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Mantén tu cerebro en forma y mejora tu cultura

Mantén tu cerebro en forma y mejora tu cultura

Esto no va de ponerse a estudiar en verano, va de un cambio de mentalidad que deberíamos aplicar cada día de nuestra vida hasta que forme parte de nosotros. Va de aprender de cada situación y no en plan trascendental; hablamos de aprender de verdad y mantener nuestro cerebro en forma.

Las vacaciones están para descansar y hay que aprovecharlas para hacerlo. Pero descansar no significa que tengamos que apagar el cerebro durante tres meses. Podemos seguir aprendiendo sin sentarnos delante de un libro de texto, simplemente acostumbrándonos a mirar a nuestro alrededor con un poco más de curiosidad.

Porque lo de aprender no se hace solamente estudiando, también se hace observando, haciéndose preguntas, investigando…

Y tú, ¿qué haces antes de ir a un museo?

Imaginemos que estamos de viaje y decidimos visitar un museo. Podemos entrar, mirar los cuadros, decidir cuáles nos gustan más y salir tan contentos.

O podemos dedicar cinco minutos antes de entrar a informarnos sobre lo que vamos a encontrar. ¿Quién pintó ese cuadro? ¿En qué época vivió? ¿Por qué utilizaba esos colores? ¿Qué estaba ocurriendo cuando lo pintó? ¿Quiénes son las personas que aparecen representadas? ¿Qué movimiento artístico representa? ¿Quiénes fueron sus coetáneos?

No hace falta convertir una visita al museo en una clase de Historia del Arte. Conocer unas cuantas cosas sobre aquello que estamos viendo hará que lo disfrutemos de una forma más intensa y nos llevemos a casa muchas más cosas que unas fotografías y un recuerdo general.

Y esto no sirve solo para cualquier museo (de historia, de ciencia, de arqueología…), también para cine, música, libros… ¿Te has preguntado por qué no nos hacemos más preguntas? Cada experiencia nos da la posibilidad de aprender algo nuevo sin tener la sensación de estar estudiando.

Viajar sin curiosidad es un desperdicio

Cuando viajamos, es fácil quedarnos con lo evidente: qué bonita es esta plaza, qué impresionante es aquella catedral o qué buena está la comida. Pero lo disfrutaríamos más si nos preguntarnos qué estamos viendo.

Si entramos en una iglesia, podemos averiguar de qué estilo arquitectónico es. Si paseamos por el casco antiguo de una ciudad, podemos investigar cuándo se construyeron sus edificios más importantes. Si vemos una fortaleza, podemos conocer para qué se utilizaba y qué ocurrió allí.

Hace 40 años, esto obligaba a comprar guías de viaje, buscar en bibliotecas, preguntar a la gente… Ahora basta con abrir el buscador del teléfono, así que tampoco requiere de un esfuerzo titánico. El conocimiento está, literalmente, en nuestra mano. ¿Qué dice de nosotros el hecho de pasemos de consultarlo? Que no estamos potenciando nuestra curiosidad ni aprovechando nuestras posibilidades de aprendizaje.

No es necesario que nos convirtamos en expertos en arquitectura, Historia o arte para disfrutar de un viaje. Basta con tener curiosidad. Descubrir por qué una ciudad es como es hará que nos guste todavía más y que construyamos recuerdos más duraderos.

Conversar enriquece

Podemos hablar con alguien que trabaja en un sector que nos resulta interesante, con una persona que ha vivido en otro país, con alguien que conoce profundamente la historia de la ciudad que estamos visitando o simplemente con alguien que tiene una afición que desconocíamos por completo. Preguntar es una de las formas más sencillas de aprender.

Y no hace falta que la conversación tenga ninguna finalidad concreta. No estamos haciendo networking ni intentando conseguir nada. Simplemente estamos descubriendo otras formas de ver el mundo lo que en tiempos en los que el pensamiento mayoritario está marcado por las tendencias de las redes y mediatizado por un algoritmo, es un auténtico lujo. Aprender a escuchar a los demás tratando de entender cómo piensan es un ejercicio fantástico para nuestro cerebro.

