10 consejos para exponer un trabajo en clase y no morirse de vergüenza
Si te tiemblan las piernas solo de pensar en que tendrás que exponer un trabajo delante de toda la clase y el profesorado, sigue estos consejos y ya verás como hasta termina por gustarte.
1. Preparación
La técnica más eficaz contra el estrés es simple: llevarlo bien preparado. Si conocemos bien el tema y hemos practicado varias veces en voz alta delante de nuestra familia o amigos, ya nos habremos hecho una idea de cómo lo vamos a hacer, por lo que nos costará mucho menos relajarnos.
Aunque nos dé pereza repetir mil veces lo mismo, merece la pena sabérselo de casi de memoria, porque si los nervios aumentan demasiado no nos quedaremos en blanco y sabremos decir todo, aunque sea como un autómata.
2. Soporte
Durante la presentación, debes tener a mano en todo momento unas fichas o una tableta como apoyo desde las que puedas seguir el hilo de tu presentación por si algo te hace perderlo. Eso te dará un extra de confianza y estarás menos nervioso al saber que cuentas con ese salvavidas y que no tienes que depender solo de tu memoria.
3. Fuera últimos repasos
Has investigado, te has documentado, has escrito el trabajo y dominas el tema, ya has practicado en casa la presentación y llevas las fichas y tu soporte audiovisual de apoyo, así que no cometas el error de ponerte a repasarlo todo justo antes de empezar la exposición, eso solo te creará inseguridad y te liará la cabeza. Camina, respira profundamente, bebe agua o ponte a hacer yoga si eso te relaja, pero no repases nunca en el último momento.
4. Deja que te escuchen
Es importante que todos los que están presentes puedan escucharte sin problemas, así que debes hablar alto y vocalizar. No le hables al cuello de tu camisa porque no se te entenderá nada, mira al frente y habla despacio y con claridad.
Aunque al principio estemos nerviosos y lo que queramos sea enterrarnos bajo tierra, no podemos dejarnos llevar por el estrés. Quizá nos oigamos la voz rara o temblorosa por los nervios, pero eso solo lo notamos nosotros y, tras los primeros minutos, esa sensación extraña se pasará y hablaremos con más soltura. Solo hazlo como has practicado y deja que pasen los primero minutos. En seguida estarás bien.
5. Crear un ambiente relajado y agradable
Sin dejar de lado la seriedad y profesionalidad que se requiere en las presentaciones orales de trabajos y mucho más en las de los Trabajos de Fin de Grado o de fin de Máster, podemos hacer que el ambiente sea lo más distendido posible bromeando sobre alguna parte (sin pasarnos) o intentando que el público se integre en la exposición haciéndoles preguntas.
En un ambiente algo más distendido tú te sentirás más cómodo y tus espectadores también, además de que les resultará más entretenido escucharte y te valorarán más positivamente.
6. Lenguaje
Usa un lenguaje correcto en todo momento, lo que no quiere decir que tengas que usar todas las palabras de más de 10 sílabas o términos latinos que hayas oído durante la carrera. No se trata de dormir a la gente con tecnicismos insoportables para que vean cuánto vocabulario conoces, se trata de comunicar: el lenguaje sirve para hacerse entender. Habla con propiedad pero de forma sencilla y directa, no digas tacos ni uses expresiones de argot.
Tampoco uses frases muy largas o subordinadas. Ni en textos ni hablando esto funciona para mantener la atención. Mejor frases cortas y directas; preguntas y respuestas; conclusiones enumeradas y concreción.
7. Gestualización
No hagas demasiados aspavientos con los brazos ni te muevas sin parar, tampoco te quedes como un clavo, tus gestos deben ser normales, relajados, deben apoyar a tus palabras marcando el énfasis en lo importante, pero no distraer la atención de lo que estás diciendo. No sobreactúes, interacciona de forma normal como si estuvieras en una conversación relajada. Aunque por dentro estés hecho un flan, si te muevas con soltura te irás relajando poco a poco y los demás no lo notarán.
Si ves que quedándote quieto empiezas a mover una pierna compulsivamente o a cambiar el peso de una a otra todo el tiempo, pasea. No pasa nada si te mueves, señalas la presentación que estás exponiendo o te apoyas en una mesa. Aunque tú no te sientas así, finge, tiene que parecer que estás como Pedro por su casa.
8. Dónde mirar
No mires solo a tus fichas o al PowerPoint, eso lo puedes hacer de vez en cuando para apuntar algo o para aislarte un poco del público si la sensación de ser observado te incomoda demasiado, pero no te olvides de que necesitas conectar con la gente que te escucha, así que aunque quisieras hacer la presentación detrás de un biombo, no puedes.
Tienes que mirar a tu público y entender sus expresiones que te servirán como guía para saber si están atentos, si les interesa lo que dices, si es momento de bromear un poco para que no se duerman o si, por el contrario, debes ponerte algo más serio para que no se tomen a broma tu trabajo.
Haz barridos por la sala de izquierda a derecha y de derecha a izquierda y fija de vez en cuando la vista en alguien al azar que te devuelva la mirada, pero no siempre con los mismos. Así conseguirás que cada espectador sienta que le hablas a él y se implicarán más en la presentación.
9. Respiración
Trata de respirar con normalidad, no te asfixies con las palabras, toma aire y continúa. Llevar una respiración lenta y profunda nos ayuda a estar relajados, pero también a que nuestra dicción sea buena y a controlar la velocidad de nuestra charla.
Cuando estamos nerviosos y tenemos la sensación de que nos falta el aliento suele ser por lo contrario: un exceso de respiración. Tomamos aire y luego nos olvidamos de expulsarlo y luego volvemos a inspirar y así vamos por ahí con el pecho como un palomo y sintiendo que nos ahogamos. Inspira y expira. Hasta el final. Ya verás como el ahogo desaparece.
10. Paz interior
Siempre que empezamos a hablar ante un público, da igual si es la primera vez o lo hemos hecho ya cientos de veces, sentimos una sensación angustiosa de despersonalización. Es como si, al principio, nuestro cuerpo, nuestros actos, fueran por separado de nuestra mente, como si nuestra voz no nos perteneciera. Es muy normal. Hay actores que tras años y años de profesión, siguen sintiendo esa desagradable impresión al salir a escena.
El quid de la cuestión es pasar ese proceso lo más rápido posible para volver a sentirnos dueños de nosotros mismos, y la mejor forma de hacerlo es reconociendo lo que nos está pasando para no dejarnos llevar por el pánico y recurrir a nuestras técnicas de relajación más efectivas. Y no es solo reconocerse a uno mismo lo que le está pasando, incluso podemos reconocerlo abiertamente porque si nuestro público empatiza con nosotros, será más amigable y si nosotros mostramos una vulnerabilidad en voz alta, nos sentiremos inmediatamente más seguros. Extrañas cosas que hace el cerebro, pero es así.
Hay que conseguir paz interior, y, en el peor de los casos, aguantar el trago siendo conscientes de que la exposición tan solo durará unos pocos minutos. Cuando la sensación pase y veamos que no ha sido para tanto y que lo estamos haciendo bien, todo nos saldrá mucho más fluido y natural y nos sentiremos mejor con nosotros mismos.
¡Sigue nuestro blog para más cosejos útiles!