¿Estás perdiendo la motivación? Reencuéntrala

¿Estás perdiendo la motivación? Reencuéntrala

A lo largo de la carrera es normal que perdamos motivación o que tengamos momentos en que lo que queremos es pasar de todo, pero está en nuestras manos volver a ilusionarnos y no es tan difícil como parece.

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Optimistas, pero no tontos

Sería absurdo pensar que durante todo el tiempo que dura la carrera vamos a estar siempre igual de motivados. A veces son problemas personales, a veces es porque las asignaturas que nos tocan ese cuatrimestre son aburridísimas, por cansancio, porque estamos hartos de la rutina o porque tenemos que compaginar los estudios con el trabajo y no tenemos ni un rato libre. Da igual, la cuestión es que llega un momento en el que estamos hasta las narices e incluso tenemos ganas de tirar la toalla.

No te ignores

Evidentemente mandar todo al garete por un momento de bajón es absurdo, pero lo que tampoco podemos hacer es pasar olímpicamente de ese sentimiento porque, si bien puede desaparecer por sí solo, también puede agravarse y acabar haciendo de nuestros estudios un proceso insoportable en el que sufrimos cada día hasta desembocar en el abandono.

Usa la memoria

Lo primero que tenemos que hacer es encontrar la motivación original: cuando empezamos a estudiar, soñábamos con aprender lo que nos gustaba, con la gente que conoceríamos, con las experiencias que viviríamos como universitarios y también con nuestra futura profesión. Es posible que el proceso no esté resultando tan maravilloso como pensábamos, pero debemos reconectar con ese sentimiento que nos hacía felices viéndonos a nosotros mismos trabajando en algo gratificante. Ya tendremos tiempo más adelante para darnos cuenta de que trabajar es mucho más feo de lo que parece, pero por ahora, hay que centrarse en que los estudios son un trámite indispensable para alcanzar nuestras metas. Y si la desilusión que experimentas ahora te hace plantearte que igual estarías mejor limpiando casas, ponte a limpiar la tuya tres días seguidos y vuélvetelo a pensar: cualquier trabajo cualificado será más gratificante y estará mejor pagado que uno para el que no te piden ni el graduado escolar.

Trata de ver el lado bueno

Salvo en casos críticos, como comer acelgas, cualquier experiencia desagradable tiene sus cosas buenas. Es prácticamente imposible que no haya absolutamente nada de tu carrera que te guste (y si ese es el caso, el problema está en que has elegido mal el grado y quizá debas plantearte la posibilidad de cambiar de titulación, no de abandonar los estudios). Puede que haya unas cuantas asignaturas infumables, pero seguro que hay otras que te encantan o profesores que hacen que merezca la pena escucharlos dos horas seguidas. Lo importante en esos momentos de bajón es que nos centremos en las cosas positivas y tratemos de ser más conscientes de ellas que de las que no nos gustan. Hay que intentar ver el lado positivo de las cosas si queremos reencontrar nuestra motivación perdida.

Organización

Muchas veces, la saturación y el agobio aparecen porque no tenemos una buena organización. Dedicamos un tiempo excesivo a estudiar, pasar apuntes y cosas así; pero, si tuviéramos una buena organización, haríamos estos trabajos mucho más rápido y podríamos disfrutar con cosas más agradables. Si te sientes agobiado por falta de tiempo, para y reorganiza tus rutinas. Es posible que el cambio en sí mismo o la simple voluntad de cambiar ya sean fuentes de motivación.

No te calles

Lo peor que podemos hacer es guardarnos lo que sentimos para nosotros mismos y cargar con ello como si tuviéramos que mantenerlo en secreto. Busca apoyo, habla de lo que sientes con tu familia o amigos y exteriorízalo. Verás que cuando sacas fuera tus problemas nunca son tan terribles como parecen y que tu gente te ayudará a relativizar y encontrar soluciones prácticas. Si nos sentimos comprendidos y entendemos que no estamos solos, las dificultades se llevan mucho mejor.

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