Un documental de vez en cuando no hace daño

No hay nada malo en pasar una tarde viendo una serie o una película. De hecho, estamos de vacaciones y tenemos derecho a no hacer absolutamente nada.

Pero también podemos aprovechar alguna de esas tardes para ver un documental sobre un tema que nos interese (y que no sea siempre true crime, por favor). Historia, naturaleza, ciencia, arte, tecnología, política, astronomía... Hay tantos temas que podemos encontrar alguno que nos enganche sin demasiados problemas.

Y si después del documental nos quedamos con ganas de saber más, podemos seguir tirando del hilo.

Leer por placer

Durante el verano podemos aprovechar para leer por placer. El curso tiene sus lecturas obligatorias y sus artículos científicos, pero las vacaciones nos dan un respiro y podemos sumergirnos en la ficción. Si alguien piensa que eso es una pérdida de tiempo, que lo piense otra vez: las novelas nos enseñan a pensar, a ver posibles futuros, a imaginar, nos muestran otras épocas y costumbres, nos conectan con experiencias que jamás podríamos vivir fuera de las páginas de un libro.

Y ahora pensemos… ¿Por qué nos hemos leído Frankenstein de Mary Shelley y no hemos sido capaces de buscar algo sobre la autora, su época, sus familiares o sus amigos? ¿Por qué nos hemos contentado con no hacernos preguntas?

Eso es lo que debemos cambiar. Cuanto antes empecemos a buscar información, antes nos parecerá ridículo el tiempo que hemos pasado sin hacerlo. La curiosidad debe ser parte de nuestra personalidad.

Seguir una pregunta hasta donde nos lleve

Nos encontramos con algo que no conocemos y lo buscamos. ¿Por qué las casas de esta ciudad tienen esos balcones? ¿Quién inventó este objeto? ¿Por qué este idioma tiene palabras tan parecidas al nuestro? ¿Cómo funciona el avión en el que estamos viajando? ¿Por qué el mar tiene aquí un color distinto?

Una pregunta lleva a otra y, sin darnos cuenta, podemos pasar media hora descubriendo cosas. No estamos estudiando para un examen. No tenemos que memorizar nada ni tomar apuntes. Simplemente estamos satisfaciendo nuestra curiosidad. Y eso también es aprender, pero de una forma más general y más útil para el día a día. Porque saberlo todo sobre leyes penales o la vesícula biliar es estupendo para nuestra futura profesión, pero saber, así en general, tener cultura, nos da las herramientas necesarias para vivir en sociedad, entender el mundo y vivir más satisfechos.

No hace falta convertir las vacaciones en otro curso. Hay una diferencia importante entre mantener la mente activa y seguir estudiando. No necesitamos levantarnos a las ocho para hacer ejercicios, preparar resúmenes ni marcarnos objetivos académicos para agosto. Después de un curso entero, descansar es necesario.

Lo único que se requiere es no perder la costumbre infantil (o recuperarla) de preguntarnos «¿por qué?».

Y cuando volvamos a clase...

Después de tantas semanas sin horarios, apuntes ni profesores, volver a estudiar puede costarnos un poco. Es normal. Nuestro cerebro también se acostumbra a la tranquilidad.

Pero si durante el verano hemos seguido leyendo, preguntando, descubriendo cosas y prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, probablemente el cambio no sea tan brusco. Porque estudiar una carrera no debería consistir únicamente en memorizar aquello que entra en el examen. También debería servirnos para convertirnos en personas más curiosas, capaces de interesarnos por el mundo y de aprender cosas nuevas incluso cuando nadie nos las ha pedido.

Y para conseguirlo no necesitamos abrir un solo libro de texto, basta con salir a la calle y mirar un poco mejor.