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8 de marzo: conceptos básicos feministas que necesitas conocer

8 de marzo: conceptos básicos feministas que necesitas conocer

Si aún tienes dudas sobre qué pasa el 8 de marzo y qué se reivindica, lee esto para tener una buena información sobre feminismo y saber estar en el lado correcto de la lucha.

Feminismo para dummies

Hoy, aprovechando la fecha, vamos a dejar claros algunos conceptos para que sepamos de qué estamos hablando, contemos con una buena información y no haya confusiones.

¿Qué es feminismo?

La Real Academia Española (RAE) define el feminismo como:

  1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.
  2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Pero para conseguir una definición más adecuada, recurriremos al Diccionario ideológico feminista de Victoria Sau:

El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin esa denominación todavía- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiere. Marcuse dice que el movimiento feminista actúa a dos niveles, uno el de la lucha por conseguir la igualdad completa en lo económico, en lo social y en lo cultural, otro “más allá de la igualdad” tiene como contenido la construcción de la sociedad en la que quede superada la dicotomía hombre-mujer, una sociedad con un principio de la realidad nuevo y distinto (Marxismo y Feminismo) […]

El hembrismo no existe

No hay ningún movimiento feminista que reivindique la supremacía de la mujer sobre el hombre y quiera arrebatarles sus derechos civiles o fundamentales, relegar sus tareas al ámbito doméstico y la crianza de los hijos, cosificarlos, bajarles el sueldo, negarles el derecho a la educación, practicarles ablaciones, determinar cómo deben vestirse y comportarse en público, decidir sobre sus cuerpos, etc.

No, no hay ningún movimiento feminista que pretenda darle la vuelta a la historia y repetir todo, pero al revés. Ese tipo de acusaciones son intentos machistas de desvirtuar un movimiento social y político que lleva desde la Revolución Francesa luchando por la igualdad sin una sola víctima mortal a su cargo. Jamás, en la historia de la humanidad ha habido una lucha más pacífica que esta.

Tengámoslo en cuenta cuando escuchemos este tipo de afirmaciones o alguien diga eso de feminazi, terfa y otros insultos destinados exclusivamente a mujeres. Comparar el feminismo con el nazismo no solo daña un movimiento justo y pacífico, sino que dulcifica el horror que realmente fue el holocausto.

No, el feminismo no odia a los hombres

La lucha no sostiene ni reivindica de ninguna manera que los hombres sean malos, agresores sexuales o maltratadores, lo que sostiene es que el sistema patriarcal y la masculinidad hegemónica son antinaturales y dañinos para ambos sexos y que hay que eliminarlos para acabar con la opresión y la desigualdad.

Las críticas feministas se basan en datos que todo el mundo puede contrastar en el mismo INE. Se puede ver el número de presos por delitos violentos con respecto al de presas, los sueldos y cargos de hombres y mujeres, el número de víctimas femeninas de la explotación sexual, el acceso a la educación, a qué sexo pertenece la propiedad de la tierra… Los datos hablan claro, no de la maldad de un sexo en concreto sino de la estructura que banaliza y permite la desigualdad. Si leyésemos más a Hannah Arendt para entender esto de las estructuras y de la banalidad del mal, nos confundiríamos menos.

¿Qué es la discriminación positiva?

Es una mala traducción de las affirmative actions que se implantaron en Norteamérica en 1968 para potenciar que los grupos históricamente discriminados (mujeres, minorías étnicas, personas con discapacidad, etc.) tuvieran acceso al mercado laboral.

No, estas políticas sociales no discriminan al varón, lo que hacen es repartir de forma más justa lo que es de todos los seres humanos. Si a un niño le hemos dado 100 caramelos todos los días y a su hermana 2, cuando le damos 51 caramelos a cada uno no estamos discriminando al primero, sino dejando de discriminar a la segunda. Es así de simple.

Las acciones afirmativas se usan desde hace años para muchos colectivos, por ejemplo las ayudas a personas con movilidad reducida, pero nadie pone el grito en el cielo por ello, solo hay indignación cuando esa ayuda se otorga a las mujeres, que ahí sí nos escuece más porque somos parte de una sociedad machista.

Y sí, las mujeres no tienen (en principio o por el hecho de serlo) la movilidad reducida, pero es absurdo pensar que no han tenido que superar miles de trabas más que los varones para optar a un puesto igual cuando desde niñas se les ha puesto una muñeca entre los brazos y se les ha enseñado a qué deben aspirar en la vida y a qué no, cuando la presión estética les ha metido a fuego en la cabeza que valen más por ser «bonitas» que inteligentes. Las acciones afirmativas o positivas solo tratan de reajustar la injusticia, nada más.

