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Optativas: aprende a elegirlas bien

Optativas: aprende a elegirlas bien

Llega el momento de hacer la matrícula y, entre créditos obligatorios, horarios que cuadrar y asignaturas que nos dan pereza solo con el nombre aparecen las optativas. ¿Elegimos las que nos parezcan más atractivas o las más útiles? Ahí está el dilema.

Por primera vez, libertad de elección (más o menos)

Sobre el papel parece sencillo. Tenemos varias asignaturas entre las que escoger y solo tenemos que decidir cuáles nos interesan más. En la práctica, sin embargo, no siempre es tan fácil. Hay materias con un nombre que nos atrae, otras que nos recomienda un compañero, otras en las que se apuntan los amigos y algunas que parecen especialmente útiles porque tienen una relación evidente con el mundo laboral.

También puede ocurrir justo lo contrario: que ninguna nos entusiasme especialmente y terminemos escogiendo por el horario, por descarte o porque hemos oído que «esa es fácil».

Pero las asignaturas optativas pueden ser mucho más que los créditos que necesitamos para terminar la carrera. Son una de las pocas partes de nuestra formación universitaria en las que tenemos cierto margen para decidir qué queremos aprender. Por eso, antes de elegirlas, merece la pena dedicar un rato a pensar con calma.

Una optativa puede completar nuestro perfil

Algo que pocas veces tenemos en cuenta es que las optativas pueden cubrir una parte de nuestra formación que la carrera no desarrolla demasiado.

Nuestra titulación nos proporciona una base de conocimientos, pero eso no significa que vaya a enseñarnos todo lo que podemos necesitar en nuestra vida profesional.  Dependiendo de los estudios que hayamos elegido, podemos terminar la carrera con una formación muy especializada y pocas oportunidades para desarrollar determinadas competencias transversales.

Por eso, antes de elegir, podemos mirar nuestro plan de estudios con perspectiva. ¿Qué sabemos hacer cuando terminemos la carrera? ¿Qué competencias hemos desarrollado mucho y cuáles apenas hemos trabajado?

Puede que descubramos que tenemos una sólida formación teórica, pero poca experiencia con herramientas digitales. O que sabemos analizar información, pero apenas hemos tenido que presentar un proyecto ante otras personas. Quizá tenemos muchos conocimientos específicos de nuestra disciplina, pero ninguna formación relacionada con gestión, idiomas o análisis de datos.

Una optativa puede ayudarnos a equilibrar ese perfil para que nuestra formación sea más completa.

Optativas como forma de especialización

Las optativas también pueden servirnos para acercarnos al área de nuestra titulación que más nos interese.

Durante los primeros cursos es bastante habitual que tengamos una idea general de lo que queremos hacer y luego descubrir que algunas asignaturas nos gustan mucho más de lo que pensamos y que el plan que teníamos para nuestro futuro da un giro de 180 grados. Quizá una materia concreta nos despierta interés, algún docente consigue que un tema que no conocíamos nos resulte apasionante o una práctica nos hace darnos cuenta de que esa actividad es el trabajo de nuestros sueños. Las optativas pueden abrirnos caminos y ayudarnos a profundizar en ellos.

Elegir varias asignaturas relacionadas con estos «flechazos» puede ayudarnos a adquirir conocimientos más específicos y, además, a comprobar si ese interés es algo pasajero o realmente queremos seguir explorándolo. No hace falta decidir en segundo o tercer curso cuál será nuestra profesión definitiva, pero sí podemos empezar a acercarnos a los campos que nos despiertan curiosidad.

Lo que puede ser muy útil cuando llegue el momento de buscar prácticas, hacer el Trabajo de Fin de Grado o elegir máster. Haber ido construyendo un pequeño itinerario de interés puede ayudarnos a tomar esas decisiones con más información.

Para ampliar horizontes

Nunca hay que subestimar la importancia de la cultura general. Parece que tener una especialidad en una materia podría ser lo más deseable, pero no es cierto. Un cerebro que puede hacer conexiones creativas es aquel que tiene una cultura vasta. Que tiene amplitud de miras.

Hay carreras en las que puede resultar especialmente interesante utilizar alguna optativa para salir del camino más evidente y adquirir conocimientos de otra área. El mundo profesional no siempre funciona por compartimentos estancos y cada vez es más habitual que determinados puestos requieran combinar conocimientos diferentes.

Una persona formada en una disciplina científica puede beneficiarse de conocer herramientas de comunicación. Alguien de Humanidades puede encontrar útil acercarse al análisis de datos. Una persona que estudia una carrera relacionada con la empresa puede descubrir nuevas posibilidades si aprende sobre psicología o igualdad.

Por eso, cuando tengamos varias optativas delante, podemos preguntarnos si alguna de ellas nos aporta algo que no encontraríamos fácilmente en el resto de nuestra carrera.

Mirar las ofertas de empleo nos dará pistas

Si ya tenemos una idea aproximada del ámbito en el que nos gustaría trabajar, podemos echar un vistazo a ofertas de empleo relacionadas con ese sector para detectar qué conocimientos y competencias se repiten.

Puede que descubramos que muchas ofertas relacionadas con nuestra especialidad mencionan determinados programas informáticos, conocimientos de gestión, idiomas, análisis de datos o capacidad para trabajar con determinadas herramientas.

Si alguna de nuestras optativas está relacionada con esas competencias, tenemos un criterio más para valorarla.

Debemos tener en cuenta que las titulaciones suelen ofrecer caminos de especialidad con las optativas. Si completamos una ruta nos darán una certificación, si completamos otra ruta nos darán otra especialidad y si no seguimos un patrón, al final tendremos igualmente nuestro eTítulo, pero sin que en él conste ninguna especialidad. Si vemos que en las ofertas de empleo hay algún requisito de especialidad, quizá nos interese cursar las optativas de esa ruta aunque no todas nos encanten.

Elegir bien no significa acertar con nuestro futuro

Quizá esta sea la parte más difícil de recordar cuando tenemos que hacer la matrícula: no podemos saber exactamente qué vamos a necesitar dentro de cinco o diez años.

El mercado laboral cambia todo el rato, aparecen nuevas profesiones, algunas competencias dejan de ser relevantes y otras que ahora apenas conocemos pueden adquirir mucha importancia. La tecnología hará desaparecer por completo ciertas profesiones que habrán quedado obsoletas y, por supuesto, nuestros propios intereses pueden cambiar.

Por eso no tiene demasiado sentido enfrentarnos a la elección de optativas como si estuviéramos tomando una decisión irreversible sobre nuestra vida profesional.

Podemos buscar información, pensar qué nos interesa, observar qué competencias queremos desarrollar y valorar qué puede aportar cada asignatura. Pero también podemos permitirnos cierta curiosidad porque una de las ventajas de la universidad es, precisamente, que todavía tenemos un espacio para explorar.

Una optativa puede confirmar que queremos especializarnos en un área, descubrirnos otra que no habíamos considerado o simplemente proporcionarnos un conocimiento que, aunque no sepamos todavía para qué nos servirá, terminará formando parte de nuestra manera de entender nuestra futura profesión.

Al final, elegir asignaturas optativas pensando en nuestro futuro profesional no consiste tanto en intentar adivinar qué nos pedirá el mercado dentro de unos años como en aprovechar las posibilidades que tenemos ahora para construir una formación que se parezca un poco más a lo que queremos ser. Y para eso, además de pensar en el trabajo que tendremos mañana, también merece la pena preguntarnos qué nos gustaría aprender hoy.