Técnica de estudio: sé tu propio profesor en 4 pasos

22 Mar 2022
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Técnica de estudio: sé tu propio profesor en 4 pasos

Aplicar métodos más eficientes al estudiar es uno de los secretos del éxito de todo buen estudiante y esta técnica de estudio nos va a ayudar un montón.

Memorizar sin entender nada

Un clásico de los exámenes es aprenderse los temarios como si fuésemos papagayos y olvidarlo todo poco después. La memoria es un buen recurso para aprender fórmulas, frases determinadas, listados, fechas, para poder hacer un acróstico y sacar el resto de lo que hemos estudiado con facilidad, etc., pero no sirve para entender ni, por lo tanto, para aprender.

Entender bien lo que estudiamos es esencial para que los conocimientos se asienten y sepamos utilizarlos en nuestro día a día y hacer buenas inferencias; en cambio, memorizar solo sirve para aprobar un examen y a veces ni eso porque es fácil quedarse en blanco si todo lo llevamos de memoria.

Lo ideal para que obtener nuestro eTítulo resulte sencillo y además nos convirtamos en buenos profesionales el día de mañana es que podamos combinar técnicas de estudio orientadas a la memorización (como la mnemotecnia) y otras técnicas dedicadas al aprendizaje, como es la que veremos a continuación y que consiste en darnos clases a nosotros mismos por mediación de unos alumnos imaginarios muy preguntones.

No solo es pensar en alto

Cualquiera que sea aficionado a mandarse interminables audios de WhatsApp con sus amigos en los que se comparten reflexiones sobre la vida y los pensamientos circulares del momento va a entender bien a qué nos referimos. Muchas veces, hasta que no decimos algo en voz alta y se lo contamos a otro, no nos damos cuenta de lo que pensamos en realidad y, sobre todo, no nos damos cuenta de hasta qué punto tenemos claro algo.

Esos audios también son, en muchas ocasiones, una forma de que nosotros mismos lleguemos a conclusiones a las que no habíamos llegado simplemente pensando en ello.

Pero para aplicar esta técnica de estudio no basta con pensar en voz alta sin más o recitar lo que estamos estudiando (que también es muy bueno para memorizar); lo que realmente hace que seamos capaces de llegar a conclusiones nuevas y de organizarnos mejor las ideas es el esfuerzo que hacemos al tratar de «traducir» nuestros pensamientos para explicárselos a otra persona, y ese es el quid de la cuestión.

¿Cómo aplicamos esta técnica de estudio?

1. Leer y subrayar

Lo primero que debemos hacer, como siempre, es leer tratando de comprender lo que leemos y subrayar las ideas más importantes separando las principales de las secundarias con un código de color.

No hace falta que lo hagamos con todo el temario de una vez porque puede resultar aburrido y hacer que perdamos la concentración. De hecho, es más recomendable que esta parte y las siguientes las hagamos dividiendo el temario en partes más breves.

2. Resumir o hacer fichas

Cada punto subrayado hay que resumirlo. Lo mejor es hacerlo en pequeñas fichas para que sinteticemos lo máximo posible y nos quedemos con lo principal. A la hora de explicar después, estas mismas fichas nos servirán como apoyo en los primeros ensayos.

Hay que recordar que los resúmenes deben tener unas «frases llave» que con solo leerlas podamos tirar del hilo de la memoria y, por eso, es muy importante que nos tomemos en serio la primera etapa de leer y subrayar.

3. Empieza la clase

Ahora que ya tenemos todo leído y resumido, empieza lo divertido: vamos a jugar a ser profesores. Hay que tomárselo como un juego de rol de verdad y así será más ameno y, por lo tanto, más eficaz, ya que recordaremos mejor una experiencia entretenida que una monótona.

Imaginemos que vamos a dar una clase y que tenemos que hacer que nuestros alumnos entiendan lo que acabamos de estudiar. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo se lo contamos? ¿En qué pondremos mayor énfasis? ¿Qué dudas pueden tener?

Todo este tipo de cosas debemos contemplarlas y tratar de explicar cada parte de la forma más clara posible. Pensemos en nuestras propias dudas o cuáles serían aquellas preguntas de nuestros alumnos que nos podrían poner en un brete si la clase fuese real.

4. Dividir y grabar

Al igual que hicimos con la lectura y los resúmenes, dividir las clases en fragmentos también nos resultará más ameno y será sencillo controlar qué partes llevamos mejor y cuáles tenemos que repasar. No se trata de dar una chapa de dos horas a nuestros pobres alumnos imaginarios, sino que será mejor si les vamos explicando punto por punto y nos aseguramos de que «lo entienden».

Además, grabar las sesiones nos va a venir genial para los repasos o para ponernos los audios cuando salgamos a correr o estemos limpiando la casa. Si hemos dividido las grabaciones también por puntos, será más fácil localizar aquellas que más necesitemos repasar o enfocar de otra manera para la siguiente «clase».

Ya veréis cómo esta técnica de estudio funciona y convierte el estudio en algo muy divertido.

 

 

 

 

Escrito por  root

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