¿Sabemos realmente cómo funciona nuestra universidad?
Sabemos dónde están nuestras aulas, hemos aprendido a llegar a la cafetería, a los baños y, seguramente, ya tengamos localizado el camino más rápido desde casa hasta la facultad. Pero ¿sabemos dónde consultar cuándo podemos modificar la matrícula? ¿A quién tenemos que preguntar si tenemos un problema con una asignatura? ¿Y con un profesor? ¿Cómo conseguimos un libro que necesitamos para un trabajo? ¿Dónde se publican las convocatorias de becas o las fechas de los exámenes?
Empezar una carrera también significa aprender a movernos por una institución bastante más grande y compleja que el instituto. Y muchas veces descubrimos cómo funciona cuando ya están a punto de darnos el eTítulo.
Empecemos por la web de la universidad
Puede parecer superevidente y, sin embargo, es fácil pasar meses entrando únicamente en la página de nuestra facultad y no mirar nada más.
La web de la universidad debería ser uno de nuestros primeros lugares de consulta. Allí encontraremos información sobre matrícula, calendario académico, normativa, becas, convocatorias, servicios, actividades, movilidad, prácticas y otros trámites que vamos a necesitar conocer.
Conviene dedicar unos minutos a localizar las secciones que más vamos a utilizar. No necesitamos memorizar dónde está cada cosa. Basta con saber dónde empezar a buscar cuando necesitemos información.
Preguntar a nuestros compañeros también ayuda. Siempre hay alguien por ahí con el don de entender la burocracia; mantengamos a esa gente valiosa bien cerca y cuidada.
El campus virtual será una herramienta necesaria (aunque un poco odiosa)
Normalmente, y para desgracia de profesorado y estudiantes, el campus virtual es la cosa menos intuitiva que hay. Además, suele ser antiestética, confusa y difícil de usar. Aun así, hay que hacerse con ella, así que cuanto antes la dominemos, mejor para nuestra salud mental.
Ahí podemos encontrar materiales de las asignaturas, avisos del profesorado, actividades, fechas de entrega y otros recursos docentes. Cada universidad utiliza su propia plataforma y cada profesor puede organizarla de una manera diferente. Es decir, bienvenidos al caos.
También es importante comprobar qué notificaciones recibimos y hacerlo con frecuencia. Una información publicada en el campus virtual puede ser tan importante como la que se comunica en clase, especialmente cuando afecta a una entrega, un cambio de aula o una actividad.
Nuestro correo universitario no está de adorno
Al matricularnos solemos recibir una cuenta de correo institucional. Lo mismo se peta de correos que no nos llega nada en meses. Por eso, conviene revisarla cada cierto tiempo (poco) no se nos vaya a pasar algo importantísimo que solo han tenido a bien comunicarnos por esa vía.
La universidad y el profesorado pueden utilizar este correo, del que seguramente olvidaremos la clave 200 veces, para comunicarse con nosotros, enviar avisos o informarnos de determinados procedimientos. Además, cuando necesitemos contactar con un profesor, una secretaría o cualquier servicio universitario, utilizar nuestra cuenta institucional permite identificarnos como estudiantes de la universidad.
La biblioteca tiene mucho más que libros
Una de las primeras cosas que deberíamos descubrir es qué ofrece la biblioteca de nuestra facultad.
Además de libros impresos, podemos encontrar manuales electrónicos, revistas científicas, bases de datos, repositorios y otros recursos que probablemente necesitaremos cuando empecemos a preparar trabajos académicos. También suele haber espacios de estudio, zonas para trabajar en grupo donde sí podremos hacer ruido y personal que puede orientarnos sobre cómo localizar información.
No hace falta esperar al primer trabajo importante para descubrir cómo funciona, mejor empezar antes para no liarnos. Saber buscar un libro, acceder a un artículo científico o utilizar una base de datos puede suponer una diferencia considerable cuando tengamos que investigar sobre un tema y no sepamos por dónde empezar.
¿Sabemos quién puede ayudarnos?
Una de las primeras cosas que conviene aprender es qué persona o servicio se ocupa de cada cuestión.
El profesor puede resolver dudas sobre su asignatura, pero no será la persona adecuada para explicarnos un problema de matrícula. La secretaría de la facultad puede ayudarnos con determinados trámites académicos, mientras que otros asuntos corresponden a servicios específicos de la universidad.
También están las tutorías, que no deberían utilizarse únicamente cuando tenemos un problema grave con una asignatura. Podemos acudir a ellas para plantear dudas sobre los contenidos, nuestro aprendizaje o, dependiendo de la universidad y del profesor, cuestiones relacionadas con nuestro recorrido académico.
Aprender a pedir ayuda también consiste en saber a quién tenemos que pedirla.
Hay normas que conviene conocer antes de necesitarlas
Todas las universidades tienen normativas que regulan cuestiones como la evaluación, las convocatorias, la permanencia, la matrícula, los trabajos académicos o determinados procedimientos.
No necesitamos leer de principio a fin toda la normativa de nuestra universidad. Pero sí deberíamos saber dónde encontrarla y echarle un ojo por encima.
La información oficial no siempre es la más entretenida, pero puede evitarnos más de un problema. No necesitamos convertirnos en expertos en normativa universitaria. Pero sí deberíamos saber dónde consultar las reglas que afectan directamente a nuestra situación.
¿Qué ocurre si suspendemos una asignatura? ¿Cuántas convocatorias tenemos? ¿Podemos modificar la matrícula? ¿Qué requisitos existen para hacer el TFG? ¿Cómo funciona la evaluación? ¿Qué condiciones hay para permanecer en la titulación?...
La universidad ofrece más servicios de los que utilizamos
Una universidad no está formada únicamente por facultades y aulas. Dependiendo del centro, podemos encontrar servicios de orientación profesional, idiomas, deportes, actividades culturales, movilidad internacional, atención al estudiante, asociaciones, apoyo tecnológico, programas de voluntariado o iniciativas relacionadas con el empleo.
No tenemos que apuntarnos a todo ni utilizar todos estos servicios. Pero merece la pena saber que existen por si las moscas.
Quizá durante el primer curso no nos interese ninguno y dos años después necesitemos orientación para buscar prácticas, queramos solicitar una estancia en otro país o descubramos una actividad que encaja perfectamente con nuestros intereses.
Conviene descubrir todo esto antes de tener un problema
Una de las diferencias entre empezar una carrera y continuar en el instituto es que la universidad nos exige mucha más autonomía. Nadie tiene por qué explicarnos cada trámite, recordarnos cada recurso o decirnos dónde encontrar la información que necesitamos.
Por eso, durante estas primeras semanas viene bien dedicar un rato a explorar nuestra universidad. Entrar en el campus virtual, comprobar el correo institucional, localizar la biblioteca, visitar la web y descubrir dónde están las secretarías, conocer las tutorías y echar un vistazo a los principales servicios puede parecer poco importante cuando todo funciona correctamente. Hasta que deja de funcionar.
Ahí vamos a agradecer haber hecho el recorrido completo.
Conocer nuestra universidad no consiste en memorizar todos sus departamentos ni aprendernos la normativa. Consiste en saber dónde encontrar la información, qué recursos tenemos a nuestra disposición y a quién podemos acudir cuando necesitamos ayuda. Es una parte más de aprender a desenvolvernos en el entorno universitario.