¿Odias San Valentín?
Quizá San Valentín te produzca urticaria o diabetes prematura por tanta horterada, pero como el día va a pasar igual, te proponemos otra mirada para que no te amargues de más.
Te guste o no, mañana es en San Valentín y te vas a hartar de ver corazones, Cupidos rechonchos, cajas de bombones, ramos de rosas y dedicatorias empalagosas en redes sociales.
Si todas estas cosas te resultan una horterada insufrible, aguanta, ya termina. De hecho, como hoy es viernes 13, puedes aprovechar para celebrar tu amor por el cine de terror y reinventar la fiesta a tu gusto.
Entendemos que la fiesta es un pelín vomitiva, pero antes de despreciarla entera y ser la persona más amargada del día, veamos si quizá se te está escapando algo importante:
El capitalismo y el amor
Mucha gente piensa que este día es el día del amor al consumismo, a las grandes superficies y al borreguismo de la mayoría haciendo lo que se supone que hay que hacer en un día como este.
EEUU, como siempre, ha exportado su idea azucarada y nos la ha metido por los ojos hasta que ha arraigado en otras culturas, pero lo cierto es que la celebración de San Valentín es muy anterior a cualquier concepto capitalista al que nos queramos acoger. Y sí, el capitalismo, por definición, va a sacar rédito de todo, pero está en manos de lo que los consumidores dejemos que nos influya con su marketing.
La celebración de esta fiesta comienza en el siglo VII y damos fe de que entonces no existía Tiffany ni Amazon ni chocolates Godiva. De hecho, la cosa se puso bastante sangrienta al final, así que lo del viernes 13 previo no le va tan mal después de todo.
El asunto es que todo depende de cómo la enfoques y cómo la quieras celebrar. Puedes aceptar las sugerencias hollywoodienses o puedes hacer lo que te dé la gana, porque se trata de celebrar el amor y eso lo puedes hacer como tú quieras.
La pareja tradicional y el estereotipo que hay que destruir
Otra crítica fundada a San Valentín es que celebra una idea de amor tradicional, eterno, heterosexual, patriarcal…
Sí, no es discutible que esa es, precisamente, la imagen que envuelve toda esta fiesta, pero, como decíamos, se trata de celebrar el amor y, si algo hemos aprendido en todos estos siglos (aunque sea muy poco a poco), es que los sentimientos no dependen de normas preestablecidas ni de dogmas para existir, solo existen. Solo son. Y nadie puede decirnos cómo sentir, solo cómo actuar al respecto en el caso de que nuestras acciones involucren a otras personas, nada más.
Puede que creas que participar de esta celebración es apoyar ese estereotipo, pero lo cierto es que participando en ella y enfocándola de otra manera es la única manera de cambiarlo, porque el amor no tiene por qué ser para siempre, ni tiene que ser entre un hombre y una mujer y ni siquiera tiene que ser romántico. Puedes celebrar el amor a tus amigos, a tu familia, a tus mascotas, a tu profesor de informática, a la pizza o a los podcast sobre historia. Solo depende de ti y de lo que quieras festejar. El amor es un sentimiento demasiado inmenso para que venga alguien a limitarlo por sus propios intereses.
¿Por qué no celebrarlo todo?
La fiesta de San Valentín celebra que el amor es, sin duda, el sentimiento más maravilloso que posee nuestra especie. Amar siempre es positivo para el que ama, independientemente de quien sea el receptor de tal sentimiento, porque esa capacidad nos conecta con otros seres, nos hace mejores personas, nos vuelve generosos, potencia nuestra empatía…
Si lo pensamos bien, del amor nacen las capacidades humanas más valiosas: la solidaridad (cuando amamos al prójimo), la ternura, la pasión (que nos lleva a entregarnos a aquello que nos gusta, a aprender o a luchar por nuestros ideales), la dedicación, la diversión (cuando amamos las experiencias que vivimos), el conocimiento (el amor por conocer y entender lo que nos rodea, lo que trasciende a nuestro entorno), la ecología (cuando amamos la naturaleza), el respeto (porque si de verdad amas a alguien, lo tratas con respeto y te preocupas de su bienestar), los vínculos (que nos conectan con nuestra gente para formar comunidades prosociales) y un largo etcétera.
La cuestión es que, seamos honestos con nosotros mismos, odiar San Valentín también es una pose. Podemos odiar la parafernalia kitsch que lo acompaña, pero nunca lo que representa.
Y si hay celebraciones para todo, días internacionales de cualquier cosa, si somos capaces de festejar el Día de la Tortilla o el día de los Santos Inocentes, no celebrar el amor sería completamente ridículo.
¡Feliz día del amor a tod@s!