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Las mejores técnicas de estudio para preparar las recuperaciones de julio

Las mejores técnicas de estudio para preparar las recuperaciones de julio

¿Has suspendido algún examen en junio y te toca recuperar en julio? No hay problema; con estas técnicas de estudio va a ser mucho más sencillo de lo que piensas.

Las recuperaciones de julio tienen algo bueno y algo malo. Lo malo es evidente: hace calor, estamos cansados después de todo un curso y mientras nosotros seguimos estudiando, hay gente subiendo fotos desde la playa para recordárnoslo. Lo bueno es que no empezamos de cero y tenemos el temario mucho más reciente en nuestra cabeza que si hubiésemos tenido que esperar a septiembre para recuperar.

Ya hemos estudiado esa asignatura. Hemos leído el temario, hecho esquemas, sufrido con los apuntes y hasta nos hemos examinado hace muy poco. Ahora no necesitamos volver a estudiar igual que la primera vez, sino aprovechar lo que ya sabemos y concentrarnos en aquello que todavía falla.

Estas son algunas técnicas de estudio especialmente útiles para afrontar una recuperación.

Método Leitner: repasar solo lo que no dominamos

Uno de los mayores errores que podemos cometer es dedicar el mismo tiempo a todo el temario. Si ya nos sabemos la mitad de los temas, ¿para qué volver a estudiarlos desde el principio?  

El método Leitner consiste en clasificar tarjetas o preguntas en distintos niveles según lo bien que las dominemos. Las que contestamos correctamente pasan a revisarse con menos frecuencia y las que fallamos vuelven al principio para repasarlas más a menudo.

No hace falta comprar nada especial. Podemos hacerlo con fichas de papel o incluso con aplicaciones como Anki.

La ventaja es enorme: dejamos de perder tiempo repasando cosas que ya sabemos y concentramos nuestros esfuerzos en los puntos débiles.

Pomodoro, pero adaptado al verano

El método Pomodoro es una técnica muy conocida que consiste en estudiar durante 25 minutos y descansar 5. Tras cuatro sesiones, hacemos una pausa más larga.

Ahora bien, julio no es noviembre. Si estamos a 38 grados y nuestro cerebro parece una croqueta recalentada, quizá sea mejor adaptar los tiempos: 20 minutos de estudio y 10 de descanso, o 40 y 10 si somos capaces de mantener la concentración.

La idea no es seguir unas normas rígidas, sino evitar las sesiones interminables que terminan con nosotros mirando el mismo párrafo durante diez minutos sin entender absolutamente nada. 

El efecto prueba: hacer exámenes en lugar de releer

Hay una ¿mala? noticia: leer los apuntes una y otra vez no suele ser la forma más eficaz de estudiar.

Hay una buena: hacer pruebas funciona muchísimo mejor.

Si ya hemos estudiado la asignatura, lo más útil es intentar recuperar la información sin mirar el temario. Intentemos enfrentarnos a exámenes reales respondiendo preguntas de años anteriores. También podemos diseñar test con el temario que tenemos. Explicar lo que sabemos en voz alta o pedirle a alguien que nos pregunte es supereficaz para que todo esté bien estructurado en la cabeza y saber en qué fallamos exactamente; y, por último, también podemos escribir un resumen de memoria, aunque es mucho más aburrido que lo anterior y no da mejores resultados.

Debemos tener en cuenta que nuestro cerebro recuerda mejor aquello que se esfuerza por recuperar. Además, así descubriremos enseguida qué partes dominamos y cuáles necesitan más trabajo.

La repetición espaciada

Todos hemos hecho esto alguna vez: estudiar un tema tres veces el mismo día y no volver a tocarlo hasta el examen. No es la mejor estrategia.

La repetición espaciada propone justo lo contrario: estudiar menos tiempo cada sesión, pero repartir los repasos a lo largo de varios días.

Por ejemplo: Hoy repasamos el tema; mañana hacemos un test. Dentro de tres días volvemos a revisarlo y una semana después hacemos otro repaso rápido.

Parece que dedicamos menos tiempo, pero en realidad la memoria trabaja mejor cuando dejamos pequeños espacios entre los repasos y eso, en una recuperación, es especialmente útil (siempre que no hayamos dejado todo para el último día).

Estudiar cuando hace menos calor

El calor afecta a la concentración, aumenta la sensación de cansancio y hace mucho más difícil mantener la atención durante largos periodos.

Si tenemos la suerte de contar con una biblioteca con aire acondicionado, estupendo. Y si no, quizá convenga replantearse los horarios.

Hay personas que rinden mejor muy temprano. Otras prefieren estudiar por la noche, cuando la temperatura baja y la casa está en silencio.

Las recuperaciones no son el momento de empeñarse en horarios rígidos. Lo importante es encontrar las horas del día en las que realmente somos capaces de concentrarnos.

Técnica Feynman: explicar para descubrir lo que no sabemos

Hay una forma muy sencilla de comprobar si dominamos un tema: intentar explicárselo a otra persona o a nosotros mismos.

La técnica Feynman consiste precisamente en eso. Elegimos un concepto y tratamos de explicarlo con palabras sencillas, como si quien nos escucha no supiera nada sobre el tema.

Si somos capaces de hacerlo con claridad, probablemente lo entendamos.

Si empezamos a dar rodeos, a usar palabras muy técnicas donde no toca o nos quedamos bloqueados, acabamos de descubrir qué debemos repasar.

Y eso es justo lo que necesitamos en una recuperación: localizar las grietas.

Aprovechar que ya hemos hecho el examen

Quizá la mayor ventaja de las recuperaciones sea esta: ya conocemos al enemigo.

Sabemos qué partes nos costaron más, qué tipo de preguntas suele hacer el profesor, cuánto tiempo tuvimos para responder o si el examen era más de tipo práctico o más teórico.

Toda esa información es muy valiosa. Ya no tiene sentido estudiar exactamente igual que la primera vez. Ahora podemos ser más selectivos, más eficaces y dedicar nuestros esfuerzos a mejorar aquello que nos impidió aprobar.

Porque las recuperaciones no son una repetición del examen anterior.

Son una segunda oportunidad para demostrar todo lo que hemos aprendido desde entonces.

Y, aunque ahora mismo dé bastante pereza pensarlo mientras media España está de vacaciones, aprobar una asignatura en julio es más fácil que hacerlo en septiembre, así que no te vengas abajo y a por ello.

¡Animo, ya falta menos!