Viajar con presupuesto universitario es posible
Viajar es una de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir y más durante nuestro periodo universitario, cuando hacemos nuestros primeros viajes sin la familia y con la mente abierta a nuevos aprendizajes.
Conocer otras ciudades, practicar idiomas, descubrir otras formas de entender el mundo o, simplemente, salir de la rutina nos ayuda a crecer tanto a nivel personal como académico. El problema es que nuestro presupuesto no siempre acompaña a nuestras ganas de hacer la maleta.
La buena noticia es que viajar no tiene por qué ser tan caro como parece. Con un poco de planificación y algunos trucos, podemos recorrer muchos lugares sin gastar demasiado.
Planificar es ahorrar
Las escapadas improvisadas tienen mucho encanto, pero cuando el presupuesto es ajustado conviene organizarse con algo más de tiempo y cabeza.
Reservar el transporte y el alojamiento con antelación nos permitirá encontrar mejores precios y, además, tendremos más opciones entre las que elegir. También merece la pena comparar distintas fechas. A veces cambiar el viaje un solo día puede suponer un ahorro considerable.
Aprovechemos los descuentos para estudiantes
El carné universitario no solo sirve para identificarnos en un examen. También puede abrirnos muchas puertas que debemos aprovechar:
Museos, monumentos, teatros, transporte público o actividades culturales ofrecen descuentos para estudiantes en muchas ciudades. Antes de comprar una entrada conviene dedicar unos minutos a comprobar si existe alguna tarifa reducida.
Y, si viajamos al extranjero, puede ser interesante informarse sobre tarjetas internacionales para estudiantes, ya que algunos países las aceptan en multitud de establecimientos.
No nos pongamos muy sibaritas con el alojamiento
La imagen estereotípica de las vacaciones es la del hotel con piscina, pero existen muchas alternativas más asequibles.
Apartahoteles y hostales suelen ser algo más baratos y, por debajo de eso, están los albergues juveniles y los campings que, salvo que estén de moda y se hayan rebautizado como “glampings” suelen tener precios muy asequibles.
Lo que siempre nos olvidamos de consultar es que también hay residencias universitarias que, durante los meses de verano, alquilan habitaciones a estudiantes de otros sitios. Lo importante es comparar opciones y no quedarse únicamente con la primera que aparezca.
Comer bien sin gastar una fortuna
Uno de los mayores gastos durante un viaje suele ser la comida porque, en vez de cocinar, nos pasamos el día en bares y restaurantes. Obviamente, hay pocos bolsillos universitarios que se puedan permitir algo así.
No se trata de sobrevivir a base de bocadillos durante una semana, pero sí podemos combinar alguna comida en restaurantes con otras preparadas por nosotros si el alojamiento dispone de cocina (algo muy deseable que deberíamos tener en cuenta en la planificación).
También es buena idea alejarnos de las zonas más turísticas. En muchas ciudades basta con caminar unas pocas calles para encontrar restaurantes baratos y que nos proporcionarán una experiencia mucho más auténtica. Comer donde van a comer las personas que son de ese sitio siempre es mejor idea que recurrir a aquellos locales planeados para turistas. Preguntar por la calle siempre es buena idea.
Más allá de los destinos de moda
En pleno verano, todos queremos ir a los mismos sitios y eso tiene una consecuencia muy sencilla: los precios se disparan. Si buscamos alternativas menos masificadas, podremos viajar por mucho menos dinero sin renunciar a disfrutar del viaje.
Mientras miles de turistas llenan las playas más conocidas del Mediterráneo, hay ciudades del norte de España, zonas del interior o países europeos con temperaturas más suaves en verano —como Polonia, Eslovaquia o algunos destinos de Rumanía— donde el alojamiento y la restauración suelen resultar bastante más económicos que en los grandes destinos turísticos. Al fin y al cabo, muchas veces no recordamos un viaje por haber ido al lugar más famoso, sino por todo lo que descubrimos por el camino.
Viajar ligero ahorra dinero y sufrimiento
Hay compañías de transporte que cobran un suplemento importante por llevar equipaje facturado.
Si conseguimos organizarnos para viajar únicamente con una mochila o una maleta de cabina, además de ahorrar dinero, ganaremos comodidad y evitaremos cargar con objetos que probablemente ni siquiera utilicemos. Además, si cargar con el equipaje no es agotador, podremos recorrer distancias a pie para ahorrar en transporte.
Al final, solemos necesitar muchas menos cosas de las que creemos cuando nos ponemos a hacer la maleta. El arte de viajar ligero es algo que hay que dominar.
Compartir gastos es buena idea
Viajar solo tiene muchas ventajas, pero si nuestro presupuesto es ajustado, viajar acompañado suele salir bastante más barato. Compartir un alojamiento, dividir el coste del combustible, cocinar entre varios o incluso repartir el precio de una consigna para dejar las mochilas puede hacer que el presupuesto final baje considerablemente.
Además, muchas plataformas de alojamiento ofrecen mejores precios cuando el coste se divide entre varias personas. Un apartahotel que puede parecer caro para dos viajeros se convierte en una opción muy económica si somos cuatro o cinco. Eso sí, antes de reservar conviene dejar claras cuestiones como el presupuesto, el tipo de viaje que queremos hacer o cómo vamos a repartir los gastos. Hablar de dinero antes de salir suele evitar más de un disgusto durante las vacaciones y más de una discusión.
Viajar no siempre es fácil cuando el presupuesto es ajustado, pero tampoco es imposible. Con un poco de planificación, aprovechando los descuentos disponibles y priorizando aquello que realmente merece la pena, podemos descubrir lugares nuevos sin que nos sea imposible pagarlo.