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Alergia y exámenes: cómo concentrarse cuando las plantas quieren matarte

Alergia y exámenes: cómo concentrarse cuando las plantas quieren matarte

Empieza el calor, dormimos peor y llega el polen dispuesto a destruir cualquier posibilidad de concentración. ¿Has pedido el nivel experto para pasarte la pantalla de los exámenes? Pues prepárate.

No es justo

La universidad tiene la maravillosa costumbre de colocar los exámenes finales justo en la época en la que más plantas deciden lanzar al aire sus células reproductoras para tratar de perpetuar su especie y, de paso, cargarse a un 20 % de la población mundial.

Quienes tienen la suerte de no padecer este horror, no saben lo que es enfrentarse al final de curso con la sensación de moverse con un peso corporal de 354 kg. No saben lo difícil que es estudiar cuando la cabeza se te ha vuelto de plomo y no hay forma de sujetarla en su sitio.

Para los que sí lo saben… ¿A que es lo más estudiar para un examen mientras se te cierran los ojos del cansancio, te gotea la nariz como si se hubiese abierto un grifo infinito, toses como un perro octogenario, te pican y lloran los ojos y te dan ataques de asma en los que sientes que vas a morir? Lo bueno es que también hay estornudos y esos no van a dejar que te duermas; ni estudiando ni en la cama.

Tener alergia es incompatible con la felicidad, con las obligaciones y mucho más con los exámenes y deberían hacerlos en otro momento o darnos más opciones porque los alérgicos y los no alérgicos no están en igualdad de condiciones.

La alergia no es “solo un poco de moqueo”

Existe cierta tendencia a minimizar las alergias primaverales como si fueran una molestia menor, pero quienes las sufren saben perfectamente que pueden afectar muchísimo al rendimiento académico.

El problema no es únicamente el picor de ojos o los estornudos.

La alergia al polen provoca: cansancio constante, dificultad para concentrarse, dolor de cabeza, irritabilidad, problemas para dormir y sensación de «niebla mental», además de sí, mocos, tos, estornudos, picor de ojos…

Y claro, intentar memorizar apuntes o leer textos complejos mientras el cerebro funciona a medio gas no es precisamente la situación ideal.

El cansancio se acumula

Además, esta época del curso llega después de meses de clases, trabajos, exposiciones y exámenes parciales. El agotamiento ya existe antes de que aparezca la alergia. El polen simplemente llega para rematar la faena.

Por eso mucha gente siente que en mayo o junio estudia peor que durante el resto del año aunque esté dedicando más horas. No siempre es falta de esfuerzo: muchas veces es puro agotamiento físico y mental.

Estudiar más horas no arregla el problema

Cuando sentimos que rendimos menos, el impulso habitual es intentar compensarlo estudiando más tiempo. El problema es que un cerebro cansado y saturado no funciona igual.

A veces pasamos cuatro horas delante de los apuntes y apenas retenemos nada porque la concentración está completamente destruida. Y cuanto más nos frustramos, peor rendimos.

En estos casos suele ser más útil optimizar las horas buenas que intentar multiplicar las horas malas.

Adaptar los horarios ayuda muchísimo

Una de las mejores estrategias durante las semanas de alergia fuerte es aprovechar las horas del día en las que nos encontramos algo mejor.

Por ejemplo, muchas personas alérgicas notan más cansancio por la tarde, mientras que otras empeoran a primera hora de la mañana. Detectar esos patrones puede ayudar mucho a organizar el estudio de forma más inteligente.

También conviene recordar que las horas centrales del día suelen coincidir con más calor y más sensación de agotamiento. A veces estudiar temprano o por la noche resulta bastante más eficaz que intentar sobrevivir a las cuatro de la tarde.

Ventilar sí, pero con método

Abrir las ventanas puede parecer una gran idea cuando hace calor, hasta que entra el polen y empezamos a estornudar como si no hubiera un mañana.

En épocas de niveles altos de polen suele ser mejor ventilar durante periodos cortos y en momentos concretos del día donde la concentración ambiental sea menor. También ayuda mantener el espacio limpio y evitar acumular polvo, porque todo suma cuando el cuerpo ya está con todas nuestras defensas tratando de combatir a las plantas asesinas.

Cuidado con automedicarse

Otro clásico: tomarse cualquier antihistamínico encontrado en un cajón y descubrir después que produce más sueño que una clase a las ocho de la mañana.

Muchos medicamentos para la alergia provocan somnolencia o disminuyen la concentración, algo especialmente problemático en época de exámenes. Por eso conviene consultar con profesionales sanitarios y no improvisar tratamientos justo antes de una semana importante.

La mala noticia es que aunque provoquen menos somnolencia, la provocan así que lo mejor es que intentemos tomar los fármacos por la noche para que, al menos nos ayuden a dormir.

Dormir bien se vuelve todavía más importante

Cuando hay alergia, se duerme mal y eso causa que tengamos peor memoria, menos concentración, lógicamente, más cansancio, más irritabilidad y menos ganas de vivir en general.

Y si además estamos en época de exámenes, el cóctel puede ser impresionante.

Intentar mantener horarios relativamente estables y descansar bien resulta mucho más útil que estudiar hasta las cuatro de la mañana completamente agotados. Sí, incluso aunque el examen esté cerca. 

Las comparaciones son odiosas

Siempre parece haber alguien capaz de estudiar doce horas seguidas, hacer deporte, dormir cinco horas y seguir funcionando como una máquina. Lo mejor que podemos hacer con esa gente es ignorarla. Y retirarles el saludo. Y convencernos de que son androides o de que mienten.

Cada cuerpo responde de manera distinta al estrés, al calor y a las alergias. Compararse constantemente solo aumenta la frustración y la sensación de estar haciéndolo mal. Lo importante no es estudiar igual que los demás, sino encontrar una forma de rendir lo mejor posible dentro de nuestras circunstancias reales.

Sobrevivir es lo que cuenta

A veces parece que la universidad solo valora resultados y productividad, pero llegar vivo y relativamente cuerdo al final del curso también tiene mérito.
Más vale estudiar con calma menos asignaturas y dejar unas cuantas para la siguiente convocatoria que acabar bajando la media general y  con el cuerpo a punto del colapso por agotamiento. Hay que pensar que nuestro expediente no cambia si sacamos un nueve en mayo o en septiembre. Cambia si sacamos un 5. A veces, aprobar sin más no es la mejor estrategia para obtener nuestro eTítulo universitario.
La recta final siempre es dura y todavía más cuando el reino vegetal nos odia y decide ponerse en nuestra contra justo antes de los exámenes. Por eso conviene recordar algo importante: estudiar peor durante unos días no significa ser menos inteligente ni menos capaz.
Significa, simplemente, que somos humanos. Y que intentar concentrarse mientras la atmósfera está llena de polen es dificilísimo y que los no alérgicos nunca entenderán lo que sufrimos. Pues que les den, los alérgicos somos los verdaderos héroes de la última evaluación ????.