Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecer nuestros servicios y recoger datos estadísticos. Continuar navegando implica su aceptación. Más información sobre la Política de Cookies

Aceptar

No te pierdas nuestro Blog


Cómo saber si una fuente de información es fiable

Cómo saber si una fuente de información es fiable

Internet ha cambiado nuestra forma de estudiar y de buscar información. Hoy podemos encontrar en pocos segundos artículos científicos, libros, noticias, vídeos, manuales, apuntes de otros estudiantes y millones de páginas que prometen responder cualquier duda. El problema es que no toda esa información tiene la misma calidad y hay algunas que son directamente falsas.

Durante la universidad aprendemos muchas cosas, pero pocas veces alguien nos explica cómo distinguir una fuente fiable de otra que no lo es. Y, sin embargo, es una habilidad que utilizaremos durante toda la carrera y también cuando empecemos a trabajar.

Porque encontrar información es fácil. Encontrar información buena ya es otra historia.

No todo lo que aparece en Google tiene el mismo valor

Es fácil caer en la tentación de pensar que, si una página aparece entre los primeros resultados del buscador, será porque ofrece la mejor información.

Google suele ofrecer resultados muy útiles, pero su objetivo es encontrar la información que mejor responda a nuestra búsqueda, no seleccionar la fuente académicamente más sólida. Por eso conviene valorar también quién publica el contenido, cuándo se actualizó y si podemos respaldarlo con otras fuentes.

¿Quién está detrás de esa información?

Esta debería ser siempre la primera pregunta que nos hagamos y también a qué intereses responde la información.

No es lo mismo leer un artículo firmado por un investigador especializado que un texto anónimo publicado en una página de la que no sabemos absolutamente nada.

Cuando encontremos una información importante merece la pena comprobar quién la ha escrito, cuál es su formación y si realmente tiene conocimientos sobre el tema del que habla.

Del mismo modo, conviene fijarse en quién publica ese contenido. Las universidades, organismos públicos, revistas científicas y asociaciones profesionales suelen ofrecer mayores garantías que páginas cuyo único objetivo parece ser acumular visitas.

Cuidado con las fechas

Hay conocimientos que apenas cambian con el paso del tiempo, pero otros se renuevan constantemente.

En disciplinas como Medicina, Psicología, Tecnología o Derecho, trabajar con información desactualizada puede llevarnos a conclusiones completamente equivocadas.

Antes de utilizar una fuente, conviene comprobar cuándo fue publicada o cuándo se actualizó por última vez. Mirar si esa información está refutada o si la investigación se ha repetido con resultados similares. El conocimiento trabaja en un eterno debate y un artículo excelente hace quince años puede haber quedado completamente superado hoy.

Desconfiemos de las afirmaciones extraordinarias

Este método permite aprender un idioma en una semana. Olvida todo lo que sabías sobre nutrición. La ciencia ha demostrado que...

Titulares como estos suelen perseguir una cosa: que hagamos clic.

La investigación científica avanza poco a poco, con matices y muchas comprobaciones. Rara vez ofrece respuestas absolutas o soluciones milagrosas. Pensemos que, salvo que estemos trabajando con ciencias exactas, las relaciones causa-efecto no existen y solo podemos hablar de correlaciones más o menos fuertes y causas multifactoriales, así que debemos desconfiar de todo aquello que plantee soluciones simples a problemas complejos (sí, qué asco de vida).

Cuando una afirmación parece demasiado buena para ser cierta, probablemente merezca la pena buscar qué dicen otras fuentes sobre el mismo asunto aunque apoye nuestra forma de pensar o tenga un matiz ideológico acorde con nuestras ideas.

Las fuentes también tienen fuentes

Un buen artículo suele explicar de dónde obtiene la información.

Si encontramos un dato estadístico, una investigación o una cita, debería ser posible localizar su origen.

Esto resulta especialmente importante cuando realizamos trabajos universitarios. Muchas veces una misma afirmación va pasando de una página a otra hasta que acaba apareciendo en decenas de sitios diferentes... aunque nadie sepa ya de dónde salió realmente.

Siempre que sea posible, lo mejor es acudir a la fuente original porque todos sabemos cómo era ese juego del teléfono escacharrado.

Aprendamos a diferenciar divulgación de investigación

Los libros y artículos divulgativos son muy útiles para comprender conceptos complejos de forma sencilla. De hecho, suelen ser una magnífica puerta de entrada a un tema.

Sin embargo, cuando realizamos un trabajo académico, normalmente necesitaremos apoyar nuestras afirmaciones en publicaciones científicas, documentos oficiales o bibliografía especializada.

Ambos tipos de contenido son compatibles. La divulgación nos ayuda a entender y la investigación nos permite fundamentar lo que escribimos.

Contrastar sigue siendo la mejor herramienta

Si varias fuentes independientes, actualizadas y de calidad coinciden en una misma información, es mucho más probable que sea correcta.

En cambio, si solo encontramos un único artículo afirmando algo sorprendente, quizá convenga mantener un cierto espíritu crítico.

Contrastar no significa desconfiar de todo. Significa acostumbrarnos a comprobar la información antes de incorporarla a un trabajo, una exposición o incluso a una conversación. Aunque, sinceramente y según están las cosas, tampoco es malo desconfiar de todo por defecto. De hecho, es mucho mejor que confiar en cualquier cosa porque nos aseguraremos de buscar fuentes sólidas y de no hacer el primo defendiendo el tierraplanismo.

La inteligencia artificial miente como una bellaca

Las herramientas de inteligencia artificial se han convertido en una ayuda muy interesante para estudiar, resumir textos o resolver dudas. Sin embargo, no son fuentes de información en sí mismas.

Pueden cometer errores, inventarse cualquier cosa para darte la razón (algo que parece importarles por encima de todo) interpretar mal una pregunta o incluso ofrecer datos incorrectos con una total seguridad.

Por eso conviene utilizarlas como punto de partida o como herramienta de apoyo, pero no como la única referencia para elaborar un trabajo universitario.

Siempre será necesario comprobar la información en fuentes fiables y, cuando sea posible, acudir a los documentos originales.

A la IA es mejor preguntarle qué buscar, buscarlo por otra parte y luego puede ayudarnos a resumir, pero poco más. Estas herramientas son capaces de generar citas inexistentes y de escribir cosas que suenan bien, pero que no dicen nada (lo que llaman workslop). 

Un hábito que nos acompañará durante toda la vida

Aprender a distinguir una buena fuente de otra poco fiable no sirve únicamente para aprobar una asignatura.

También nos ayudará cuando tengamos que tomar decisiones importantes, mantenernos informados, actualizar nuestros conocimientos o desarrollar nuestra profesión.

La universidad no consiste solo en adquirir conocimientos. También consiste en aprender a buscar las fuentes y a valorar su calidad.

Y esa es una habilidad que seguirá siendo igual de útil mucho después de haber obtenido nuestro eTítulo.