Los 6 errores que solemos cometer en una presentación oral
¿Tienes que presentar un trabajo o hacer alguna exposición oral en clase? Te contamos los 6 errores más comunes y cómo solucionarlos.
Es muy normal que nos pongamos de los nervios antes de exponer un trabajo. El corazón se acelera, nos sudan las manos, nos tiembla el pulso, sentimos nos cambia la voz y el miedo a hacer el ridículo se nos anuda al estómago como una boa constrictor.
Pero como con todo, la práctica hace la perfección y, tras unas cuantas exposiciones orales, será pan comido. Ahora bien, para llegar a eso, a la aparente tranquilidad absoluta del buen orador, hay que pasar primero por los nueve círculos del infierno de Dante. No pasa nada, estamos para ayudarte: en esta horrible fase de aprendizaje queremos ser tu Virgilio y guiarte para que todo vaya lo mejor posible y hagas una gran presentación.
El gran secreto
Los nervios son buenos. Lo que no es bueno es el estrés paralizante que sentimos cuando los nervios se nos descontrolan, pero una cantidad controlada de nervios es esencial para que hagamos una buena presentación. Incluso los actores o músicos más experimentados sienten esa pizca de adrenalina antes de salir a escena. De hecho, esos nervios controlados nos aportan una mayor rapidez mental (esencial para salir rápido del atolladero si algo sale mal), nos hacen estar más pendientes del público (para percibir sus emociones y poder cambiar de tercio si vemos que se están aburriendo), nos aportan una mayor concentración (esencial para no perder el hilo), etc.
La cuestión es esta: estar un poco nerviosos es bueno, pero el truco más importante de todo esto es que no se nos note. Por eso, vamos a ver los 6 fallos más comunes y cómo hacer para evitarlos.
1. Leer sin parar
Nadie quiere escuchar a un conferenciante leyendo un texto. Es infumable y, además, indignante. De hecho, pensemos en las clases en las que algún docente lo hace (por desgracia siempre hay alguno). ¿No os pasa que pensáis en que si se trataba de leer el PowerPoint lo podías hacer solos desde vuestro sillón? ¿No os ocurre que tras algunos minutos perdéis la concentración y se os va el hilo de lo que se dice en clase? Bien, pues no es culpa vuestra, sino de un docente pésimo. Y nadie quiere ser el docente pésimo al que no prestan atención cuando va a exponer.
Por eso, cuanto mejor prepares tu presentación, menos necesitarás leer, menos nervioso estarás y, por lo tanto, tendrás menos riesgo de equivocarte y de quedarte en blanco. Usa unas fichas con esquemas solo para guiarte y punto.
2. El baile de San Vito
Me apoyo en una pierna, me apoyo en la otra, en una, en la otra, en una, en la otra… ¿Queremos que nos escuchen o que se entretengan con nuestro hipnótico movimiento pendular? Si eres de los que no pueden parar quietos, camina. No pasa nada por andar y ocupar tu espacio. Es más, puede beneficiarte que te muevas por todo tu “escenario”, que señales en la pantalla, que interacciones con el público…
Todo menos quedarte clavado en un sitio haciendo cosas raras.
3. No usar apoyo visual
Hablando de señalar la pantalla… ni se te ocurra hacer una presentación sin apoyo visual. Salvo que quieras que la gente se duerma o se ponga a consultar el móvil a los tres minutos. Tampoco llenes la pantalla de textos que no vayan a ver desde la fila de atrás. Mejor usa imágenes o frases cortas, ya estás tú para explicar lo necesario.
4. Divagar
No te líes. Sé conciso y claro. Si alguien no entiende algo que levante la mano o que espere al turno de preguntas. Si estás nervioso y te pones a divagar, la presentación se te irá de las manos y te excederás del tiempo que tienes asignado. Sigue tus fichas y sé metódico. Como decíamos, una buena preparación es la clave.
5. No mirar al público
Si miras todo el rato a tus apuntes o a la pantalla, el público se desconectará y tú te sentirás en una burbuja extraña; escondido, pero expuesto. Mantén su atención mirándolos a los ojos y alternado distintos espacios del aula. Si te pone nervioso mirar a la gente, sitúa a unos cuantos amigos en posiciones estratégicas repartidos por el aula y cuéntaselo a ellos. Y si no conoces a nadie en esa clase, mira entre los asientos. Que la gente crea que tienes la vista puesta en el de al lado. Lo que sea menos esconder la cara en un folio.
6. Usar palabras o lenguaje enrevesado
No uses expresiones que normalmente no utilizas. No se trata de hablar como si estuvieras en un bar con tus colegas, pero tampoco hace falta que parezcas un filólogo de la RAE obsesionado con el latín (salvo que seas un filólogo de la RAE dando un simposio sobre lenguas muertas). Debes sentirte cómodo y hablar con naturalidad para llegar a tu público.
Cuanto más natural sea tu presentación y tu puesta en escena, mejor te valorarán los profesores y, con un poco de práctica, podrás enfrentarte a toda la clase sin miedo e incluso disfrutar de la experiencia.