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Como motivarnos cuando una asignatura no nos interesa nada

Como motivarnos cuando una asignatura no nos interesa nada

Hay asignaturas que elegimos porque nos gustan, otras que nos tocan sin más y pueden ser interesantes o útiles y otras que acabamos por aborrecer, pero las peores son a las que ni les vemos la utilidad ni conseguimos que nos despierten es más mínimo interés.

Y cualquiera diría que las peores son las que odiamos, pero con ellas podemos encontrar motivación si las vemos útiles o simplemente para quitárnoslas de encima cuanto antes, pero, ¿qué pasa cuando un tema no nos suscita ninguna curiosidad?, ¿cuando nos da lo mismo absolutamente, cuando nos aburrimos con solo pensarlo? ¿Cómo nos estudiamos 35 temas de algo que nos resulta soporífero?

Obviamente no podemos elegir siempre lo que estudiamos. Y quizá tampoco sea necesario que nos guste todo lo que aprendemos, pero hay formas de hacernos el trago de aguantar estas asignaturas más llevadero. Vamos a ver qué podemos hacer cuando una asignatura no nos interesa absolutamente nada.

Si la motivación no llega, habrá que ir a buscarla

Cuando algo nos aburre, podemos caer en la trampa de esperar a que nos apetezca estudiarlo para ponernos con ello. El problema es que con una asignatura que no nos genera ningún interés, ese momento no llegará nunca.

Si tenemos por delante 20 temas de una materia que nos resulta soporífera, pensar en los 20 de golpe tampoco ayuda demasiado a que nos animemos a estudiar, por lo que en este tipo de asignaturas, al contrario de lo que solemos hacer y de lo que nos pide el cuerpo, es mucho mejor ir poco a poco. Un rato cada día y nada de acumular temario.

 Si cada día dedicamos 45 minutos a esa materia (dos tandas de 20 minutos sin distracciones y 5 de descanso a la mitad), no será tan insoportable como si intentásemos aprender todo en una semana antes del examen.

Cuando la asignatura aburre, las técnicas de estudio no deberían

Leer un tema aburridísimo durante una hora hará que nuestros ojos recorran varias páginas mientras nuestro cerebro se va de viaje astral. Si nos cuesta mantener la atención, lo normal cuando algo no nos interesa nada, leer y releer un tema es la peor idea del mundo para estudiarlo.

Podemos convertir cada apartado en preguntas, hacer esquemas o mapas mentales según vamos leyendo (no después como se hace normalmente) o ir haciendo una traducción simultánea del texto a un lenguaje que lo haga más sencillo de recordar (sin olvidarnos de incluir cuantas palabras malsonantes consideremos necesarias).

No vamos a conseguir que la asignatura nos resulte de pronto apasionante, pero sí que seamos capaces de estudiarla sin dormirnos.

Buscar conexiones

Para que una relación funcione, hay que poner de nuestra parte y eso mismo pasa con la relación con una asignatura aburrida. Puede que al principio nos parezca que la asignatura está completamente aislada de aquello que nos interesa, pero eso puede ser porque solo estamos viendo sus contenidos tal como aparecen en el programa.

Podemos intentar descubrir dónde aparece ese conocimiento fuera del aula. ¿Tiene alguna aplicación en nuestra profesión? ¿Se utiliza en alguna actividad que nos guste? ¿Está relacionado con otra asignatura que sí nos interesa? ¿Podemos encontrar algún caso real que nos permita entender para qué sirve?

No siempre encontraremos una conexión fascinante. Pero tampoco necesitamos convertir cada tema en una revelación, solo necesitamos que sea soportable o, simplemente, que deje de parecernos una colección de información sin sentido.

Aprovechemos los momentos de mayor concentración

Cuando una asignatura nos aburre especialmente, a lo mejor no va a ser la mejor candidata para estudiarla a esas horas en las que ya estamos agotados.

Si sabemos que por la mañana conseguimos concentrarnos mejor, podemos reservar una parte de ese tiempo para la materia que más nos cuesta mantener en la cabeza. Después podremos dedicar los momentos de menor energía a tareas más mecánicas o a asignaturas que nos resulten más entretenidas.

La técnica pomodoro es muy útil para ayudarnos a no perder la concentración, pero con este tipo de asignaturas se hace casi imprescindible.

Pongámonos pequeñas metas

Es lo que decíamos antes, cuando una asignatura nos aburre, estudiar durante horas puede convertirse en una especie de castigo del infierno. Y si sabemos que nos espera una tarde entera con el mismo libro delante, es bastante fácil empezar a buscar cualquier excusa para no hacerlo (como prestarnos voluntarios para donar un riñón o lo que sea).

Podemos probar con objetivos concretos: terminar un apartado, responder diez preguntas, memorizar determinados conceptos o completar un ejercicio. Y fin. Mañana será otro día. Por eso es tan importante no dejar estas asignaturas para el final.

Una asignatura que no nos interesa puede ser difícil de mantener al día precisamente porque no tenemos ningún impulso que nos lleve hacia ella. Si esperamos hasta que haya treinta temas pendientes, conseguir que nos pongamos a estudiar será todavía más complicado.

No convirtamos el aburrimiento en una excusa para abandonar

Que una asignatura nos aburra no significa que tengamos que sufrirla durante todo el curso o durante toda la carrera.

Las asignaturas duran un cuatrimestre y luego cambian. Seguramente aparecerá otra que nos resulte hasta peor, pero no será la misma.

La cuestión más importante que debemos aprender es a tolerar la frustración y a relativizar. ¿Qué no nos gusta una asignatura?, pues qué desgracia, nos aguantamos y punto. Si pudiéramos estar todo el tiempo haciendo cosas divertidas no sabríamos lo que es divertirse porque no tendríamos el aburrimiento para compararlo.

Lo que queremos decir es que hay que tener la mira puesta un poco más allá. En el final, en terminar la carrera y obtener nuestro eTítulo. En un futuro laboral que nos apasione. Y sí, en el camino hay piedras y más nos vale mentalizarnos para ello, porque si no la frustración nos va a comer vivos.

El derecho a aborrecer sin culpa

Puede que hagamos todo para motivarnos, encontrar el interés al tema, buscar conexiones con algo que nos guste, estudiar en grupo, usar técnicas de estudio dinámicas y, aun así, seguir pensando que la asignatura es insufrible. Pues ya está.

No tenemos que conseguir que nos guste. Tampoco que nos entusiasme su contenido ni que descubramos una vocación inesperada.

A veces estudiar una asignatura consiste simplemente en encontrar la manera de mantener la atención el tiempo suficiente para aprender lo necesario y seguir adelante. No es el aprendizaje más emocionante que tendremos durante la carrera, pero también forma parte de aprender a estudiar.

Y quizá ese sea el mejor aprendizaje que nos llevaremos de estas asignaturas: el saber trabajar incluso cuando aquello que tenemos delante no nos interesa lo más mínimo.

Porque, si lo pensamos, la universidad no solo nos prepara para hacer aquello que nos gusta. También nos enseña a enfrentarnos a tareas que no nos entusiasman, encontrar una forma razonable de hacerlas y reservar nuestra energía para seguir avanzando.