Técnicas para vencer el estrés diario

Técnicas para vencer el estrés diario

Ser estudiante lleva aparejado un cierto nivel de estrés que, si no controlamos, puede perjudicarnos física y mentalmente.

controlar el estrés

Un nivel aceptable de estrés no es malo, sino todo lo contrario: nos mantiene alerta, nos ayuda con la concentración, pone a funcionar el cerebro, etc. El problema es cuando ese estrés se nos va de las manos y termina nublándonos el juicio o perjudicando nuestra salud.

Exámenes, presentaciones y otros infartos

El día a día del estudiante puede ser tan estresante o más que el día a día de cualquier trabajador, pero a eso hay que sumarle unos cuantos picos cuando llegan los exámenes, cuando hay que hablar en clase, cuando un profesor pregunta, si se fomenta la competitividad, etc. Por eso, es necesario manejar el estrés o nos comerá vivos. Lo más útil será aprender ciertas técnicas generales que nos permitan mantener nuestros niveles de nerviosismo bajo mínimos y controlar adecuadamente los picos de estrés, y para eso hay unas cuantas pautas que nos van a resultar muy útiles.

Deporte

Cómo no. Lo hemos dicho hasta la saciedad, practicar algún deporte es imprescindible para mantenerse sano, reducir el estrés y rendir más en los estudios, porque fomenta la concentración y activa el riego sanguíneo. Antes o después de clase, trata de practicar tu actividad física preferida y enseguida notarás los resultados. La natación, si te gusta, es una de las mejores actividades que puedes realizar.

Relajaciones, meditaciones y mantras

Hay distintas técnicas, más o menos místicas, que podemos aprender para ayudarnos con el estrés. Se trata de ponernos, mediante la técnica que sea, en un nivel de tranquilidad que nos permita pensar y tranquilizarnos. Bajar nuestras pulsaciones, respirar lenta y profundamente y, si no llegamos a alcanzar el Nirvana, sí al menos tranquilizarnos. Podemos aprender técnicas de relajación y meditación en un montón de sitios, pero antes de pagar a un hippie desconocido, seamos hippies nosotros y diseñemos nuestro propio programa:

Nadie conoce tu cuerpo ni tus sensaciones mejor que tú mismo, así que aprovéchalo y aprende a escuchar sus/tus necesidades (no solo las básicas, al menos). El truco más efectivo nos lo enseñaron, allá por 1890, Ivan Pávlov y su pobre perro confundido. Se trata de la ley del reflejo condicional, según la cual podemos asociar un estado anímico concreto a un estímulo que, en principio, nada tiene que ver con ese estado. Es decir, si nos da la gana, podemos asociar la relajación con la palabra sepia. O con los cacahuetes. O con nuestro profesor de cálculo… (no, eso sería pasarse). El truco está en ser constante y repetir un comportamiento hasta que nuestro cerebro lo asocie, por ejemplo: si cada vez que nos sentimos bien y relajados nos acostumbramos a juntar las yemas del índice y el pulgar, cuando estemos nerviosos y hagamos el mismo movimiento, nuestro cerebro asociará el gesto al otro estado anímico y se relajará. Es simple pero útil.

Si eres creyente de cualquier religión, los rezos cumplen el mismo cometido. No dudes en encomendarte a tu dios para hallar la paz antes de cualquier momento peliagudo, sea por el reflejo condicional, por liberar endorfinas o por tener línea directa con el altísimo, si funciona, bienvenido sea.

Técnicas de rescate

Cuando se estudian las técnicas para salvamento marítimo y terrestre, hay una máxima para cualquier rescatador: para, piensa y reacciona. Los niveles de estrés a los que puede enfrentarse un socorrista o un técnico de ambulancias son elevadísimos. Es fácil hacerse una idea de lo que decimos si visualizas lo que puede suponer llegar a un escenario donde hay múltiples víctimas o tener que lanzarse al agua para sacar a alguien que se ahoga, poniendo en juego tu propia vida. Pero a pesar del riesgo, del horror y de la angustia, estos profesionales están preparados para acallar sus instintos de supervivencia y lanzarse al rescate. Si un socorrista se dejara llevar por el estrés, saldría corriendo lo más lejos posible del agua y sin mirar atrás, pero no lo hace. Y esto es así porque es capaz de controlar sus niveles de estrés y aprovechar el estado de alerta que le proporciona, con lo cual, sería muy bueno que nos planteáramos aprender de sus técnicas. Si empiezas a hiperventilar, te quedas en blanco, te sudan las palmas de las manos, o todo junto, solo recuerda esto: para (deja de hacer lo que estás haciendo, cierra los ojos, respira profundamente), piensa (lo has preparado, sabes hacerlo, es más fácil de lo que parece, en unos minutos habrá acabado, suspender no es el fin del mundo) y reacciona (ahora que ya estoy más tranquilo, continúo).

Los médicos han hablado

Y lo que nos recomiendan es descansar bien y durante las suficientes horas (al parecer, las horas de sueño y el aumento de sobresalientes tienen una relación directamente proporcional, toma nota), no tomar bebidas estimulantes (ni complementos que puedan causar taquicardias y agitación) y estudiar cada día sin intentar memorizar, lo que es muy estresante, sino poniendo a prueba nuestros conocimientos autoexaminándonos.

Se trata de que cada uno encuentre la técnica que mejor le funcione, pero para encontrarla hay que buscarla y trabajar en su eficacia. La verdad es que merece la pena: ¿te imaginas presentarte a un examen tan tranquilo como te presentas en el bar? Pues está en tu mano, así que empieza a practicar.

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