Microcredenciales para construir un perfil profesional propio
Cuando empezamos a buscar trabajo, podemos encontrarnos con un problema: hay muchas personas con el mismo título que nosotros.
Hemos estudiado la misma carrera o una parecida, tenemos asignaturas en común y, si acabamos de graduarnos, probablemente tampoco tengamos demasiada experiencia laboral. ¿Cómo podemos conseguir que nuestro currículum no sea uno más entre tantos?
Las prácticas y los idiomas ayudan, por supuesto. También cuenta haber trabajado durante los estudios, participado en proyectos relacionados con nuestra profesión o hecho voluntariado. Pero hay otra cosa que podemos hacer antes de terminar la carrera: aprender conocimientos y habilidades que nos sirvan para el trabajo al que nos gustaría dedicarnos.
Para eso, las microcredenciales nos pueden venir de perlas. Nos permiten profundizar en materias que apenas hemos visto en el grado, aprender a manejar determinadas herramientas o adquirir conocimientos que nos vendrán bien en un puesto concreto. Eso sí, conviene elegirlas con cierto criterio, no hacer cursos solo para rellenar el currículum.
Además, hay una diferencia respecto a muchas de las pequeñas formaciones que hacemos por nuestra cuenta. Antes, esos cursos podían acabar en un certificado que guardábamos en una carpeta y del que apenas volvíamos a acordarnos. Con las microcredenciales digitales, podemos disponer de una acreditación que recoja lo que hemos aprendido y compartirla cuando la necesitemos, también junto con nuestro eTítulo. Así, esa formación complementaria no se queda en algo que contamos en el currículum, sino que podemos mostrarla y facilitar su verificación desde cualquier lugar.
La carrera no tiene que enseñárnoslo todo
En cuatro años tenemos que estudiar muchas materias y adquirir una buena base, pero no podemos profundizar en todos los campos de nuestra disciplina. Es normal que algunas cosas se queden en una primera aproximación. Quizá descubramos que una de esas materias nos interesa especialmente y queramos saber más, o que nos atraiga una profesión para la que necesitamos conocimientos que apenas hemos trabajado en clase.
Pensemos en alguien que estudia Psicología y quiere dedicarse a los recursos humanos. Durante la carrera aprenderá sobre comportamiento y evaluación psicológica, pero puede que necesite formación más específica en selección de personal, análisis de competencias o herramientas digitales que se utilizan en los departamentos de recursos humanos.
No tiene por qué esperar a graduarse para ponerse con ello. Puede buscar una microcredencial sobre alguno de esos temas y empezar a completar su formación mientras estudia.
Lo mismo le puede ocurrir a quien estudia Derecho y quiere trabajar en protección de datos, a quien cursa Comunicación y se interesa por la analítica digital o a quien estudia Ciencias Ambientales y quiere aprender a utilizar sistemas de información geográfica. Todos parten de una titulación, pero pueden ir adquiriendo conocimientos diferentes según el trabajo al que quieran acercarse.
Antes de apuntarnos a un curso, miremos las ofertas de empleo
Podemos empezar por algo tan sencillo como buscar ofertas de trabajo que nos interesen. No hace falta que tengamos clarísimo qué queremos hacer dentro de diez años. Basta con mirar qué piden para los puestos que nos llaman la atención y comprobar si hay requisitos que se repiten.
A lo mejor descubrimos que muchas empresas piden manejar un programa informático que apenas conocemos. O que para trabajar en determinado ámbito valoran saber interpretar datos, gestionar proyectos o utilizar herramientas que no forman parte de las asignaturas que hemos cursado.
Si una misma competencia aparece en varias ofertas y nos interesa ese tipo de trabajo, merece la pena averiguar cómo podemos aprenderla. Así tendremos una razón concreta para elegir un curso, en lugar de matricularnos porque nos ha llamado la atención el título.
Tampoco nos volvamos locos. Hay ofertas que parecen pedir una carrera, tres idiomas y cinco años de experiencia para un puesto de entrada. No tenemos que cumplir todos los requisitos que encontremos ni apuntarnos a cualquier curso que mencione una empresa. Se trata de ver qué conocimientos nos vendrían bien, no de convertir la búsqueda de empleo en una carrera de obstáculos antes de empezar.
