Las mejores aplicaciones de IA para ayudarte a estudiar
Hace apenas unos pocos años hablar de inteligencia artificial en la universidad era ciencia ficción. Hoy forma parte del día a día de muchos estudiantes, pero no siempre se usa de la manera correcta ni buscamos IA más especializadas.
La inteligencia artificial puede ser una gran aliada para estudiar o una forma muy rápida de tirar a la basura la posibilidad de aprender. Si le pedimos que haga un trabajo por nosotros, probablemente aprobaremos, aunque no con la mejor nota, pero ese trabajo no nos habrá servido para nada. En cambio, si no usamos las IA como sustitutas de nuestro cerebro sino como herramientas que nos ayudan a comprender mejor un tema, organizarnos o ahorrar tiempo en determinadas tareas, puede convertirse en una aliada realmente útil.
Estas son algunas de las aplicaciones que merece la pena conocer:
Para entender artículos científicos
Hay pocos momentos más desalentadores que abrir un artículo científico de treinta páginas y descubrir que no entendemos prácticamente nada del resumen.
En estos casos, algunas herramientas pueden ayudarnos a comprender el contenido sin sustituir la lectura.
NotebookLM, de Google, permite subir artículos, apuntes o libros en PDF y hacer preguntas únicamente sobre esos documentos. Esto hace que las respuestas sean mucho más fiables que cuando preguntamos de forma genérica a un asistente de IA.
Otra opción muy interesante es SciSpace, diseñada específicamente para trabajar con publicaciones científicas. Explica conceptos complejos, aclara términos técnicos e interpreta tablas o metodologías de investigación de forma bastante sencilla.
Y, por supuesto, también podemos utilizar herramientas como ChatGPT o Claude para pedir explicaciones sobre conceptos concretos o solicitar un resumen de un apartado. Eso sí, siempre conviene contrastar la información con el documento original, porque las IA mienten a lo bestia, se inventan citas que no existen y reinterpretan la realidad para decirnos lo que ellas creen que queremos oír.
Para encontrar bibliografía
Hay veces que el mayor problema no es leer un artículo, sino encontrarlo en el océano de internet.
Aplicaciones como Consensus o Elicit buscan directamente entre publicaciones científicas y ayudan a localizar investigaciones relacionadas con el tema que estamos estudiando.
No todo está en la red y no todas las bases de datos universitarias están abiertas a compartir sus archivos, por lo que no hay que limitar la búsqueda a estas herramientas, pero pueden convertirse en un excelente punto de partida para empezar una revisión bibliográfica.
Para transcribir clases
Tomar buenos apuntes mientras seguimos una explicación no siempre resulta fácil.
Existen aplicaciones como Otter.ai, Notta o TurboScribe capaces de transcribir una grabación de voz y convertirla en texto de forma bastante precisa.
Ahora bien, antes de grabar una clase conviene asegurarnos de que el profesor lo permite y de que la normativa de nuestra universidad no lo prohíbe. La tecnología debe facilitarnos el estudio, pero siempre respetando la privacidad y las normas del aula.
Por otro lado, grabar una clase y que una IA nos transcriba el texto es la leche. Nada de matarse a escribir clase tras clase hasta que parece que se nos va a caer el brazo. Nada de frustrarse con profesores que van a la velocidad del rayo o que no vocalizan bien. Todo fenomenal salvo por el hecho de que las clases son la base de nuestro aprendizaje y que usar estas IA sin cabeza sería como poner un oso de peluche sentado en nuestro pupitre y dejar que asistiese a la universidad por nosotros.
La forma no dañina de usar esto es grabar, tomar nuestros propios apuntes, hacer las preguntas oportunas si no entendemos algo y después, en casa, comparar nuestras notas con las transcripciones de la IA (que seguramente haya pillado más contenido, pero también se habrá equivocado mucho más).
Para organizar el estudio
A veces no necesitamos estudiar más, sino organizarnos mejor.
Herramientas como Notion AI ayudan a planificar tareas, resumir notas y mantener organizado todo el material de una asignatura.
Otra aplicación muy curiosa es Goblin Tools, especialmente útil cuando tenemos delante una tarea enorme y no sabemos por dónde empezar. La divide automáticamente en pequeños pasos mucho más fáciles de afrontar.
Para corregir nuestros textos
Todos cometemos errores al escribir. Algunos son simples despistes y otros tienen que ver con la claridad o la forma de expresar una idea.
Aplicaciones como LanguageTool permiten revisar ortografía, gramática y puntuación en español con bastante precisión. Si además escribimos en inglés, Grammarly sigue siendo una de las herramientas más completas.
También merece la pena probar DeepL Write, que propone mejoras de estilo sin cambiar el sentido del texto.
En cualquier caso, conviene recordar que corregir un trabajo no significa dejar que otra herramienta lo escriba por nosotros. El contenido debe seguir siendo nuestro. También conviene recordar que no tendremos estas herramientas para los exámenes escritos, así que aprender ortografía sigue siendo superimportante. Si nos sacamos un título universitario sin distinguir a ver de haber o errores por el estilo, lo hemos hecho francamente mal y, a la larga, terminará por avergonzarnos.
Para memorizar mejor
La inteligencia artificial también puede ayudarnos a preparar un examen.
Anki continúa siendo una de las mejores aplicaciones para estudiar mediante tarjetas de memoria gracias a su sistema de repetición espaciada.
Por su parte, Quizlet y StudySmarter incorporan funciones de inteligencia artificial capaces de generar preguntas o tarjetas a partir de nuestros propios apuntes.
Son especialmente útiles para asignaturas con mucha terminología, fechas, definiciones o clasificaciones.
La inteligencia artificial no puede sustituir a tu cerebro
Lo repetimos porque quizá esta sea la idea más importante de todas y tiene que calar. La IA puede resumir un texto, explicar un concepto complicado, ayudarnos a organizar el estudio o corregir un escrito. Lo que no puede hacer es aprender por nosotros.
Si utilizamos estas herramientas para evitar pensar, para trabajar lo mínimo posible, para hacer el menor esfuerzo, nos estamos equivocando. ¿Quién querría ser atendido por un médico que ha estudiado así? ¿Quién querría a un abogado que no tiene ni idea? ¿Y a un docente? Da igual la profesión que queramos desarrollar en el futuro, ser un inepto no funciona para ninguna.
Estudiar es duro, a veces es aburrido, requiere esfuerzos tremendos, sacrificios que nos resultan dolorosos (como perderse un viaje con amigos por tener que estudiar), pero es así y por eso nos hace sentirnos tan orgullosos cuando nos graduamos y nos dan nuestro eTítulo. Orgullosos también cuando desarrollamos una profesión en la que somos expertos y nos sentimos útiles y contentos con nuestra labor. No podemos regalar eso por nada del mundo y mucho menos por vagos.
Tampoco se trata de demonizar las IA. Bien usadas, son herramientas fantásticas que nos ayudan a comprender mejor, a estudiar con más eficacia o a dedicar nuestro tiempo a tareas realmente importantes.
Como ocurre con cualquier otra herramienta, la diferencia no está en la tecnología, sino en el uso que hacemos de ella.
Y esa decisión, al menos de momento, sigue dependiendo únicamente de nosotros. Decidamos sabiamente.