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Aprende cómo ser una persona asertiva

Aprende cómo ser una persona asertiva

Aprender a comunicarnos de forma asertiva es fundamental para triunfar en el plano personal, durante nuestra formación y en nuestra vida laboral. ¿A qué esperas?

La asertividad no es otra cosa que la capacidad (aprendida, no innata) de expresar un mensaje de forma que podamos hacer valer nuestros intereses y demandas sin que el interlocutor se sienta agredido y sin que nosotros nos sintamos frustrados.

Veamos cómo podemos aprender a ser asertivos con facilidad:

¿Para qué es útil la asertividad?

Para casi todo. No es que vaya a resolver todos nuestros problemas ni a conseguir la paz en el mundo, pero sí que va a ayudarnos a mejorar nuestras relaciones interpersonales, a que nos valoren más en el ámbito educativo y profesional, a que nos sintamos mejor con nosotros mismos y, por lo tanto, a que mejore nuestra autoestima.

Lo mejor es que la asertividad se puede aprender fácilmente y que si lo ponemos en práctica acabaremos haciéndolo de forma natural en muy poco tiempo.

¿Cuándo usamos la asertividad?

Realmente la podemos usar casi en cualquier conversación, pero, sobre todo, en situaciones en las que queramos conseguir algo o en una negociación, en conversaciones en las que puedan darse situaciones tensas, cuando sintamos que están abusando de nuestra amabilidad, cuando queramos negarnos a algo, etc.

Pasos previos

Antes de empezar a desglosar las fórmulas del mensaje asertivo, es importante que tengamos en cuenta que es mejor trasmitir cómo nos sentimos nosotros respecto a algo y no lo que otro nos hace, por ejemplo:

Juan le dice a Luís Nunca escuchas cuando te hablo. Esto es, aunque sea verdad, una acusación directa y puede que Luís reaccione poniéndose a la defensiva porque, aunque Juan tenga razón, se siente atacado.

En cambio, si Juan dice Me siento triste y poco querido porque cuando te hablo me da la sensación de que no me prestas atención, entonces Luís puede empatizar con la emoción de su pareja y abrirse a la comunicación.

Si expresamos nuestros sentimientos en primer lugar y hablamos desde “el yo”, será más sencillo que nuestro interlocutor responda adecuadamente y no se sienta atacado.

Es importante que recordemos también que debemos razonar nuestros motivos, pero siendo concretos en el mensaje y no poniéndonos a divagar, y, al mismo tiempo, debemos enumerar los hechos sin hacer juicios que suelen ser muy ofensivos para nuestro interlocutor.

Ejemplos prácticos

Para explicarlo de forma práctica, vamos a ponernos en distintas situaciones en las que debemos comunicar algo, pero hacerlo nos genera cierto nivel de estrés: decirles a nuestros padres que queremos cambiar de carrera o comunicarles un suspenso, comentarle a nuestro compañero de piso que no estamos conformes con la convivencia, decirle a nuestro profesor que no consideramos justa la nota de un trabajo o a nuestro jefe que nos suba el sueldo. Todas estas situaciones de comunicación pueden generarnos una tensión que puede derivar, normalmente, en dos resultados: o nos callamos y aguantamos acumulando rencor y mal rollo o lo soltamos de forma que nuestro interlocutor se siente atacado o no comprende bien nuestras intenciones.

En la situación en la que les queremos decir a nuestros padres que queremos cambiar de carrera, en primer lugar debemos centrarnos en nuestra verdad, los hechos objetivos: Estoy estudiando ADE desde hace dos años y, a pesar de mi esfuerzo, no consigo que me guste. Luego explicaremos lo que la situación nos hace sentir: Me siento muy frustrada y cada día tengo menos ilusión. No soy nada feliz ni disfruto mi etapa universitaria. Ahora, hablamos acerca de qué consecuencias creemos que tiene o tendrá el prolongar la situación: Si sigo estudiando ADE solo por acabar, habré perdido dos años más y veo que terminaré ganándome la vida trabajando en algo que tampoco me gustará. Y, finalmente, planteamos una solución razonada: Creo que estos dos años me han servido para aprender algunas cosas importantes pero que ha llegado el momento de cambiar y hacer lo que verdaderamente me gusta, que es informática. Esta nueva carrera tiene muchas salidas profesionales y podré hacer algo con lo que sí me sienta realizada.

Estructura

  • Primero se cuentan los hechos de forma objetiva.
  • Después, hablamos de cómo esos hechos nos hacen sentir.
  • Luego, enumeramos las posibles consecuencias y sentimientos que tendremos si la situación que nos molesta se mantiene.
  • Por último, planteamos una solución razonada.

El arte de saber decir no

Otra utilidad fantástica de la asertividad es la de saber negarse a algo sin crear un conflicto y sin experimentar culpa (sí, esto último es más difícil de lo que parece, pero la práctica hace la perfección).

Si alguien nos pide un favor que no queremos hacer, tenemos que aprender a negarnos para no terminar haciendo siempre lo que no queremos. Por ejemplo, tu compañera de piso te pide que le prestes el coche por enésima vez, pero tú también lo necesitas y además te lo devuelve siempre seco de gasolina.

Aquí la estructura es más simple:

-¿Me dejas el coche el domingo para ir a casa de mis padres?

-No, yo también lo necesito ese día.

-Por favor, tú has quedado con tu novio y él tiene coche también, déjamelo…

-Entiendo que quieras usarlo, pero ya he hecho planes y también lo necesito. Si quieres, te lo dejo la próxima semana si te comprometes a echar gasolina cuando lo uses.

Por lo tanto, para decir que no a algo los pasos que debemos seguir son negarse, hacer ver que entendemos y escuchamos el mensaje del otro y sus motivos y proponer una solución alternativa. Si la persona sigue insistiendo, podemos usar la técnica del disco rayado y negarnos amablemente las veces que haga falta hasta que la otra persona se canse.

Empezar poco a poco

Si al principio puede parecer complicado aplicar la asertividad en nuestras relaciones interpersonales, veremos como poco a poco y con práctica se hace cada vez más sencillo. Se puede empezar practicando con cosas menores y subiendo lentamente la dificultad.