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Qué hacer durante el verano para mejorar tu futuro profesional

Qué hacer durante el verano para mejorar tu futuro profesional

Cuando termina el curso y por fin nos quitamos de encima exámenes, trabajos y entregas, es normal que lo último que queramos escuchar sea la palabra «formación». Bastante hemos tenido ya. Sin embargo, el verano tiene algo que durante el resto del año escasea bastante: tiempo.

No se trata de convertir julio y agosto en otro semestre universitario ni de renunciar al descanso que tanto necesitamos. Precisamente porque tenemos más libertad para organizar nuestros días, podemos aprovechar una pequeña parte de ese tiempo para hacer algunas cosas que durante el curso vamos aplazando constantemente y que pueden ayudarnos cuando llegue el momento de incorporarnos al mundo laboral.

Mejorar un idioma

Es probablemente uno de los consejos más repetidos para cualquier estudiante universitario, pero eso no significa que sea menos cierto.

Dominar otro idioma abre puertas. Permite acceder a más formación, leer bibliografía que no siempre está traducida, participar en programas internacionales, optar a determinados puestos de trabajo o simplemente viajar con mayor autonomía.

Justamente, el verano permite aprender de una forma mucho más relajada que durante el curso. Y tampoco tenemos por qué pasarnos el día haciendo ejercicios de gramática. Podemos leer novelas, escuchar podcasts, ver películas en versión original o incluso aprovechar algún viaje para practicar.

Lo importante es avanzar. A veces, unos meses de constancia haciendo las cosas que más nos gustan y a nuestro ritmo son los que consiguen por fin cambiar la resistencia inicial a estudiar un idioma.

Aprender algo que la carrera no nos enseña

Por muy completa que sea una carrera universitaria, cuatro años no son suficientes para abarcar todo lo relacionado con una profesión.

Siempre hay materias, herramientas o conocimientos que se quedan fuera porque una carrera es más la puerta para encontrar el conocimiento que el conocimiento en sí. Es, digamos, el primer paso, el que nos enseña a encontrar las fuentes y nos da las bases para que nosotros nos busquemos las habichuelas. Por eso, el verano puede ser un momento perfecto para explorar algunas de esas áreas que nos llaman la atención y para las que nunca encontramos tiempo durante el curso.

Quizá estudiamos Derecho y nos interesa aprender sobre mediación. Quizá estamos en Psicología y queremos profundizar en técnicas de entrevista. Quizá estudiamos Biología y nos gustaría aprender análisis estadístico. O quizá simplemente queremos mejorar nuestra capacidad para hablar en público o escribir mejor. Las vacaciones de verano son ideales para hacer todo esto sin el agobio de tener que ir a clase, hacer trabajos, etc.

No hace falta que todos los cursos que hagamos tengan una aplicación inmediata. Muchas veces son precisamente esos aprendizajes paralelos los que terminan diferenciándonos del resto cuando el día de mañana estemos por ahí currículo en mano tratando de ganarnos la vida.

Hacer voluntariado

Participar en una asociación, colaborar con colectivos vulnerables o implicarse en proyectos sociales nos permite aportar nuestro tiempo y nuestros conocimientos allí donde hacen falta.

Además, estas experiencias suelen enseñarnos mucho sobre la realidad que nos rodea. Nos obligan a salir de nuestros propios problemas, a conocer personas con trayectorias muy distintas a la nuestra y a comprender mejor determinadas situaciones sociales.

Son experiencias que nos ayudan a crecer como personas y que suelen dejar una huella mucho más profunda de lo que esperamos, que abren nuestra mente, anulan nuestros prejuicios y nos enseñan realidades que la teoría no abarca. Y aunque ese no deba ser el motivo principal para hacerlo, también mejora nuestro currículo y nuestras habilidades blandas.

Actualizar LinkedIn y nuestra presencia profesional en internet

Muchos abrimos una cuenta de LinkedIn porque alguien nos dijo que era importante y después la abandonamos durante años.

El verano puede ser un buen momento para dedicarle un rato.

Actualizar la formación, añadir cursos recientes, describir correctamente las prácticas realizadas o mejorar nuestra fotografía profesional son pequeñas tareas que solemos dejar para más adelante.

También es interesante seguir a empresas, instituciones y profesionales relacionados con nuestro ámbito de estudio. No para convertirnos en expertos en redes sociales, sino para mantenernos informados sobre lo que ocurre en nuestro sector.

Crear un porfolio con nuestros mejores trabajos

Durante la carrera realizamos una enorme cantidad de trabajos que, una vez entregados, suelen desaparecer en alguna carpeta olvidada del ordenador y de nuestra memoria.

Es una pena, porque algunos de ellos pueden demostrar perfectamente nuestros conocimientos y habilidades e, incluso, servirnos para más adelante.

El verano es un buen momento para recuperar aquellos proyectos de los que nos sentimos especialmente orgullosos y reunirlos en un único lugar.

Dependiendo de la carrera, el porfolio puede incluir investigaciones, estudios de caso, diseños, artículos, proyectos audiovisuales, presentaciones o cualquier otro trabajo relevante.

Cuando llegue el momento de buscar empleo, poder enseñar ejemplos concretos de lo que sabemos hacer suele resultar mucho más útil que limitarse a enumerarlo en un currículo.

Investigar las salidas profesionales de nuestra carrera

Sorprendentemente, muchos estudiantes llegamos al final de nuestros estudios sin conocer en profundidad las posibilidades profesionales que tenemos por delante.

Tendemos a pensar en las salidas más conocidas y olvidamos que existen muchas otras opciones.

Las largas vacaciones de verano son un momento perfecto para investigar. Hablar con profesionales, consultar asociaciones, leer entrevistas, asistir a jornadas o, simplemente, dedicar unas horas a explorar caminos distintos puede ayudarnos a descubrir oportunidades que nunca habíamos considerado.

A veces creemos que nuestra carrera solo conduce a dos o tres profesiones concretas y resulta que existen decenas de posibilidades esperando a ser descubiertas y que puede que nos gusten más.

Aprovechar el tiempo sin obsesionarse

No hace falta hacerlo todo. No necesitamos aprender tres idiomas, realizar dos cursos, hacer prácticas y completar un voluntariado durante el mismo verano.

La idea no es terminar agosto agotados, sino aprovechar parte del tiempo disponible para avanzar en aquellas áreas que realmente nos interesan cara al futuro. También es muy importante tanto para nuestro presente como para nuestro futuro leer, viajar, nadar en el mar, visitar museos, caminar por el campo, hacer deporte, reunirnos con personas a las que queremos sin estar pendientes del reloj y dedicar tiempo a cuidarnos.

Al fin y al cabo, nuestro futuro profesional no se construye en una sola decisión ni durante un único verano. Se construye poco a poco, con pequeñas experiencias, nuevos conocimientos y oportunidades que vamos acumulando a lo largo de los años.

Y el verano, precisamente porque nos ofrece algo más de tiempo y libertad, puede ser un momento magnífico para empezar.