¿Y por qué se ofenden los hombres?

Normalmente, por desconocimiento. También, porque renunciar a los privilegios y tener que hacer el trabajo analítico y crítico que la igualdad requiere es muy costoso. Además, un cambio social de tal envergadura que supone cambiar el statu quo, requiere de un cambio de mentalidad enorme que no todos están dispuestos a afrontar. El feminismo pide cosas que son lógicas, pero no «normales» (porque el patriarcado ha establecido su propia normalidad contranatura), y eso incomoda muchísimo.

Como decíamos, las mujeres feministas no creen que todos los hombres sean maltratadores o violadores. Pero lo que sí ven es que todas las mujeres son víctimas. Esa es la diferencia básica. Una mujer, por el hecho de serlo tendrá, en cualquier país del mundo, menos derechos y oportunidades que un hombre. Y además, se sentirá más insegura ejerciendo su libertad al caminar por la calle, al iniciar una relación sentimental heterosexual o al expresar su opinión.

Es difícil ponerse en los zapatos de otros y el feminismo obliga a los hombres a intentar esa proeza. Y los hombres son, sin lugar a dudas, los privilegiados por este sistema patriarcal (aunque también lo padecen), pero es duro darse cuenta de que nuestras acciones aprendidas culturalmente dañan a otros y nos colocan en una posición que no hemos buscado, pero hemos mantenido. Por eso incomoda tanto.

Ante estas cuestiones, muchos hombres están tomando conciencia, otros deciden enfadarse y reaccionar, otros pasan y otros entonan el terrible Not All Men. Pues veréis, como decimos no son todos los hombres, pero sí todas las mujeres y solo por eso es necesario que se piensen bien las cosas con una mirada más empática y estar menos a la defensiva. Tener pensamiento crítico es esencial y más en esta actualidad tan convulsa que estamos viviendo.

Cambiando conceptos

Para la parte socialmente privilegiada (los hombres) es complicado entender cómo se siente la parte oprimida (las mujeres) desde su nacimiento. Pero, he aquí la solución: no hay que entenderlo todo porque habría que cambiar de cuerpo y educación y eso es imposible. Lo que hay que hacer es escuchar las reivindicaciones con la mente despejada de prejuicios y tratar de comprender lo que es o no es justo. Desde ahí, solo hay que empezar a tirar del hilo. Por eso, vamos a dejar de hablar de feminismo (esa palabra maldita) y vamos a empezar a hablar de racismo.

Luís y Javier son hijos adoptados de una familia de clase media europea. Luís tiene origen nórdico, su piel es clara, sus ojos azules y mide 1,90. Javier, su hermano, es de origen latinoamericano. Su piel es oscura, casi rojiza, sus ojos marrones y su pelo liso y negro azabache. Javier mide 1,65.

A pesar de que ambos tienen el mismo nivel económico y una misma educación ¿quién lo tendrá más difícil? ¿Quién tiene más probabilidades de sufrir acoso callejero?, ¿A quién detendrá antes la policía? ¿Quién encontrará antes un trabajo?, ¿quién tendrá todas las puertas abiertas y quién tendrá que sortear un camino lleno de piedras? ¿Quién tendrá más éxito social? Luis y Javier son iguales ante las leyes de su país (supuestamente), pero ¿quién será etiquetado como inmigrante y quién como turista? Así podemos seguir hasta el infinito. Lo que es importante comprender es que existe una discriminación racista que no está amparada por ningún estudio científico y que, simplemente, está basada en prejuicios e incultura. El machismo es exactamente igual. Estamos discriminando a un sexo por prejuicios e incultura y hay que parar ya. Si no somos racistas ¿cómo nos permitimos ser machistas?

La lucha no termina el 8 de marzo

Hay que trabajar cada día por un mundo más justo. La Universidad es un templo del conocimiento, es un lugar para abrir la mente y aprender cosas nuevas y el feminismo es una de ellas. Revisar nuestros comportamientos machistas y actuar contra los de los demás. El mundo necesita que haya personas más humanas, que se preocupen más por los demás y que tengan menos prejuicios. Nunca es tarde para empezar.

Por cierto, este post está escrito en lenguaje inclusivo, ¿a que ni lo has notado o no te ha molestado tanto? Pues eso, mente y ojos abiertos para que el ruido de fondo no nos confunda.

Como siempre, eTítulo se posiciona junto a las mujeres en su lucha por la igualdad que es también nuestra lucha.