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Nunca compartas esto en redes sociales

Nunca compartas esto en redes sociales

Con la costumbre que hemos adquirido de compartir sin parar todo lo que hacemos en redes sociales, parece que se nos han olvidado ciertos límites. No te confíes, tu intimidad es importante.

Fecha de nacimiento completa

No es una recomendación para los presumidos, sino que se trata de un tema de seguridad. Las redes sociales permiten la opción de que esta información no sea visible (al menos no toda, podemos dejar que se vea el día de nuestro cumpleaños pero no los años que hacemos). La fecha completa de nuestro nacimiento es una información esencial para delitos cibernéticos de suplantación de identidad, copia de tarjetas bancarias, etc. Mejor no ponérselo fácil.

Domicilio

Nadie que no sea de total confianza tiene por qué saber dónde vivimos. Nunca hay que publicar nuestra dirección en redes sociales si no queremos aumentar el riesgo de robo o de suplantación de identidad. Está bien que compartamos ciertas partes de nuestra vida a través de las redes, pero no tiene por qué ser absolutamente todo.

Ubicación

Compartir la ubicación es como decir: Hola, querido ladrón, no estoy en casa. Me voy a la playa una semana, así que siéntete libre de ir a robar cuando quieras. ¡Chaito!

Por otro lado, si tenemos algún tipo de acosador más o menos maligno al que no queramos ver, sería bueno que no le facilitáramos el trabajo dándole la posibilidad de encontrarnos allá donde vayamos. Quitar la ubicación de nuestras publicaciones hará que estemos más seguros.

Número de teléfono

Por mucho que Facebook nos diga que introduzcamos un teléfono móvil para tu seguridad, ya hemos visto que en esos temas, es mejor no hacer ni caso a una red social que lleva años vendiendo nuestros datos sin miramientos. Y lo mismo para el resto de redes socales. Con estos datos en malas manos, podemos ser fácilmente el objetivo de algún ciberdelincuente que quiera chantajearnos con nuestra información sensible. Mejor solo compartir el número de teléfono con aquellas personas que conozcamos.

Correo electrónico

Al igual que con el número de teléfono, dar acceso a que cualquiera conozca nuestro email puede dar lugar a que nos empiecen a mandar correos spam que porten malwares. Hay que tener en cuenta que, con solo pinchar en una foto de un gatito que se parece sorprendentemente a Donald Trump o cualquier otra chorrada similar, se puede introducir en nuestro ordenador un software malicioso que espíe lo que hacemos a través de la cámara o el micrófono, que introduzca un troyano para que alguien opere con nuestro ordenador a distancia y lo convierta en un zombi para un ataque DoS, o nos “secuestren” el aparato a cambio de un precio.

Fake news

Además de las cosas que no debemos compartir por nuestra propia seguridad, también están aquellas que no debemos compartir por ética y por cuidar la propia imagen. Entre estas, encontramos los populares bulos que inundan las redes socailes.

Salvo que aspiremos a ser líderes mundiales populistas que ascienden al poder a costa de inventarse noticias y lanzar rumores falsos sobre otros para confundir y enajenar a la población (pensemos que a Hitler también le funcionó, esto no es nuevo), deberíamos cuidarnos de compartir ese tipo de material, porque en un ámbito profesional más serio y más intelectual (que para algo hemos estudiado) se espera algo más de rigor y criterio a la hora de compartir contenidos. No importa si lo que vamos a compartir está alineado políticamente con nuestra ideología o si tiene apariencia científica porque aporta datos o cita estudios, hay que verificar y no ser ingénuos, que no están las cosas como para ir por la vida creyéndonos todo lo que nos cuenten.

Contenido ofensivo

En este mismo apartado se encuentra también el tema de compartir contenidos ofensivos. Antes de seguir con esto vamos a hacer una pequeña aclaración: el contenido ofensivo no es aquel que ofende a otro simplemente porque piensa de forma distinta al que lo redactó, sino aquel que es, en esencia, discriminatorio.

En un momento social en el que parece que solo por el hecho de sentirnos ofendidos por algo eso nos da razones de sobra para coartar la libertad de expresión de los demás, debemos matizar que el límite a la libertad de expresión (que no de opinión) lo marcan, como siempre, los DDHH. Podemos expresar públicamente que las patatas fritas están malísimas y si eso ofende al Club de enamorados de las patatas fritas es su problema. Pero no podemos expresar (que sí opinar en nuestra intimidad) que los inmigrantes son delincuentes, que los negros son inferiores a los blancos, que las mujeres merecen menos derechos que los hombres, que los homosexuales son unos depravados, etc.

Expresar este tipo de sentimientos en redes sociales solo demuestra nuestra falta de conocimientos y de educación y eso no es bueno en un universitario o un titulado que busca trabajo o que ya forma parte en una empresa y que, en cierta manera, también es parte de la imagen de la compañía para la que trabaja. Si tenemos este tipo de opiniones, lo mejor es que leamos más, que viajemos más y que conozcamos a más gente. Lógicamente, nadie puede decirnos qué opinar o pensar, pero debemos saber que compartir públicamente nuestros prejuicios nos va a perjudicar tanto en nuestro futuro laboral y como en nuestra marca personal.

Criticas a las personas de nuestro entorno laboral o universitario

Decir que nuestro encargado es idiota, que nuestra jefa es una incompetente, que nuestros compañeros no rinden bien, aunque sea verdad, no nos reportará ningún beneficio, más bien al contrario. Si queremos desahogarnos, es mucho mejor que quedemos con alguien de nuestra confianza y hablemos de lo que nos pasa. Incluso aunque tengamos las redes privadas, nunca se sabe qué contactos pueden querer hacer un pantallazo de lo que hemos puesto y compartirlo.
Otra cosa que nos va a perjudicar y va a hacer pensar al mundo que nuestra inteligencia no es especialmente aguda es compartir todas las historias y fotos del festival al que fuimos el día que nos pedimos una baja para no ir a trabajar. Es más, en una situación similar, deberíamos pedir a nuestros amigos que tampoco compartan nada porque nunca se sabe qué contactos pueden tener en común con el personal de RRHH de nuestra empresa.

Plagios

Plagiar un contenido es robar. Como profesionales, es importante que respetemos la propiedad intelectual de los demás y que no nos atribuyamos los méritos de otros. Tanto por ética como por autoprotección (porque si nos pillan saldremos muy mal parados), siempre que vayamos a compartir algo que no sea nuestro, debemos asegurarnos de citar de quién es la autoría y de dónde hemos sacado la publicación, sobre todo si hablamos de redes profesionales como LinkedIn.

Otro día hablaremos en profundidad de las imágenes que no debemos publicar o que pueden perjudicarnos. ¡Sigue nuestro blog para no perderte nada!