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Qué hacer cuando no entendemos una asignatura (y el profesor no ayuda)

Qué hacer cuando no entendemos una asignatura (y el profesor no ayuda)

A lo largo de la carrera tarde o temprano, y puede que más de una vez, nos encontramos con asignaturas que no hay por dónde pillarlas. Da igual lo atentos que estemos en clase o las horas que dediquemos a estudiar: hay momentos en los que el temario no se entiende, las explicaciones no aclaran nada y la sensación de bloqueo va creciendo cada vez más.

Es una situación más común de lo que sería deseable y, aunque resulta frustrante, tiene solución si se aborda de forma adecuada.

Hay que tener en cuenta que, si no hacemos nada, estas serán las asignaturas que arrastraremos evaluación tras evaluación, que nos desgatarán emocionalmente, encarecerán nuestra matrícula y, en el peor de los casos, incluso pueden ocasionar que acabemos por dejar la carrera. Por lo tanto, no es para tomárselo a broma; si una asignatura se nos atraganta, cuanto antes reaccionemos, mejor.

Aceptar que el problema existe

El primer error suele ser mirar hacia otro lado. Cuando una asignatura se complica, es fácil convencerse de que «ya me enteraré más adelante» o que con un poco de suerte el examen no será tan difícil. El problema es que el temario se acumula y el bloqueo inicial se convierte en algo mucho más difícil de gestionar.

Asumir que no se está entendiendo una materia no es un fracaso, es el punto de partida para empezar a solucionarlo y cuanto antes se detecte, más margen habrá para reconducir la situación y menos trabajo acumulado tendremos después.

Volver a lo básico

En muchas ocasiones, el problema no está en el tema actual, sino en conceptos anteriores que no quedaron claros. Cuando la base falla, todo lo que viene después resulta incomprensible.

Por eso, una buena estrategia es retroceder y revisar los fundamentos. Puede parecer una pérdida de tiempo y seguro que nos parecerá insoportablemente aburrido, pero en realidad es una inversión: entender bien lo básico permite avanzar con mucha más seguridad y rapidez.

Buscar explicaciones alternativas

Si somos políticamente correctos, diremos que no todos los profesores explican de la misma manera ni todos los estudiantes aprenden igual. Si no lo somos, diremos que no todos los docentes se molestan siquiera en explicar el temario adecuadamente porque es mucho más sencillo leer un PowerPoint de cuando reinaba Carlos II el Hechizado y volver a sus importantes quehaceres.

Cuando una explicación no funciona, no significa que el contenido sea imposible, sino que necesitamos otra forma de abordarlo.

Hoy en día existen múltiples recursos para hacerlo: vídeos explicativos, manuales alternativos, apuntes y ayuda de otros compañeros, plataformas educativas, formación complementaria…

Escuchar el mismo concepto explicado de otra forma puede suponer una gran diferencia entre no entender nada y que todo encaje de repente. ¡Eureka!

Apoyarse en nuestros compañeros

La ayuda de los que están a nuestro alrededor, a menudo es tan importante como la de los docentes (o más). Estudiar en grupo o simplemente comentar dudas con otros estudiantes puede ser de gran ayuda para empezar a entender lo que nos resulta más complicado que el arameo. A veces, un compañero que ya ha entendido el tema puede explicarlo de forma más cercana o con ejemplos más claros, reales o lógicos que los que se dan en clase.

Además, verbalizar lo que no entendemos nos obliga a ordenar ideas y a identificar exactamente dónde está el problema, lo que facilita encontrar una solución.

Utilizar las tutorías (aunque cueste)

Las tutorías son uno de los recursos más infrautilizados en la universidad. Es cierto que no siempre resultan útiles (sobre todo si nos enfrentamos al típico profesor que sabe tanto que ya te explica todo como si tuvieras un C2 de comprensión cuando tú estás en el A1), pero en muchos casos permiten resolver dudas concretas y orientar el estudio.

Si muchos estudiantes acuden, las tutorías también pueden servir para que los docentes hagan autocrítica ;)

Para que sean realmente eficaces, conviene prepararlas bien: llevar preguntas claras, señalar los puntos que no se entienden y aprovechar el tiempo al máximo. No se trata de que nos vuelvan a explicar todo el temario, sino de aclarar los bloqueos concretos.

Cambiar la forma de estudiar

Cuando algo no se entiende, repetir la misma estrategia una y otra vez no suele dar resultado. Leer el tema diez veces seguidas rara vez soluciona el problema.

En estos casos, puede ser útil cambiar de enfoque: hacer esquemas en lugar de subrayar, intentar explicar el tema en voz alta o a otra persona, formular preguntas y responderlas, relacionar el contenido con ejemplos prácticos, usar la IA para subir el temario y que nos prepare exámenes de preguntas cortas con sus respuestas (siempre vigilando que no se ponga creativa y se invente la mitad de lo que dice, cosa que suele pasar).

Buscar una forma activa de trabajar el contenido siempre es más eficaz que limitarse a releer.

Marcar objetivos realistas

Cuando una asignatura se complica, es importante ajustar las expectativas. No siempre se trata de dominar la materia a la perfección o de que nos pongan una matrícula de honor, sino de avanzar poco a poco y consolidar lo esencial.

Dividir el temario en partes más pequeñas y fijar objetivos asumibles ayuda a reducir la sensación de agobio y a mantener la motivación.

Evitar el bloqueo emocional

No entender una asignatura puede generar frustración, inseguridad e incluso rechazo hacia la materia. Ese agobio emocional puede convertirse en un obstáculo mucho mayor que el propio contenido.

Mantener una actitud práctica, centrada en resolver problemas concretos, ayuda a evitar que la situación se agrave. No se trata de disfrutar de la asignatura, sino de gestionarla de la mejor manera posible.

Pensar en el objetivo final

El objetivo es superar la asignatura y seguir avanzando en la carrera para tener nuestro eTítulo y acceder al mercado laboral. No todas las materias nos van a gustar ni todas van a resultarnos fáciles, pero son parte del proceso formativo y, seguramente, resultarán cruciales para entender otros conceptos importantes.

Aprender a enfrentarse a contenidos difíciles también es una competencia importante. Nos prepara para situaciones similares en el entorno profesional, donde no siempre tendremos todas las herramientas ni las condiciones ideales.

Una situación más común de lo que parece

Aunque en clase pueda parecer que todo el mundo entiende el temario menos nosotros, la realidad suele ser muy distinta. Casi todas las personas pasan por lo mismo en algún momento de la carrera.

La diferencia está en cómo se afronta la situación. Buscar soluciones, cambiar estrategias y mantener la constancia permite salir adelante incluso en las asignaturas más complicadas.

Porque estudiar una carrera no consiste solo en avanzar cuando todo es sencillo, sino en aprender a gestionar también los momentos en los que nada encaja. Y eso, aunque no siempre se valore, es parte de la formación tanto como cualquier contenido del temario.