lo bueno se acaba

La vuelta a clase, al menos psicológicamente, empieza antes de que termine el verano. En algún momento aparecen los anuncios de material escolar, empezamos a pensar en el horario que tendremos dentro de unas semanas o recordamos, con cierta inquietud, todo aquello que dejamos atrás al terminar el curso. El aire empieza a ser más fresco y es un alivio y un recordatorio. ¡Tictac, tictac —dice el aire—, se acaban las vacaciones!

Después de tantas semanas de tranquilidad veraniega no es sencillo recuperar de golpe los horarios, la concentración y la rutina de estudio. De hecho, intentar hacerlo todo de un día para otro puede hacer que la vuelta se nos haga todavía más cuesta arriba y nos sintamos tristes, frustrados o de mal humor, lo que hará que perdamos el hilo en las clases o que no encontremos la motivación necesaria. Empezar mal el curso no es buena idea; puede que luego nos cueste remontar.

Por eso, las semanas previas al comienzo de es mejor hacer una transición progresiva que rascarnos la panza hasta el último momento y luego darnos de bruces con la realidad. No se trata de volver a estudiar antes de tiempo ni de renunciar a los últimos días de vacaciones, sino de empezar a familiarizarnos de nuevo con algunos hábitos que formarán parte de nuestro día a día.

Recuperar los horarios poco a poco

Uno de los cambios más bruscos de la vuelta a clase es el horario. Durante las vacaciones es habitual trasnochar, levantarnos cuando queramos, echarnos siestas, comer a horas raras… En resumen, tener días mucho menos estructurados.

Si pasamos de varios meses sin despertador a tener que levantarnos temprano de un día para otro, los primeros días pueden resultar especialmente difíciles. Adelantar poco a poco la hora de acostarnos y levantarnos durante las últimas semanas de vacaciones puede ayudarnos a que el cambio no sea tan repentino.

No es necesario recuperar inmediatamente el horario que tendremos durante el curso. Basta con ir modificándolo de forma gradual para que, cuando llegue el primer día de clase, nuestro cuerpo no tenga que adaptarse a todo de golpe.

Volver a introducir pequeñas rutinas

Las vacaciones no tienen por qué convertirse en un periodo completamente desorganizado, pero tampoco necesitamos empezar septiembre con una agenda llena de obligaciones.

Podemos comenzar recuperando algunas rutinas sencillas: reservar un rato para leer los temarios, organizar las tareas de los próximos días o volver a dedicar tiempo a actividades que requieren concentración. El objetivo es acostumbrarnos de nuevo a distribuir nuestro tiempo sin convertir los últimos días de vacaciones en una especie de curso anticipado.

También puede ser útil pensar en cómo queremos organizar las tardes cuando empiecen las clases. No hace falta elaborar un horario definitivo, pero sí podemos empezar a valorar cuánto tiempo necesitaremos para estudiar, descansar o realizar otras actividades.

Investigar asignaturas y encontrar motivación

Empezar un curso nuevo suele significar encontrarnos con materias desconocidas o con asignaturas que conocemos solo por su nombre. Esa falta de información puede hacer que algunas nos resulten más difíciles o menos atractivas antes incluso de haber empezado.

Dedicar un rato a investigar qué contenidos se estudiarán puede cambiar esa percepción. Podemos consultar los temarios, buscar información sobre algunos de los conceptos que aparecerán durante el curso o descubrir qué relación tienen esas materias con cuestiones que ya nos interesan.

Empezar con motivación es importantísimo para mantener las ganas durante el curso y no podemos esperar que sea algo externo. Es fácil motivarse cuando alguien viene y nos ofrece un plan divertido, pero no es igual de fácil cuando lo que nos ofrecen es un plan de estudios. Por eso, encontrar la motivación depende de que nosotros seamos capaces de activar ese motor interno y la mejor forma es teniendo curiosidad, investigando las asignaturas, qué posibles aplicaciones laborales tendrán esos conocimientos, a los docentes que las van a impartir y qué cosas han hecho a lo largo de su carrera, sus publicaciones, investigaciones…

Repasar un poco no mató a nadie

En una carrera universitaria, los conocimientos adquiridos durante el año anterior serán necesarios para comprender los nuevos contenidos. Por eso, un pequeño repaso puede ayudarnos a recuperar ideas que, después de varias semanas sin utilizarlas, tenemos algo olvidadas.

No hace falta volver a estudiar todos los temas ni repetir ejercicios durante horas. Podemos revisar esquemas, apuntes o conceptos básicos y comprobar qué contenidos recordamos mejor y cuáles necesitaríamos refrescar.

Este repaso también puede servirnos para empezar el curso con menos sensación de desconexión. Cuando volvemos a enfrentarnos a una materia después de mucho tiempo, a veces necesitamos varios días simplemente para recordar dónde nos habíamos quedado.

Preparar el material con tiempo

Esperar al último momento para organizar apuntes, revisar qué material necesitamos o preparar el espacio de estudio puede añadir un estrés innecesario a los primeros días de clase.

Podemos aprovechar algún rato para ordenar los apuntes del curso anterior, guardar aquello que ya no necesitaremos y dejar espacio para los nuevos materiales. También es un buen momento para comprobar qué tenemos en casa y qué necesitaremos adquirir cuando empiece el curso.

Preparar estas cuestiones antes no hará que tengamos más ganas de volver a clase, pero sí puede evitar que los primeros días estén llenos de pequeñas tareas pendientes que podríamos haber resuelto con tranquilidad. Además, ¿A quién no le gusta estrenar agenda, cuadernos comprar nuevos bolis…? El material escolar lleva dándonos pequeños grandes placeres desde pequeños. No abandonemos esos rituales.

No siempre vamos a conseguir evitar por completo el bajón de volver a clase. Pero sí podemos hacer que la transición sea menos brusca si empezamos a recuperar el ritmo poco a poco, sin exigirnos que el último día de vacaciones estemos completamente preparados para afrontar el curso, pero sí deseando que así sea.