Especializarnos sin tener que estudiar otra carrera
A veces sabemos en qué queremos trabajar, pero la carrera no profundiza demasiado en ese campo. Hacer otro grado completo puede ser una solución desproporcionada si lo que nos falta es aprender unas cuantas competencias concretas.
Imaginemos que estudiamos Administración y Dirección de Empresas y nos interesa el análisis de datos. Podemos buscar formación en visualización de información, herramientas de análisis o interpretación de indicadores empresariales. Así, además de conocer cómo funciona una empresa, aprenderemos a trabajar con datos que pueden ayudar a tomar decisiones.
Esa combinación puede encajar bien en determinados puestos. No significa que vayamos a tener ventaja en cualquier proceso de selección, pero sí que podremos acreditar conocimientos relacionados con las tareas que queremos desempeñar.
A veces lo que necesitamos es reforzar una habilidad
No siempre queremos especializarnos en una rama concreta. Puede que nos falte algo más básico: aprender a presentar un proyecto en público, mejorar nuestras habilidades de comunicación, desenvolvernos mejor en inglés profesional o manejar determinadas herramientas digitales.
Son cosas que quizá no hayamos practicado demasiado durante la carrera y que, sin embargo, pueden aparecer en nuestro futuro trabajo. Si sabemos que nos cuestan o que apenas tenemos experiencia con ellas, podemos buscar una formación que nos ayude a mejorar.
Eso no significa que tengamos que aprender de todo. La programación, la inteligencia artificial, el marketing digital y la gestión empresarial pueden ser muy útiles, pero no para todo el mundo ni en cualquier profesión. Antes de apuntarnos a un curso porque está de moda, pensemos si vamos a poder aprovecharlo y si tiene algo que ver con el trabajo que nos interesa.
Que los cursos no parezcan elegidos al azar
Imaginemos que queremos dedicarnos a la comunicación científica. Durante la carrera podemos formarnos en divulgación, redacción especializada y comunicación digital. Cada curso nos enseñará algo distinto, pero todos tendrán relación con el trabajo al que queremos acercarnos.
No hace falta que decidamos nuestro futuro en primero y sigamos un plan a rajatabla. Podemos cambiar de opinión, descubrir una profesión que no conocíamos o darnos cuenta durante las prácticas de que un sector no nos gusta tanto como pensábamos. También para eso sirve explorar.
Lo que sí podemos hacer es revisar de vez en cuando los cursos que hemos elegido y pensar qué nos aporta cada uno. Si en una entrevista nos preguntan por ellos, tendremos que poder explicar por qué los hicimos y qué hemos aprendido, más allá de recitar una lista de certificados.
Las microcredenciales digitales también nos permiten compartir la acreditación de esos aprendizajes con las empresas. En lugar de limitarnos a incluir el nombre de un curso en el currículum, podemos aportar una credencial verificable que dé más información sobre la formación realizada.
No hace falta esperar a graduarnos
Podemos ir haciendo este trabajo durante la carrera, sin añadirnos una carga imposible de llevar. Quizá empecemos por un curso relacionado con una materia que nos haya interesado especialmente. Más adelante, cuando sepamos mejor qué puestos nos atraen, podremos buscar otras formaciones que encajen con ellos.
Las microcredenciales no garantizan un empleo ni sustituyen las prácticas o la experiencia laboral. Tener varios certificados tampoco nos convierte automáticamente en mejores candidatos que quienes no los tienen. Pero pueden ayudarnos a demostrar que hemos aprendido algo concreto y que nos hemos preocupado por desarrollar competencias relacionadas con nuestro futuro trabajo.
Cuando terminemos el grado, tendremos nuestro título universitario. Y, si hemos elegido bien la formación complementaria, podremos explicar también qué herramientas sabemos utilizar, en qué materias hemos profundizado y qué podemos aportar a un puesto determinado.
Porque no es lo mismo presentar cinco cursos sin relación entre sí que poder contar por qué los hicimos y qué nos han enseñado. Ahí es donde tiene sentido la formación complementaria: no en acumular certificados, sino en aprender cosas que podamos aprovechar.